lunes, 19 de agosto de 2013

Cosas chinas: libertades en la cárcel. No al olvido



(Del texto de la “Carta 08”: Manifiesto de la disidencia china)
A pesar de los viajes y de la maravillosa presencia de la historia en China, no se puede olvidar los pasos falsos y mal dados de sus dirigientes con respecto a la intelectualidad que lucha por la libertad de pensamiento, de conciencia y de política. Esto no existe en Chian. Iu Xiaobo Changchun, Jilin, 28 de diciembre de 1955, es un intelectual y activista en pro de los derechos humanos y de las reformas en la República Popular China de quien es imprescindible hablar en esta bitácora sobre China. Este escritor es presidente del Centro Independiente Chino PEN desde 2003. El 8 de diciembre de 2008, fue detenido en respuesta a su participación en la firma de la Carta 08, siendo formalmente arrestado el 23 de junio de 2009 bajo sospecha de "incitar la subversión contra el poder del Estado". Ha sido procesado con los mismos cargos el 23 de diciembre de 2009, y condenado a 11 años de cárcel el 25 de diciembre de ese mismo año.


Fue propuesto por el PEN Club Internacional, la asociación internacional de escritores, al premio Nobel de la Paz. Fue galardonado con este premio el 8 de octubre de 2010, y fue una noticia extraordinaria por el reconocimiento exterior de un pensamiento que tan solo quiere hablar de libertades y de derechos para el individuo. Cuando surgió lo del Premio Nobel naturalmente el gobierno chino rompió relaciones diplomáticas con Noruega porque el gobierno chino consideraba a Iu Xiaobo como un criminal, alguien que estaba condenado por violar las leyes de China.
Han pasado cien años desde la redacción de la primera constitución china. En 2008 se celebra igualmente el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el 30º aniversario de la aparición del “Muro de la democracia” en Pekín y el 10º aniversario de la firma del Pacto Internacional de derechos cívicos y políticos [ de las Naciones Unidas] por parte de China.
Nos acercamos igualmente al 20º aniversario de la masacre de los estudiantes que se manifestaban a favor a la democracia en la plaza de Tiananmen.
El pueblo chino, que soporta una situación desastrosa en materia de Derechos Humanos y protagonizó innumerables luchas a lo largo de estos años, constata con claridad que la libertad, la igualdad, y los derechos del hombre, son valores universales de la humanidad, y que la democracia y un gobierno constitucional son un marco fundamental para preservar estos valores.
Alejándose de tales valores, el enfoque del gobierno chino en cuanto a la “modernización” resulta desastrosa, privando al pueblo de sus derechos, destruyendo su dignidad y corrompiendo el transcurso normal de las relaciones humanas. En consecuencia, nos planteamos la siguiente pregunta: ¿hacia donde va China en el siglo XXI?; ¿Continuará con su “modernización” autoritaria, o se adaptará a los valores universales, se vinculará al derrotero común de las naciones civilizadas y edificará un sistema democrático? Resulta imposible eludir estas cuestiones.
El choque del encuentro con Occidente en la China del siglo XIX dejó al desnudo el sistema autoritario decadente y marcó el principio del periodo que denominamos generalmente como de “los mayores cambios que conoció China en muchos milenios”. A esta mutación le siguió el movimiento de “autoreforzamiento” que tenía, sobretodo, por objetivo, acceder a las tecnologías que permitieran fabricar buques de guerra y otros objetos occidentales. La humillante derrota marítima de China frente a Japón en 1895 no hizo otra cosa que confirmar la obsolescencia del sistema chino. Las primeras tentativas de introducir reformas políticas tuvieron lugar tras las desgraciadas reformas del verano de 1898, pero fueron aplastadas sin miramientos por los ultraconservadores en el seno de la Corte Imperial.
Con la revolución de 1911, que permitió crear la primera República de Asia, el sistema autoritario imperial, de muchos siglos de antiguedad, se suponía que caería en el olvido para toda la eternidad. Pero el conflicto social en el interior de nuestro país, así como las presiones exteriores, impidieron que esto fuera así: China se divide en feudos de señores de la guerra y el sueño de la República se desvanece.
