lunes, 12 de agosto de 2013

Cosas chinas, capítulo VII: El campo



En 1927 Mao Tse Tung, había declarado que una revolución no era lo mismo que invitar a la gente a comer, o escribir un ensayo, o pintar un cuadro, o hacer delicados trabajos de encaje. Insistió en que si la revolución debía triunfar era necesario establecer un breve reinado de terror en todas las zonas rurales, de lo contrario, jamás podremos suprimir las actividades de los contrarrevolucionarios en el campo o derrocar la autoridad de los señoríos.Decía el dirigiente comunista.
Durante la campaña revolucionaria de reforma agraria que entre 1950 y 1952 trastornó grandes sectores del agro chino, prevaleciendo la opinión de Mao acerca de emplear el terror. En miles de pueblos se celebraron juicios contra "criminales" en los que los propios campesinos actuaron a la vez de jueces y jurados. Dicha justicia se ejecutó con la imparcialidad que cabía esperar de una multitud dispuesta al linchamiento. En algunos casos, los campesinos llevados al frenesí por agitadores comunistas, mataron a palos en el acto a los acusados. Los pelotones de fusilamiento actuaron ante grandes concentraciones de espectadores eliminando a millares de miembros de la "clase terrateniente" del sistema agrícola de China, muchos murieron en campos de reforma por el trabajo. Las asociaciones campesinas pro comunistas se apropiaron la antigua tutela ejercida por los nobles en el campo produciendose el linchamiento de la privacidad terrateniente.
La reforma agraria (al igual que sucedería en la Historia del Comunismo ruso) figuraba entre las prioridades y quehaceres del gobierno Mao. Esto es algo que todavía el viajero puede encontrar entre las personas más mayores del campesinado chino. Los comunistas, que forzaron la redistribución de la tierra, tenían tres objetivos principales: el primero que era cumplir la antigua promesa hecha a varios cientos de millones de campesinos que no tenían tierra o no la poseían en cantidad suficiente. Segundo, esperaban que al trabajar para sí mismos los campesinos lograrían mejores cosechas.Tercero, y posiblemente el más importante: se proponían destruir la clase "terrateniente" o señoríos rurales. En aquellas zonas rurales crearon un sistema de intermediación de hombres cultos con campesinos, porque dichos hombres educados en las virtudes confucianas actuaban como intermediarios entre los campesinos y el gobierno. La nobleza campesina culta podía contribuir en gran manera a mejorar las condiciones de vida en su sector, y así ocurrió en muchos casos. En cambio, algunos otros nobles menos cultos perpetuaron la corrupción. cuando se decretaban tributos extraordianrios nivelaban dicho aumento esquilmando a los campesinos pobres. Si éstos no pagaban, la nobleza les prestaba dinero a un interés muy alto. Un miembro de la nobleza que tuviese buen carácter, quizá costeara la educación de algún muchacho inteligente. En cambio, un bribón era capaz de seducir impunemente a la esposa de un deudor. Pero benévolos o brutales, los literatos de los pueblos chinos tendían a compartir un rasgo común: defendían el estatus quo. Por eso, los comunistas debían quebrantar su poder si querían hacerse efectivamente los dueños del país. 

