jueves, 21 de febrero de 2013

Los pensadores religiosos: Bossuet y Fénelon


Descartes determina toda la filosofía del siglo XVII en el Continente. Su influencia aparece visible, no solo en sus discípulos y seguidores inmediatos, sino en los pensadores independientes, en los teólogos incluso, en Pascal, en Fénelon o en Bossuet. Y sobre todo en Malebranche, y fuera de Francia en las grandes figuras de Spinoza y Leibniz. La res extensa está determinado en el mundo físico de Descartes por la extensión. Junto a la res infinita que es Dios aparecen las dos sustancias finitas, la sustancia pensante -el hombre- y la sustancia extensa -el mundo-. Son dos esferas de la realidad que no tienen contacto ni semejanza alguna entre sí. Y esto plantea el problema de su comunicación, consecuencia del idealismo, que es el problema del siglo XVII. El mismo hecho del conocimiento o el ser del hombre plantea ya esta cuestión. ¿Cómo puedo yo conocer el mundo? ¿Cómo puede pasar lo extenso a mí, que soy inestenso e inespacial? Más aún: ¿cómo puedo actuar yo sobre mi propio cuerpo para moverlo, siendo dos realidades dispares y sin posible interacción? Tiene que ser Dios, fundamento ontológico de las dos sustancias infinitas, quien efectúe esta imposible comunicación de las sustancias. Este problema, planteado por Descartes, tiene tres soluciones posibles, que van a ser dadas por él mismo -y más claramente por Malebranche- por Spinoza y por Leibniz.

Una de las figuras capitales de la corriente teológica influida por el cartesianismo es Jacques Bénigne Bossuet (1627-1704), obispo de Meaux, gran personaje en su tiempo, que fue el alma de la Iglesia de Francia durante media centuria. Fue un gran orador sagrado, historiador, teólogo y filósofo. Se esforzó en relación con Leibniz, en las negociaciones irénicas, que tendían a reunir las Iglesias cristianas, y escribió la Historia de las variaciones de las Iglesias protestantes. Sus obras filosóficas de más importancia son el tratado De la connaissance de Dieu et de soi-même y el Discours sur l'histoire universelle, verdadera filosofía de la historia, que se enlaza con la Ciudad de Dios, de San Agustín, y prepara en cierto modo la obra de Vico Herder y sobre todo de Hegel. 
Si hay otra figura importante dentro de la Iglesia de Francia es Fénelon, arzobispo de Cambrai (1651-1715). A propósito del quietismo, la herejía introducida por el español Miguel de Molinos autor de la Guía espiritual,  difundida en Francia por madame Guyon, Fénelon tuvo una polémica con Bossuet, y algunas proposiciones de su Histoire des maximes des saints fueron condenadas. Fénelon, como fiel cristiano, se retractó de su error. Su obra filosófica más interesante es el Traité de l'existence de Dieu. Fénelon representa, en cierto sentido, una continuación del pensamiento de Bossuet, pero va aún más lejos. No solo incorpora una serie de descubrimientos cartesianos, como el dualismo y la comprensión del hombre como ente pensante, sino que hace suyo el método de Descartes: la duda universal. Desde la evidencia indubitable del yo intenta reconstruir la realidad y llegar a Dios. La segunda parte de su tratado es netamente cartesiana. Pero mientras Descartes es pura y simplemente un filósofo, Fénelon es teólogo más que otra cosa, y por eso la orientación de su pensamiento es en última instancia bien distinta. 


lunes, 18 de febrero de 2013

Los pensadores religiosos (II)