El doble fracaso de este “movimiento de auto-reforzamiento” y de la renovación política llevaron a nuestros ancestros a preguntarse acerca de la posibilidad de que una eventual “enfermedad cultural” habría azotado nuestro país. Este cuestionamiento dio lugar, tras el Movimiento del 4 de Mayo a finales de los años 1910, a la corriente que exaltaba “la ciencia y la democracia”. No obstante, esta tentativa fracasará también bajo la represión de los señores de la guerra y la invasión japonesa (a partir de 1931 en Manchuria) provocando una crisis nacional. La victoria sobre Japón, en 1945, dará una nueva oportunidad a China de evolucionar hacia un gobierno moderno, pero la victoria comunista sobre los nacionalistas, durante la guerra civil hundirá a China en el totalitarismo. La “nueva China” nacida en 1949 proclamará que “el pueblo es soberano”, pero instaurará un sistema en el que es el Partido quien disfruta de toda potestad.
El Partido Comunista chino tomó el control de todos los órganos del Estado, todos los recursos económicos, políticos y sociales del país, y provocó una larga sucesión de desastres en el plano de los derechos del hombre, incluyendo la “Campaña Anti- derechistas” (1957), el “Gran Salto Adelante” (1958-1960), la “Revolución Cultural” (1966-1969), la “Masacre del 4 de Junio (sucesos en la Plaza de Tiananmen)” (1989), así como la represión actual de todas las religiones no autorizadas, la supresión del movimiento “Weiquan” (movimiento de defensa de los derechos cívicos, tal y como se enuncian en la constitución china y en el Protocolo de la ONU firmada por el gobierno chino).
Durante todo este periodo, el pueblo chino pagó un precio colosal. Decenas de millones de personas perdieron sus vidas, y muchas generaciones vieron su libertad, su felicidad, su dignidad humana cruelmente aplastadas bajo sus pies. A lo largo de los dos últimos decenios del siglo XX, la política de “reforma y apertura” del gobierno alivió al pueblo de los efectos de la pobreza y del totalitarismo de la época de Mao Zedong, y tuvo por efecto mejorar el nivel de riqueza y las condiciones de vida de muchos chinos, así como el restablecimento parcial de la libertad económica y de los derechos económicos.
La sociedad civil empezó a desarrollarse y los llamamientos en favor de más derechos y libertades políticas se multiplicaron igualmente. Aunque la élite en el poder operó un deslizamiento hacia la propiedad personal y la economía de mercado, progresivamente fue mutando, pasando a un rechazo absoluto de todo “derecho” al reconocimiento parcial de los mismos.
En 1988, el gobierno chino firmó dos importantes pactos internacionales sobre los derechos del hombre. En 2004 enmendó la Constitución para incluir en ella la frase “respetar y proteger los derechos del hombre”. Y este año, en 2008, se comprometió a promover un “plan nacional de acción en favor de los derechos del hombre”.
Desgraciadamente, la mayor parte de estos progresos políticos no fueron más allá del papel en el que estaban escritos. La realidad, a simple vista, es que China tiene numerosas leyes pero no un Estado de Derecho, tiene una Constitución pero no un gobierno constitucional. La élite al mando continua aferrada a su poder autoritario y rechaza toda evolución hacia cambios políticos.
El resultado es una corrupción oficial endémica, un debilitamiento de todo el Estado de derecho, de los derechos del hombre, siempre frágiles, el hundimiento de toda ética pública, un capitalismo de favoritismo, de crecientes desigualdades entre ricos y pobres, el saqueo de los recursos naturales, así como del patrimonio histórico y humano, y la exacerbación de una larga lista de conflictos sociales, incluyendo, en el último periodo, una animosidad creciente entre la gente común y las autoridades.
Aunque estos conflictos y crisis ganan en intensidad, aunque la élite en el poder continúe aplastando y pisoteando con toda impunidad el derecho de los ciudadanos a la libertad, a la propiedad personal, a la búsqueda de la felicidad, asistimos a una radicalización de quien no tiene poder en el seno de la sociedad: los grupos vulnerables, los grupos que fueron reprimidos, que sufrieron cruelmente, incluyendo la tortura y que no tienen ningún espacio para protestar, ningún tribunal para que sus quejas sean escuchadas.
Estos grupos son cada vez más militantes y dejan entrever la posibilidad de un conflicto violento que puede llegar a tomar proporciones desastrosas. El declive del sistema actual alcanzó un nivel en el que el cambio ya no puede ser más que una simple opción.
(seguiré)



