jueves, 21 de noviembre de 2013

Del ser y del tiempo (Heidegger)



Uno de los problemas que aborda Heidegger en su investigación titulada Sein und Zeit es el sentido del ser (die Frage nach dem Sinn von Sein). No se trata de los entes, sino del ser. Este y no otro es el tema de la investigación. Y su fin previo es la interpretación del tiempo como el horizonte posible de cualquier intekección del ser en general. Heidegger insiste de un modo especial -no se olvide esto, como se hace con demasiada frecuencia- en que la cuestión fundamental es el sentido del ser. Lo demás es previo y sirve para llegar a esa cuestión. Heidegger parte de considerar el problea en la metafísica anterior. El ser se ha entendido desde Aristóteles como trascendental, lo más universal de todo, una universalidad que no es la del género, como quería Platón, sino la fundada en la unidad de la analogía. Pero ese concepto de ser no es -dice Heidegger- el más claro, sino al reves: el más oscuro. Ser (Sein) no es lo mismo que ente (Seiendes). El ser no se puede definir; pero esto mismo plantea la cuestión de su sentido. 
El "ser" es el concepto más comprensible y evidente. Todo el mundo comprende el decir "el cielo es azul", "yo soy alegre". Pero el hecho de que comprendamos en el uso cotidiano el ser y, sin embargo, nos sea oscuro su sentido y su relación con el ente, muestra que hay aquí un enigma. Y esto es lo que obliga a plantear la cuestión del sentido del ser. Toda ontología -dice Heidegger- es ciega si no explica primero suficentemente el sentido del ser y comprende esta explicación como su tema fundamental.  
La ciencia, como comportamiento del hombre, tiene el modo de ser de este ente que es el hombre. A este ente llama Heidegger Dasein. En las ciencias el existir trata con entes que no son forzosamente él mismo. Ahora bien, al existir leperteneces esencialmente estar enun mundo. La comprensión del ser del existir supone, pues, de un modo igualmente originario, la comprensión del mundo. Las ontologías de loos entes que no son exostir esta´n fundadas, por consiguiente, en la estructura óntica del existir. Esta es la razón de que debamos buscar en la analítica existencial del existir (existenziale Analytik des Daseins) la ontología fundamental, de la que únicamente pueden surgir todas las demás. 
El existir tiene una primacía sobre todos los demás entes. En primer lugar, una primacía óntica: este ente está determinado en se ser por la existencia. Esta "entidad" nos parece cercana, el mero hecho de la existencia otorga la entidad al ente, le da el carácter de existir. En segundo lugar, ontológica: el existir es en sí mismo, por su determinación como existencia, "ontológica". Y en tercer lugar, como al existir le pertenece una comprensión del ser que no es existir, tiene una primacía ónticoontológica, es condición de la posibilidad de todas las ontologías. Por esto, ningún modo de ser específico permanece oculto al existir. 
La analiítica por tanto del existir es algo no solo incompleto, sino provisional. Unicamente pone de relieve el ser de este ente, sin interpretación de su sentido. Tan solo debe preparar la apertura del horizonte necesario para la interpretación originaria del ser; esta es su misión. Ahora bien: el sentido del ser del existir comprende e interpreta el ser, es el tiempo. Este es el horizonte de la comprensión del ser. La primera misión de la filosofía es, por tanto, una explicación originaria del tiempo como horizonte de la comprensión del ser desde la temporalidad como ser del existir. 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Valente III

En 1912 Kandinsky publica el libro Uber das Geistige in der Kunst (De lo Espiritual en el Arte, en su edición española, 1973). En el texto, el artista insiste en resaltar el concepto de arte como expresión sincera de la necesidad interior  -“es bello lo que es interiormente bello”-; como una búsqueda formal del arte auténtico. Y en un artículo publicado por el pintor ruso en Der Sturn  (Berlín 1913) expone de una forma clara su idea del arte, idea que Valente llevará a una depuración aún más absoluta del hecho creativo. “Una obra de arte –escribe Kandinsky- consta de dos elementos, el interior y el exterior. El interior es la emoción del artista...La sucesión es: emoción (en el artista) –lo sentido- la obra de arte –lo sentido- la emoción (en el observador). Las dos emociones (pintor y observador) serán análogas en la medida en que la obra sea lograda”[i]. De ahí la implicación que Valente concede al lector en el proceso creativo, implicación hacia la interiorización de la palabra, del poema, para recrearlo.