Hoy recuerdo a Pascal (1623-1662) genial matemático, de extraña precocidad, místico y polemista de espíritu profundo y apasionadamente religioso. Pascal escribió, aparte de tratados fisicomatemáticos, las Lettres à un Provincial o Provinciales, mediante las cuales intervino en la polémica antijesuítica, y, sobre todo, sus Pensées sur la religion, obra fragmentaria, en rigor solo apuntes dispersos para uno libro no escrito, de extraordinario interés religioso y filosófico.
Aparentemente, Pascal se opone al cartesianismo, a su confianza en la razón, y es casi escéptico. En realidad, Pascal es en buena medida cartesiano, incluso cuando se opone a Descartes. Por otra parte, Pascal está determinado rigurosamente por supuestos cristianos, ydesde ellos se mueve su pensamiento. Si, de un lado Pascal aprehende al hombre, como Descartes, por su dimensión pensante, de otro siente con extrema agudeza su fragilidad, menesterosidad y miseria: el hombre es una caña pensante (un roseau pensant) Y de esta miseria del hombre sin Dios se eleva a la grandeza dle hombre con Dios, que es grande porque se sabe menesteroso y puede conocer a la Divinidad. La antropología pascaliana es del másl alto interés.
Respecto al problema de su actitud ante la razón, hay que subrayar que Pascal distingue entre lo que se llama raison -que suele entender como raciocinio o silogismo. y lo que llama coeur, corazón. "El corazón -dice- tiene sus razones que la razón no conoce". Y añade: "Conocemos la verdad no solo por la razón, sino también por el corazón; de este último modo conocemos los primeros principios, y en vano el razonamiento, que no participa de ellos, intenta combartirlos...El conocimiento de los primeros principios, es tan firme como ninguno de los que nos dan nuestros razonamientos. Y en estos conocimientos del corazón y del instinto es donde la razón tiene que apoyarse y fundar todo su discurso. No se trata, pues, de nada sentimental, sino que el coeur es para Pascal una facultad para el conocimiento de las verdades principales, fundamento del raciocinio.
Pascal busca a Dios, pero es, ante todo, un hombre religioso, y quiere buscarlo en Cristo, no solo con la simple razón. Y escribe estas palabras de resonancia agustiniana: "Se hace un ídolo de la verdad misma". Pues la verdad fuera de la caridad no es Dios; es su imagen, un ídolo que no se ha de amar ni adorar". Y resume su actitud filosófica entera en una frase que esclarece su verdadera significación. "Dos excesis: excluir la razón, no admitir más que la razón".

martes, 12 de febrero de 2013

Los pensadores religiosos (part. I)




En el siglo XVII y en los primeros años del XVIII hay en Francia una serie de pensadores católicos, preferentemente teólogos y aun místicos, influidos de modo profundo por la filosofía cartesiana. Se origina así una corriente intelectual muy fecunda, que caracteriza la vida espiritual francesa durante una centuria y condicionará la suerte ulterior de la filosofía en Francia. En otros países, el pensamiento teológico se mantiene apegado a las formas mentales y aun expositivas de la Escolástica, y la filosofía moderna sigue un curso independiente o no penetra siquiera en ellos. Los pensadores religiosos franceses están insertos en al tradición medieval, articulada en dos puntos capitales: San Agustín y Santo Tomás de Aquino; pero reciben el influjo del cartesianismo, sobre todo en lo que se refiere al método, y de esta síntesis surge una nueva forma de pensamiento, que se podría llamar tal vez "teología cartesiana" o acaso moderna. Sobre los supuestos agustianianos se mantiene la arquitectura general del tomismo y, al mismo tiempo, se utilizan los hallazgos filosóficos de Descartes u se renueva el método de investigación y de exposición literaria. De este modo se salva la tradición helénica y medieval, entroncándola con el pensamiento moderno, y así consigue el pensamiento católico de Francia una vitalidad que perdió pronto en otros lugares. Por otra parte, estos teólogos rozan constantemente los problemas de la filosofía, y con frecuencia le aportan la precisión y el rigor que la teología ha dado siempre al pensamiento metafísico. En concreto Cornelio Jansen obispo de Ypres, Blaise Pascal (1623-1662) genial matemático, de extraña precocidad, místico y polemista y Jaques-Bénigne Bousset (1627-1704) obispo de Meaux, o Fénelon (1651-1715) arzobispo de Cambrai, constituyen el frente pensador. 
Hoy me refiero a Jansen, en relación estrecha con el abate de Saint-Cyran, pues había intentado fundar en el agustinismo y en los Padres de la Iglesia una interpretación teológica de la naturaleza humana y de la gracia. En 1940, poco después de la muerte de su autor, apareció el Augustinus de Jansenio, que fue condenado tres años después. El espíritu jansenista se había infiltrado, sobre todo, en la abadía de Port Royal, dirigida por la Madre Angélica Arbauld. Con motivo de la condenación del Augustinus y de la condensación en cinco proposiciones, que fueron también condenadas, de la doctrina jansenista, se entabló en Francia una larga y viva polémica cuyos detalles no son de este lugar. Los jansenistas se oponía, por otra patre, a la moral casuística de los jesuitas, a la que acusaban de laxitud. 
De laxitud he escuchado en las noticias que nuestro Benedicto quiere abandonar su plinto ante la mirada de extrañamiento de las huestes católicas. A diferencia del anterior, sus obras no serán condenadas, más al contrario servirán para muchos amaneceres de teología fundamentada. Pero habrá quien condene ciertas decisiones que son del Espíritu y de la nobleza en pos de censurar lo que imposible es de censurar. Se va el teólogo para escribir y descansar de estos años de vida pública en la que ha perdido su motivación de dejar un legado más grande aún si cabe. Y es que en efecto su conocimiento de los primeros principios ha sido tan firme que ningún razonamiento se admite ante la desapareción del gran teólogo. Esperamos que su retiro pueda seguir dando frutos de raciocinio en la búsqueda de Dios, un hombre religioso que prefiere la soledad en sus últimos días hacia el encuentro de la gloria. 