miércoles, 14 de agosto de 2013

Cosas chinas. capítulo VIII: algo de Historia que permanece hoy


Desde tiempos muy antiguos, los chinos han considerado a su país como centro del mundo geográfico y cultural; como una tierra rodeada de bárbaros inferiores. el nombre con que lo chinos conocen su patria refuerza dicha idea. La denominan Chung-kuo   忠國el primer carácter  忠 chung, un rectángulo dividido en dos partes iguales por una línea vertical significa significa "centro" o "medio"; el segundo, kuo, representa pictóricamente un muro rodeando un campo, e indica "reino" o "país". Desde que empiezan a aprender a hablar, a los chinos se les inculca la idea de que su patria es el "Reino Central" o "el País Central", es decir, el punto neurálgico del universo. El origen de dicho concepto está profundamente arraigado en la historia china. Más de 2500 años atrás, las prósperas comunidades agrícolas del Reino Central fueron objetivos tentadores para los invasores nómadas procedentes de tierras menos prósperas. Muchas de estas incursiones tribales, especialmente las del Sur y Este, fueron conquistadas o absorvidas por el Reino Central de manera relativamente fácil. Más turbulentas y menos asimilables eran las tribus del Norte y Oeste, especialmente los feroces Xiongnu, antepasados de los hunos, que en los siglos IV y V penetrarían profundamente en Europa. Como habitaban un territorio de escasas lluvias y terribles inviernos, los xiongnu efectuaban frecuentes y salvajes incursiones en los almacenes y graneros chinos. Mucho antes de que el rey de Ch'in se proclamara en 221 a. de Cristo, Primer Emperador, de China, algunos gobernantes habían levantado muros de tierra con el fin de contener o desviar los ataques de los xiongnu y otros bárbaros. El emperador reparaba, guarnecía y conectaba dicho smuros. Más allá de los baluartes de esta Gran Muralla, como se la conoce hasta el presente, se libraban los combates contra los bárbaros. Según palabras del gran historiador chino Ssu-Ma Ch'ien, el emperador consiguió contener a los xiongnu manteniendo en campaña no menos de veinte o treinta mil soldados; hasta que los muertos alcanzaban números incalculables, los cadáveres cubrían grandes extensiones, y los arroyos de sangre empapaban las llanuras. Los chinos se protegen de "invasores" y su cultura a penas está adulterada, ellos sí que expresan un espejismo de lo que en realidad son, es decir que "parece" que se mezclan o se inmiscuyen en otras culturas con sus copy pero en realidad allí donde van arrastran todas sus dinastías con sus tradiciones.
Los xiongnu eran enemigos formidables y de gran categoría. Se desplazaban sobre rápidos corceles, y en sus pechos laten corazones de bestias, informó un general en el año 135 antes de cristo a un emperador de la dinastía Han. Se trasladan de un lugar a otro como bandadas de aves. Es pues, muy difícil acorralarlos y someterlos a vigilancia. Nunca han sido considerados parte de la humanidad, continuó el general, quien advirtió que no debía continuarse la lucha contra ellos en campo abierto. De nada serviría atacar a los xiongnu, más vale tener paz con ellos.
Los chinos emplearon diversos métodos para lograr la paz. A los bárbaros demasiado poderosos para ser aplastados, como los xiongnu, les ofrecían tratados que suavizaban con donativos de mujeres y tierras. Con frecuencia intentaban provocar disensiones entre los propios bárbaros, a veces con éxito considerable.
Protegidos por su Gran Muralla, los chinos desarrollaron una civilización que no puedo igualar ninguno de los pueblos fronterizos. Aislados a lo largo de gran parte de su historia, por la distancia, la topografía y el mar, de pueblos cuyas sociedades eran comparables a la suya, se fueron sintiendo más superiores conforme transcurrían los siglos. Con el tiempo, dicho sentimiento se convertiría en una ciega autoadmiración que les impidió reconocer siglos más tarde que el Reino Central se había quedado muy atrás con respecto a algunos pueblos bárbaros. Sin embargo, antes de que esto ocurriese, la influencia de la cultura china y el prestigio de su riqueza se habían extendido considerablemente, atrayendo a gran número de viajeros desde el resto de Asia. Incluso algún visitante acudía allí procedente de Europa. Gracias a ellos, China recibió muchas cosas del mundo exterior y también transmitió a éste muchos elementos. Sin embargo, no quiso reconocer la contribución de los extranjeros; en su opinión, aquellas visitas servían sólo para reforzar la creencia de que el mundo exterior tenía muy poco que ofrecer.  Hoy, permanece esa desconfianza hacia lo externo porque la tradición china con sus elementos incrustados en las propias vidas cotidianas, les hacen cada vez y comparados con el sistema occidental, más nacionalistas y convencidos de su Historia.

