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En torno a Malebranche



Descartes había influido y determinado la filosofía y los pensadores del siglo XVII en el continente, especialmente en Malebranche y fuera de Francia especialmente en las figuras de Spinoza y Leibniz. Malebranche nació en París en 1638 y murió en 1715. De familia distinguida tuvo siempre muy mala salud, la que le proporcionó muchos sufrimientos y exigió muchos cuidados, determinando aasí claramente su vida. Estudió filosofía en el Collège de la Marche y se sintió defraudado, como Descartes en la Flèche; en la Sorbona estudió posteriormente teología pero tampoco le satisficieron los métodos intelectuales de la época.  En 1660 ingresó en la Orden del Oratorio, que ha dado a Francia tan altas mentalidades, desde el propio Malebranche hasta el Padre Grtry en el siglo XIX. Decía Fontenelle que Malebranche había sido llevado al estado sacerdotal por la naturaleza y por la gracia. Los oratorianos tenían gran inquietud intelectual, y cultivaban a Platón y a San Agustín, al mismo tiempo que se interesaban por Descartes. El año 1664, Malebranche compró en una librería el Traité de l'homme,  de Descartes, causando en él una impresión tremenda, y descubrió en él el método que secretamente había buscado y anhelado siempre. Desde entonces, su inclinación a la filosofía quedó decidida, y estudió seriamente a Descartes. Completó esta formación con San Agustín, especialmente, y también con un pensador de los Países Bajos. Arnold Geulincx, y los orientadores de la ciencia natural: Bacon, Hobbes, Gassendi, etc. Diez años después comenzó la producción literaria de Malebrance. Al mismo tiempo comenzaron las relaciones -cordiales o polémicas- con la mayoría de las grandes figuras contemporáneas: Arnauld, Fénelon, Bosuet, Leibniz, Locke, Berkeley. Malebranche sentía hondo apego al retiro y a la meditación solitaria; su vida fue recogida y silenciosa cuanto pudo, en el seno de la comunidad oratoriana. Murió a los setenta y siete años, lleno de calma y de honda religiosidad. 
La principal obra de Malebranche es la Recherche de la verité. Después publicó las Conversations chrétiennes, y luego las tituladas Méditations chrétiennes. Más tarde escribió el Traité de la nature et de la grâce, que suscitó una violenta polémica y fue incluido en el Indice por la Inquisición romana. También escribió un diálogo muy importante, titulado Entretiens sur la métaphisique et sur la religion, y un Traité morale. Para Malebranche el conocimiento del mundo es, por tanto, absolutamente imposible; pero hay algo que permite ese conocimiento: Dios tiene en sí las ideas de todos los entes creados; esto por una parte; además, "Dios está unido estrechísimamente a nuestras almas por su presencia, de suerte que se puede decir que es el lugar de los espíritus, así como los espacios son en un sentido el lugar de los cuerpos. Supuestas estas dos cosas, es cierto que el espíritu puede ver lo que hay en Dios que representa los seres creados, puesto que esto es muy espiritual, muy inteligible y muy presente al espíritu. Dice Malebranche: "Si no viésemos a Dios de alguna manera, no veríamos ninguna cosa".La dificultad está en ese "de alguna manera". A Dios se lo conoce indirectamente, reflejado, como en un espejo, en las cosas creadas, según el texto de San Pablo (Romanos 1: 20); Invisibilia Dei...per ea quae facta sunt intellecta conspiciuntur. Malebranche se esfuerza por mantener un sentido recto y admisible de la visión de Dios, pero no logra evitar el error. Con frecuencia invierte los términos de la fórmula paulina y afirma el conocimiento directo de Dios y el de todas las cosas en él. Este error ha tenido repercusiones, sobre todo entre los "ontologistas" italianos del siglo XIX, Rosmini y Gioberti. Es Dios quien hace que yo conozca las cosas inaccesibles. Su espiritualidad lleva en sí las ideas de las cosas corporales, creadas por ele. Esto es lo que tienen de común las cosas todas: ser creadas. El ser está presente en las cosas y las unifica en un sentido, a pesar de su radical diversidad. Esta vinculación ontológica total es lo que permite que se hable con sentido de la razón. En una subjetividad sin referencia a la realidad, no se podría decir que la hubiera. Las cosas son extensas y corporales, ajenas a mi espíritu; pero las ideas de Dios, los modelos según los cuales las cosas están creadas -unión del agustinismo y el cartesianismo- son espirituales, son adecuadas al ser pensante, y el lugar de los espíritus es Dios. El hombre participa de Dios, y en él de las cosas, y así se salva el abismo metafísico. No hay interacción directa entre las sustancias; la congruencia entre ellas es operada por Dios; esta es la teoría de las causas ocasionales: yo no percibo las cosas, sino que, con ocasión de un movimiento de la res extensa, Dios provoca en mi una cierta idea; con ocasión de una volición mía, Dios mueve el cuerpo extenso que es mi brazo. Esta relación del espíritu humano con Dios, y con las cosas solo en El, es lo decisivo. Malebranche se da cuenta de esto con plenitud: "No hay nadie que no convenga en que todos los hombres son capaces de conocer la verdad; e incluso los filósofos menos esclarecidos están de acuerdo en que el hombre participa de una cierta razón que no determinan. Por esto lo definen animal rationis particeps; pues no hay nadie que no sepa, al menos confusamente, que la diferencia esencial del hombre consiste en la unión necesaria que tiene con la razón universal. La filosofía de Malebrance necesita igualmente una prueba de la existencia de Dios, y en ella encuentra su fundamento. Malebranche lleva al cartesianismo a sus consecuencias últimas en la dirección marcada por su fundador. Otros filósofos eguirán vías distintas, desde el mismo punto de partida.
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