Personas que visitan este blog

Los pensadores religiosos (part. I)




En el siglo XVII y en los primeros años del XVIII hay en Francia una serie de pensadores católicos, preferentemente teólogos y aun místicos, influidos de modo profundo por la filosofía cartesiana. Se origina así una corriente intelectual muy fecunda, que caracteriza la vida espiritual francesa durante una centuria y condicionará la suerte ulterior de la filosofía en Francia. En otros países, el pensamiento teológico se mantiene apegado a las formas mentales y aun expositivas de la Escolástica, y la filosofía moderna sigue un curso independiente o no penetra siquiera en ellos. Los pensadores religiosos franceses están insertos en al tradición medieval, articulada en dos puntos capitales: San Agustín y Santo Tomás de Aquino; pero reciben el influjo del cartesianismo, sobre todo en lo que se refiere al método, y de esta síntesis surge una nueva forma de pensamiento, que se podría llamar tal vez "teología cartesiana" o acaso moderna. Sobre los supuestos agustianianos se mantiene la arquitectura general del tomismo y, al mismo tiempo, se utilizan los hallazgos filosóficos de Descartes u se renueva el método de investigación y de exposición literaria. De este modo se salva la tradición helénica y medieval, entroncándola con el pensamiento moderno, y así consigue el pensamiento católico de Francia una vitalidad que perdió pronto en otros lugares. Por otra parte, estos teólogos rozan constantemente los problemas de la filosofía, y con frecuencia le aportan la precisión y el rigor que la teología ha dado siempre al pensamiento metafísico. En concreto Cornelio Jansen obispo de Ypres, Blaise Pascal (1623-1662) genial matemático, de extraña precocidad, místico y polemista y Jaques-Bénigne Bousset (1627-1704) obispo de Meaux, o Fénelon (1651-1715) arzobispo de Cambrai, constituyen el frente pensador. 
Hoy me refiero a Jansen, en relación estrecha con el abate de Saint-Cyran, pues había intentado fundar en el agustinismo y en los Padres de la Iglesia una interpretación teológica de la naturaleza humana y de la gracia. En 1940, poco después de la muerte de su autor, apareció el Augustinus de Jansenio, que fue condenado tres años después. El espíritu jansenista se había infiltrado, sobre todo, en la abadía de Port Royal, dirigida por la Madre Angélica Arbauld. Con motivo de la condenación del Augustinus y de la condensación en cinco proposiciones, que fueron también condenadas, de la doctrina jansenista, se entabló en Francia una larga y viva polémica cuyos detalles no son de este lugar. Los jansenistas se oponía, por otra patre, a la moral casuística de los jesuitas, a la que acusaban de laxitud. 
De laxitud he escuchado en las noticias que nuestro Benedicto quiere abandonar su plinto ante la mirada de extrañamiento de las huestes católicas. A diferencia del anterior, sus obras no serán condenadas, más al contrario servirán para muchos amaneceres de teología fundamentada. Pero habrá quien condene ciertas decisiones que son del Espíritu y de la nobleza en pos de censurar lo que imposible es de censurar. Se va el teólogo para escribir y descansar de estos años de vida pública en la que ha perdido su motivación de dejar un legado más grande aún si cabe. Y es que en efecto su conocimiento de los primeros principios ha sido tan firme que ningún razonamiento se admite ante la desapareción del gran teólogo. Esperamos que su retiro pueda seguir dando frutos de raciocinio en la búsqueda de Dios, un hombre religioso que prefiere la soledad en sus últimos días hacia el encuentro de la gloria. 
Publicar un comentario

Entradas populares