                                                         

Las primeras noticias acerca de otras civilizaciones llegaron a los chinos como resultado de su continuo batallar contra los bárbaros xiongnu. Hacia 140 antes de Cristo el poderoso emperador de la dinastía Han supo por algunos cautivos xiongnu que éstos habían derrocado a una tribu situada hacia el Oeste, la de Yue-Chih, utilizando después el cráneo de su rey como copa de libaciones. Los restantes Yue-Chih habían huido hacia el Oeste en busca de aliados. El emperador Han mostróse deseoso de ayudar a los Yue-Chih a vengarse de los odiados xiongnu (establecidos en lo que hoy es Mongolia). Los hunos, han sido históricamente relacionados con los xiongnu, especialmente a partir de los escritos del francés Guignes, a finales del XVIII. Los historiadores no se ponen de acuerdo y las pruebas de ADN no terminan de verificar que los hunos sean en efecto los xiongnu.
Diversas misiones diplomáticas, con frecuencia de grupos mercaderes disfrazados, correspondieron con el intercambio de los Han, amables con lo externo. Las legiones Han, defensoras a ultranza del honor del Emperador Celeste del Reino Central, ocuparon zonas de lo que hoy es Afganistán y el Uzbequistán soviético. Es parece ser a partir del año 36 antes de Cristo que hubo contacto entre chinos y soldados romanos, cuando la infantería Han , que se hallaba en el río Talas, capital de Uzbekistán, hizo prisioneros a algunos mercenarios que en la batalla formaban un testudo con sus escudos. Eran legionarios romanos y de aquellos intercambios entre China y el Mediterráneo, apareció el interés por la seda, fabricada por los chinos hacía más de mil años antes de Cristo, género exótico en aquel entonces y que valía su peso en oro. Hoy en día, los extranjeros siguen buscando la seda china como una de las riquezas más valoradas. El poeta Horacio que en el año 42 antes de Cristo, combatió en Filipos, Macedonia, escribió haber visto allí sedas maravillosas.