El nuevo lenguaje creador de Valente, tiene su propio vocabulario, y sin duda es desde la experiencia creativa interior al artista donde  la forma se emancipa de la “necesidad externa” para al igual que un músico o un pintor utilizar las notas o los colores y formas, con el fin de reproducir una reacción estética (espiritual, creo) que se crea, emerge y nace, como mensaje de su necesidad interior. El poeta Valente lo expresa trascendentalmente hermanando este proceso creativo con la experiencia mística, divina, del origen de la creación:
                                               

Crear no es un acto de poder (poder y creación se niegan); es un acto de aceptación o reconocimiento. Crear lleva el signo de la feminidad. No es acto de penetración en la materia, sino pasión por ser penetrado por ella. Crear es generar un estado de disponibilidad, en el que la primera cosa creada es el vacío, un espacio vacío. Pues lo único que el artista acaso crea es el espacio de la creación. Y en el espacio de la creación no hay nada (para que algo pueda ser en él creado). La creación de la nada es el principio absoluto de toda creación:
                       
Dijo Dios: -Brote la Nada
                                    Y alzó la mano derecha
                                    Hasta ocultar la mirada
                                    Y quedó la Nada hecha.

 “Cinco fragmentos para Antoni Tápies”  a la que pertenece este extracto, es por excelencia la imagen de color y forma, plástica en suma que utiliza el poeta en actitud hermana con la idea de “composición”.  Valente da muestras de su aproximación a los pintores españoles modernos, “sintonizando sobre todo con el programa plástico de un cultivador tan atento de la existencia mística como Tápies”, tal y como ya señaló el insigne profesor García Berrio[ii].

Cuando pienso en Valente, al introducirme en su obra, pienso irremediablemente en Arte. Pienso  en el autor del todo y de la nada poética, aquel que nadaba sobre los perfiles del serventesio, como el amo, rey de la dialéctica poética. Porque en Valente la poesía como género traspasa el tiempo, alzándose digna por los siglos del mundo, para dejarnos un legado de vacío e incomprensión ante su ausencia, y el poeta quiere que al igual que él y el silencio del que parte,  nos aproxime igualmente al verbo y participar así de su creación.
           
En la creación de un poema se involucran mecanismos que podrían asemejarse al proceso divino de la creación  . Escapan a toda reflexión dialéctica, y al propio tiempo existen en la perenne estructura de la progresión automática  hacia el sempiterno albur de lo infinito. Salvedad hecha del  profundo desdén que muestra Valente por la cotidiana humanidad,  casi como una constante, se advierte una incesante búsqueda de sí mismo, que ya desde sus primeros libros constituye una especie de desasosiego vital; que le llevan a desembocar irremediablemente en el substrato más etéreo de la búsqueda interior. Lo que acertadamente el profesor García Berrio titula como “ mística abstracta.” Mística  de ángeles y muerte. Reflexión deliberada de antecedentes Sanjuanistas y Teresianos, aderezada de espíritu propio y recapacitado. Antídoto moral al desengaño y a la controvertida esencia de la humana alma. Asentamiento interior provisional que acaba por ceder ante el destino. Palabra tras palabra, verso tras verso, se funden infinito y autor en sola estela, que dibuja en profundidad el ser humano.

 [ ...] Vio el templo construido
para que todo lo escrito se cumpliese
y no para durar más que el sueño del hombre.

            Si el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, donde mejor puede encontrarse la huella divina es en la estructura del alma, de ahí la importancia en esta constatación con la estructura y forma del lenguaje, que Valente emana desde la misma naturaleza del hombre. Con respecto al poema “El Templo”, Armando López de Castro, en el artículo así titulado  “Sobre los poemas Poética de José Ángel Valente”, estudia con rigor este poema y otros, para afirmar que la función del contenido poético de la palabra que parte de la no existencia anterior,  llega a ser en Valente punto de presencia absoluta al tiempo que plena de revelación: “El templo, lo mismo que la palabra, es un espacio sagrado, un lugar de revelación.(...) A partir de esa analogía del templo con la palabra, de lo sacro con lo poético, se entiende también la del Cristo con el poeta. En efecto, el Cristo es inocente en cuanto destruye, por eso puede destruir engendrando”[iii]. De donde se deduce que Dios, al igual que el poeta, contiene eternamente en sí los modelos arquetípicos, y para crear el mundo no ha tenido más que decirlo, identificándose en este decir divino, su voluntad y la misma realización del mundo. En este acto, el poeta ha creado y crea desde toda una eternidad poética, todo lo que ha sido, la nada, todo lo que es y todo lo que será. Y en este sentido, la totalidad de las palabras temporales debieron ser creadas de forma que desarrollasen en el mismo decurso del tiempo, según el orden y las leyes que el poeta-Dios ha previsto.  Poe tenía la idea de un poema era una construcción, una obra intelectual, intelectualizando el lenguaje, y Borges, por ejemplo creía que “si en un poema no hay emoción previa, tampoco hay necesidad de escribirlo”. El poeta Valente emerge todavía más allá del sentimiento y la emoción.  Su obra pues,  se propone, la refutación del tiempo, y como ya promulgó Paz al referirse a los textos de Borges, “no es, quizá, sino la fábula de la vanidad que son todas las eternidades que fabricamos los hombres”. Vanidad del creador, vanidad del Dios... y el Verbo se hizo carne.