                                                           
Uno de los momentos más célebres que dió la historia de la implantación del comunismo fue en 1951 cuando en su campaña para obtener bonos y donaciones bajo el lema ¡resistir a América, ayudar a Corea!, la actividad de los tribunales constribuyó a abrir muchas bolsas reacias. Los hombres y mujeres que respondieron a la blanda política del primer año, continuando en sus puestos fueron fustigados y llamados al orden durante las notables campañas anti-tres y Anti.cinco. La campaña anti-tres atacó los tres males siguientes: corrupción, despilfarro y abuso burocrático de la autoridad en el gobierno, en la industria estatal y en el creciente partido. Objetivos de la campaña anti-cinco fueron los fabricantes y comerciantes. Las cinco calamidades eran la evasión de impuestos, el soborno, el robo de bienes estatales o la utilización del conocimiento de los proyectos económicos en beneficio propio, y engaño en el trabajo o los materiales. 
Aquellas campañas afectaron por igual a los corruptos y a los honrados, a los inocentes y a los culpables. Jamás podrá calcularse hasta qué punto dañaron el régimen; muchos miles de técnicos competentes y de administradores prácticos fueron muertos o enviados a campos de concentración. Millares de entusiastas seguidores del régimen decidieron guardar sus opiniones o sus conocimientos, o se convirtieron en autómatas superficiales y obedientes. Según el criterio comunista, aquellas redadas servían para eliminar una oposición realmente peligrosa. Por otra parte, el régimen se apropió casi dos mil millones de dólares en bienes confiscados. Pero no obstante esto debería hacer reaccionar a los políticos de nuestro país, cuando los conflictos políticos de verdad vinieron por el campo. Ahora esa misma corrupción que fue barrida en China es la misma que gobierna nuestro país y sin embargo por lo que se ve, nadie va a hacer nada.
La dura política comunista hizo su efecto (todavía lo recuerdan muchos de los campesinos de aquellas tierrras, del Cantón por ejemplo) pero fue efectiva, mediante el uso calculado de su fuerza se consiguieron resultados que les granjearon respeto como amos de un gobierno efectivo. En Corea, donde incrementaron el prestigio chino, demostrando que las tropas chinas podían derrocar a las occidentales, sirvió para fomentar un sentimiento de respeto nacional, cosa que ningún gobierno chino había logrado en mucho tiempo. Ahora en España el respeto nacional por supuesto ha desaparecido porque nadie puede confiar en su semejante. El terror disminuyó un poco. Después de 1953, los comunistas actuaron con considerable cautela en asuntos domésticos. Por aquellos días el fin de Stalin estaba en la puerta y en España se sufría hambre y prepotencia policial por doquier con sus pequeños focos revolucionarios orquestados desde el exterior. Los comunistas chinos tuvieron una especial "destreza" para impulsar al populacho hasta el punto en que la revuelta parecía inevitable y luego obviar el desastre dando marcha atrás a fin de preparar un nuevo impulso, este fue el impulso, el verdadero fenómeno más notable de la China moderna. El partido llevó a los campesionos hacia la coelctivización donde en las zonas de desarrollo industrial, la superivisión de los miembros de partido aumentó especialmente sobre comerciantes e industriales, expropiando todo aquello que estaba en manos privadas, aunque sí utilizaron el talento de aquellos asignándoles un cinco por ciento del valor de sus propieades, una maniobra completamente antimarxista pero necesaria para ellos. Necesitaban los conocimientos de los capitalistas y no quisieron hacer la misma maniobra que en la Unión Soviética. En la preciosa región del Cantón, no obstante, llegaron en su momento informes sobre el descontento entre los campesinos y los obrero, donde denunciaban abiertamente a esa "clase privilegiada" que eran lo smiembros de partido comunista tan irregular. Después, aprendieron a callar. Ahora esos campesinos viven peor que nunca y emigran a las ciudades donde les facilitan el empadronamiento para fomentar el consumo interno. 
Establecido este sistema, hoy China, enfrenta serios problemas de provisión de alimentos y quieren continuar su imperialismo en otros campos (especialmente en países de América Latina) donde haya recursos. Uno de los caos más grandes que uno puede vislumbrar en aquel país es el movimiento migratorio del campo a la ciudad, donde se calcula que en los últimos veinte años han migrado del campo a la ciudad unos 300 millones de chinos. La cuestión es la "preparación" que esos individuos tienen para enfrentarse a la vorágine del consumo, la especulación o la exclavitud por el desconocimiento tan enorme que tienen de sus derechos en general. Ahora la lucha es hacer pasar a los chinos del campo a la ciudad sin que existan esa división tan grande en un lugar donde se calcula que para 2030 la población urbana será de 1000 millones de chinos. 
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