lunes, 12 de agosto de 2013

Cosas chinas, capítulo VII: El campo



En 1927 Mao Tse Tung, había declarado que una revolución no era lo mismo que invitar a la gente a comer, o escribir un ensayo, o pintar un cuadro, o hacer delicados trabajos de encaje. Insistió en que si la revolución debía triunfar era necesario establecer un breve reinado de terror en todas las zonas rurales, de lo contrario, jamás podremos suprimir las actividades de los contrarrevolucionarios en el campo o derrocar la autoridad de los señoríos.Decía el dirigiente comunista.
Durante la campaña revolucionaria de reforma agraria que entre 1950 y 1952 trastornó grandes sectores del agro chino, prevaleciendo la opinión de Mao acerca de emplear el terror. En miles de pueblos se celebraron juicios contra "criminales" en los que los propios campesinos actuaron a la vez de jueces y jurados. Dicha justicia se ejecutó con la imparcialidad que cabía esperar de una multitud dispuesta al linchamiento. En algunos casos, los campesinos llevados al frenesí por agitadores comunistas, mataron a palos en el acto a los acusados. Los pelotones de fusilamiento actuaron ante grandes concentraciones de espectadores eliminando a millares de miembros de la "clase terrateniente" del sistema agrícola de China, muchos murieron en campos de reforma por el trabajo. Las asociaciones campesinas pro comunistas se apropiaron la antigua tutela ejercida por los nobles en el campo produciendose el linchamiento de la privacidad terrateniente.
La reforma agraria (al igual que sucedería en la Historia del Comunismo ruso) figuraba entre las prioridades y quehaceres del gobierno Mao. Esto es algo que todavía el viajero puede encontrar entre las personas más mayores del campesinado chino. Los comunistas, que forzaron la redistribución de la tierra, tenían tres objetivos principales: el primero que era cumplir la antigua promesa hecha a varios cientos de millones de campesinos que no tenían tierra o no la poseían en cantidad suficiente. Segundo, esperaban que al trabajar para sí mismos los campesinos lograrían mejores cosechas.Tercero, y posiblemente el más importante: se proponían destruir la clase "terrateniente" o señoríos rurales. En aquellas zonas rurales crearon un sistema de intermediación de hombres cultos con campesinos, porque dichos hombres educados en las virtudes confucianas actuaban como intermediarios entre los campesinos y el gobierno. La nobleza campesina culta podía contribuir en gran manera a mejorar las condiciones de vida en su sector, y así ocurrió en muchos casos. En cambio, algunos otros nobles menos cultos perpetuaron la corrupción. cuando se decretaban tributos extraordianrios nivelaban dicho aumento esquilmando a los campesinos pobres. Si éstos no pagaban, la nobleza les prestaba dinero a un interés muy alto. Un miembro de la nobleza que tuviese buen carácter, quizá costeara la educación de algún muchacho inteligente. En cambio, un bribón era capaz de seducir impunemente a la esposa de un deudor. Pero benévolos o brutales, los literatos de los pueblos chinos tendían a compartir un rasgo común: defendían el estatus quo. Por eso, los comunistas debían quebrantar su poder si querían hacerse efectivamente los dueños del país. 

