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A Shostakovich

A Shostakovich



Si por ser no dejo de estar
entonces tu música de corcheas imaginó en mí una luz
que eterna demuestra con sus conciencias de adagio
perpetuo y molto, tu yo, desaparecido en el lugar señalado.
No creo en secretos de iniciación, lo que sabes es
lo que es: iniciación.
Ahora el negro viene tal y como se le había creado
funesto y roto, amargo y sabio.
Una sonata suena en do mayor pero tu no te das cuenta
del horror de ese negro impoluto que anuncia
con su guadaña que te vas como me iré yo: en forma de sonata.
Y tu, según escuchas los acordes, te preguntas porqué soy sonata y yo te digo que es necesario que atiendas
la repetición amorosa del molto perpetuo.
Porque el conjunto armónico no da ninguna razón de ser.
Solo en apariencia, decías y yo te digo: desentraña el secreto.
La muerte también deja al espíritu hacer su cometido
si lo tiene. Tu verás si lo tengo.
Para qué vagabundear por las palabras, imágenes o acordes.
Ya no hace falta, si la música da 
la conciencia de la vida misma
como lo dan también los seres que juegan a que están
aunque no estén.
Fuga de dolor, angustia del ser humano que no logra terminar su pieza.
Y si crees que voy a esperar, estarás errado en medida,
no esperaré, partiré para morir contigo.


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