martes, 5 de febrero de 2013

Cuestiones infantiles no superadas

Recuerdo cuando de pequeños en el colegio (peor aún en el Instituto) nos obligaban a superar horrorosas pruebas de gimnasia. En una primera instancia parecía ser eso algo "bueno para la salud" por aquello de mens sana in corpore sano tan característico de aquellos años del posfranquismo. Y sí, una mente sana se alberga o cobija en un cuerpo que esté sano, y digo, sano sí, pero no, flagelado. Daba igual si te daban muy buenas notas o peor aún si encima eras medio zoquete, las pruebas de gimnasia había que superarlas. Hoy en día, también sucede lo mismo, los estudiantes del Instituto tienen que superar unos test obligatorios donde te tienen corriendo 30 minutos sin parar y ¡pobre de ti si no lo haces! Tío o tía, ponte las pilas esgrime el fascista profesor con cigarro en mano. Tú le miras con desprecio o con odio según el día y qué sucede, pues...Cate asegurado. 
Recuerdo estas cosas porque yo de pequeña como era bailarina bastantes horas al día, pues corría fatal, no digamos cuando nos llevaban al gimnasio y había que saltar plinto, caballo, potro...y demás torturas. Lo recuerdo como si fuera ayer. Habías superado las pruebas de elasticidad (brillantemente claro) y te habían dado buena nota, pero ahora se caía el mundo encima cuando te enfrentabas a aquellos aparatos horribles donde al entrenador le daba exactamente igual si te caías, o perdías el conocimiento o habás estado a punto de quedarte trtrapléjica. Así era la cosa, un mundo de machotes que no tenían de elasticidad nada de nada, pero que corrían mucho y saltaban horrorosos aparatos. ¿Dónde iba una chica refinada, amanerada por la danza a "hacer el salto de la paloma"? 
Una vez mi madre me llevó al médico pensando que estaba enferma: simplemente me había visto correr. Mis maneras eran si se me permite, raras. Las piernas se me iban a los lados como si fueran dos cuerdas. ¡Un horror! Siempre me he preguntado para qué servía todo aquello. Y sigo preguntándomelo hoy en día donde estamos en un mundo muy deportista y si no lo eres estás marcado como un torete, posternado al aislamiento de los inútiles totales...en definitiva sin futuro. Tienes muy buenas notas pero en Educación Física te catean. ¡Qué bonito! Encima el inútil del profesor se pensaba que llevaba las zapatillas deportivas (para mi eran playeras) prestadas, pues según él y su gran ojo clínico tenía unos pies muy grandes. Es decir, que además de amargarme la vida cateándome y haciéndome sufrir como nadie en aquellas inútiles pruebas, jugaba a amargarme la existencia y mi futuro como bailarina. Luego llegabas a tu casa y no pasaba absolutamente nada, nadie te hacía caso, no existías, todo aquello que decían y esgrimían los profesores era sistemáticamente interpretado como ex cátedra. Osea, que te quedabas sin consuelo, solo y abandonado con tu cate que había amargado todo el expediente. Ante esa frustración tan grande pues habías sido el hazmerreír de todo el personal, todavía te quedabas más solo y sobre todo más impotente ante la situación ¿y ahora qué hago para que me aprueben? Me lío a saltar por las mesas de mi casa, por las butacas y demás moviliarios o me lanzo a la calle a correr como una loca delante de un perro, salto poyetes y demás obstáculos a ver si me entreno? 
Todo aquello era absurdo, completamente absurdo. Nunca se me han dado circunstancias en mi vida en la que haya tenido que saltar plintos y hacer el salto de la paloma. ¡Menuda  chorrada! Inútil totalmente, un sufrimiento impropio para alguien que tiene cosas mejor que hacer. Así es la formación en nuestras aulas, insólita e inútilmente destinada a la mayoría. Vamos a lo nimio para intentar hacernos creer que estamos en lo superior. Mentiruscas podridas. Deberían de respetar los anhelos y los talentos que tiene cada persona, y si alguien no le gusta hacer deporte, mucho menos ese deporte, pues que lo respeten. Yo no obligo a que las gentes bailen bien, lean, se culturicen...Aquellos traumas los asumimos ya de adultos con cierta insastifacción por haber sido diferentes de la mayoría. Gracias a eso nos hacemos escritores. 

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...