                                                           
Uno de los momentos más célebres que dió la historia de la implantación del comunismo fue en 1951 cuando en su campaña para obtener bonos y donaciones bajo el lema ¡resistir a América, ayudar a Corea!, la actividad de los tribunales constribuyó a abrir muchas bolsas reacias. Los hombres y mujeres que respondieron a la blanda política del primer año, continuando en sus puestos fueron fustigados y llamados al orden durante las notables campañas anti-tres y Anti.cinco. La campaña anti-tres atacó los tres males siguientes: corrupción, despilfarro y abuso burocrático de la autoridad en el gobierno, en la industria estatal y en el creciente partido. Objetivos de la campaña anti-cinco fueron los fabricantes y comerciantes. Las cinco calamidades eran la evasión de impuestos, el soborno, el robo de bienes estatales o la utilización del conocimiento de los proyectos económicos en beneficio propio, y engaño en el trabajo o los materiales. 
Aquellas campañas afectaron por igual a los corruptos y a los honrados, a los inocentes y a los culpables. Jamás podrá calcularse hasta qué punto dañaron el régimen; muchos miles de técnicos competentes y de administradores prácticos fueron muertos o enviados a campos de concentración. Millares de entusiastas seguidores del régimen decidieron guardar sus opiniones o sus conocimientos, o se convirtieron en autómatas superficiales y obedientes. Según el criterio comunista, aquellas redadas servían para eliminar una oposición realmente peligrosa. Por otra parte, el régimen se apropió casi dos mil millones de dólares en bienes confiscados. Pero no obstante esto debería hacer reaccionar a los políticos de nuestro país, cuando los conflictos políticos de verdad vinieron por el campo. Ahora esa misma corrupción que fue barrida en China es la misma que gobierna nuestro país y sin embargo por lo que se ve, nadie va a hacer nada.
La dura política comunista hizo su efecto (todavía lo recuerdan muchos de los campesinos de aquellas tierrras, del Cantón por ejemplo) pero fue efectiva, mediante el uso calculado de su fuerza se consiguieron resultados que les granjearon respeto como amos de un gobierno efectivo. En Corea, donde incrementaron el prestigio chino, demostrando que las tropas chinas podían derrocar a las occidentales, sirvió para fomentar un sentimiento de respeto nacional, cosa que ningún gobierno chino había logrado en mucho tiempo. Ahora en España el respeto nacional por supuesto ha desaparecido porque nadie puede confiar en su semejante. El terror disminuyó un poco. Después de 1953, los comunistas actuaron con considerable cautela en asuntos domésticos. Por aquellos días el fin de Stalin estaba en la puerta y en España se sufría hambre y prepotencia policial por doquier con sus pequeños focos revolucionarios orquestados desde el exterior. Los comunistas chinos tuvieron una especial "destreza" para impulsar al populacho hasta el punto en que la revuelta parecía inevitable y luego obviar el desastre dando marcha atrás a fin de preparar un nuevo impulso, este fue el impulso, el verdadero fenómeno más notable de la China moderna. El partido llevó a los campesionos hacia la coelctivización donde en las zonas de desarrollo industrial, la superivisión de los miembros de partido aumentó especialmente sobre comerciantes e industriales, expropiando todo aquello que estaba en manos privadas, aunque sí utilizaron el talento de aquellos asignándoles un cinco por ciento del valor de sus propieades, una maniobra completamente antimarxista pero necesaria para ellos. Necesitaban los conocimientos de los capitalistas y no quisieron hacer la misma maniobra que en la Unión Soviética. En la preciosa región del Cantón, no obstante, llegaron en su momento informes sobre el descontento entre los campesinos y los obrero, donde denunciaban abiertamente a esa "clase privilegiada" que eran lo smiembros de partido comunista tan irregular. Después, aprendieron a callar. Ahora esos campesinos viven peor que nunca y emigran a las ciudades donde les facilitan el empadronamiento para fomentar el consumo interno. 
Establecido este sistema, hoy China, enfrenta serios problemas de provisión de alimentos y quieren continuar su imperialismo en otros campos (especialmente en países de América Latina) donde haya recursos. Uno de los caos más grandes que uno puede vislumbrar en aquel país es el movimiento migratorio del campo a la ciudad, donde se calcula que en los últimos veinte años han migrado del campo a la ciudad unos 300 millones de chinos. La cuestión es la "preparación" que esos individuos tienen para enfrentarse a la vorágine del consumo, la especulación o la exclavitud por el desconocimiento tan enorme que tienen de sus derechos en general. Ahora la lucha es hacer pasar a los chinos del campo a la ciudad sin que existan esa división tan grande en un lugar donde se calcula que para 2030 la población urbana será de 1000 millones de chinos. 

viernes, 9 de agosto de 2013

Cosas chinas: Bajo el régimen comunista



Viajar, ha sido y sigue siendo el lugar donde el ser humano puede encontrarse consigo mismo, de la manera más sincera. El individuo siente cómo le influyen los paisajes, las nuevas culturas, los olores, los colores, siente la humedad de un país o su sequedad, se funde con unos edificios que nunca hasta ese momento había visto, quiere sentir la arquitectura en su yo, sus sensaciones indescriptibles aparecen ahora como una parte desconocida de sí mismo. Cuando tenemos delante gentes de un país donde no conocemos su idioma, podemos sentir cómo nuestro interés por conocer su cultura viene ahora como un gran depredador de curiosidad inusitada. ¿A qué nos suena el chino? Parece que habla chino decimos cuando nos referimos a alguien a quien no entendemos nada de lo que dice. Pero el caso es que después cuando comenzamos a conocer la lengua, a escuchar, mucho de dentro se remueve, parece que nos inventamos lo que dicen y nos hace gracia, repetimos la entonación, nos divertimos gesticulando como lo hacen ellos. Después pensamos en esos mismos habitantes cuando están en nuestro país (ahora pensamos en chinos que viven en España) y nos sentimos un poco más unidos a ellos, los comprendemos mejor. 
Pero este viaje a lo Marco Polo, me ha marcado en algunos aspectos (algo que comenté con Guasimara y Paco) especialmente por la cuestión política. ¿Cómo se vive en la República Popular de China sin ser extranjero? ¿Cuál es la verdadera realidad de los habitantes de ese país? ¿Cómo han podido los comunistas convertir ese país, antes débil y corrupto, gobernado por hombres pendencieros y belicosos, en lo que parece una nación fuerte, capaz de inquietar al mundo con sus amenazas no solo bélicas sino económicas?
La vida es muy dura para los chinos, como fue casi siempre. La alimentación es adecuada por regla general (aunque a los europeos nos sorprenda) pero las escaseces también existen. El individuo carece de importancia y el Estado es absolutamente supremo, esta es la clave más soprendente que un europeo de un país ocioso como es ahora esta España de letargo y vaguería. El individuo no puede hacer lo que quiere, no cuenta.
El éxito inicial de los comunistas se debe a su destreza para asegurar que los limitados bienes materiales -vestido, casa y sustento- se comprartan sobre una base más o menos equitativa. Los habitantes de los prósperos países de Occidente pueden tomar a broma la idea de que una probreza compartir pueda constituir un capital político, pero un país donde en tiempos pasados, las sequías, el hambre y las inundaciones dejaban con frecuencia los campos impregnados de hedor a cadáver, la capacidad para impedir el hambre en masa ha resultado de importancia crucial. El arropz y el trigo, y la protección contra los elementos, son más importantes en Asia que los conceptos occidentales de libertad política, desconocidos para la mayor parte de los chinos.
Por otra parte, la facultad de promulgar decretos, crear lemas y cumplir amenazas y promesas, cuenta, por tradición, con un gran respeto en China. La palabra con que se designa en chino al Partido Comunista, Kungch'antang,  es en sí misma un lema, una promesa. Según me dijo Lyung, traducido literalmente kung significa "compartir", ch'an "producción" y tang "partido". Como presidente del Partido de la Producción Compartida, Mao Tesetung consiguió  -aún hoy- el respeto de la gente hacia el partido, convenciéndola de que en China la producción es adecuadamente compartida. 
Después (y de esto hablaremos otro día) vino la violencia y el terror para consolidar su poder en las ciudades, eliminando a todo aquel que pusiera en duda los dictados del partido. MIllones de personas fueron acusadas de "contrarevolucionarias" terminando ante tribunales populares. Torturadas y hostigadas, algunas indefensas víctimas de la justciia revolucionaria proporcionaron tarea a los pelotones de fusilamiento y trabajadores para las grandes obras públicas, de las que son pioneros, dioses universales. 
Esa campaña antirrevolucionaria tuvo también otra utilidad. Cuando los comunistas por ejemplo, formaron las comunas rurales, estaban destiandas aproveer un financiamiento del pueblo, además de combinar actividades económicas, culturales, políticas y militares, propias de los gobiernos locales, que en aquel momento se habían convertido en una sola entidad. En teoría la comuna del pueblo iba a ser la forma organizativa más apropiada para acelerar la construcción socialista y la transición al comunismo en China. En fin, el desarrollo agrícola tan importante allí, se financió básicamente pro emdio de un incremento del trabajo humano, la utilización de materiales y herramientas hechos en los mismos pueblos, y una disminución del consumo de víveres y de combustible. Se apoyaban en esas comunas financieras y ahora cuando el viajero pasea por China, solo quiere ver el lado del consumismo atroz, terrible que en muchos aspectos se ha convertido ese país y uno se asombra al querer entender cómo y por qué ha sucedido todo esto y lo que sucederá. 
Mañana seguiremos hablando de Comunismo.

                                                    
Como dijo Carl Marx: "La desvalorización del mundo humano crece en razón directa con la valorización de las cosas". 

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...