                        Aguardábamos la palabra. Y no llegó. No se dijo a sí
                        misma. Estaba allí y aquí aún muda, grávida. Ahora no
                        sabemos si la palabra es nosotros o éramos nosotros la                                                                palabra. Mas ni ella ni nosotros fuimos proferidos. Nada
                        ni nadie en esta hora adviene, pues la soledad es la sola
                        estancia del estar. Y nosotros aguardamos la palabra.

                                                     
 Este texto que hemos dividido para este blog en tres partes fue publicado por primera vez para la revista Ínsula. 

                                                         


[i] N. Comalrena, “Kandinsky y Der Blaue Reiter: Un camino hacia lo abstracto”  en Album, Madrid, Album Letras Artes, 1986, pág 24.
[ii] En “Valente: descensos antiguos a la memoria”  ibídem, El silencio y la escucha: José Ángel Valente.. pág 20..
[iii] Claudio Rodríguez Fer,  Material Valente, Madrid, Júcar, 1994. Pág 109.

martes, 12 de noviembre de 2013

Un recuerdo a Sartre



La figura más notoria de la filosofía francesa de los años postera la Guerra Mudial es el represante del "existencialismo" en sentido estricto, Jean-Paul Sartre (nacido en 1905). Profesor de Liceo, novelista y dramaturgo, escritor político, director de Les Temps Modernes, estudió algún tiempo en Alemania y recibió fuertemente la influencia del pensamiento fenomenológico de Husserl y también de Heidegger, de quienes procee gran parte de sus ideas; Heidegger había señalado, sin embargo, la gran distancia que lo separaba de Sartre; en los últimos años, este se había aproximado crecientemente al marxismo. Su obra es muy amplia; sus escritos filosóficos principales son L'imagination, Esquise d'une théorie des émotions, L'imaginaire, L'être et le néant (su obra capital, 1943); tras una larga interrupción, ha publicado en 1960 otra obra muy extensa, Critique de la raison dialectique; hay que contar además sus ensayos Situations, Baudelair, L'existentialisme est un humanisme, Saint-Genêt, comédien et martyr, etc. Hay que agregar sus novelas "existenciales" La nausée (1938), Lâge de raison, Le sursis, La mort dans L'âme, sus relatos Le mur, Les jeux sonst faits, Engrenages, su teatro: Huis-clos, Les mouches, MOrts sans sépulture, Le putain respectueuse, Les mains sales, Le diable et le bon Dieu, Nebrassov, Les séquestrés d'Altona y un libro autobiográfico Les mots.

Sartre partió de una psicología fenomenológica y solo de un modo relativamente tardió pasó a la ontología; el subtítulo de L'être et le néant es "Essai d'ontologie phénomemologique"; es un libro de 722 densas páginas, de difícil lectura, con tecnicismo tradicional, en general traspuesto a otros sentidos, análisis minuciosos, descripciones fenomenológicas, fragmentos de gran talento literario y otros de prosa abstrusa y poco accesible. El sentido primario del "existencialismo" es la prioridad de la existencia sobre la esencia, lo cual equivale a invertir los términos tradicionales, pero aceptando el mismo esquema de la ontología tradicional; en cierto sentido, se podría decir que la filosofía de Sartre es ontología tradicional, escolástica o fenomenológica, à rebours, pero sin trascender de sus planteamientos y conceptos fundamentales. Por eso los que maneja constantemente son ser, nada, en-sí y para-si, para-sí y para-otro, etc. El ser del hombre se interpretacomo pour-soi o conciencia,, con lo cual se recae en Husserl. "La conciencia -escribe Sartre- es un ser para el cual es en su ser cuestión de su ser en tanto que este ser implica u ser otro que él!. "La conciencia es un ser para el cual es en su ser conciencia de la nada de su ser". Sartre plantea el problea en términos de conciencia, lo que lo aproxima mucho más a Husserl que a Heidegger. Por lo demás, muchas de sus ideas han sido formuladas por esos dos filósofoso o por Ortega: el proyecto,la elección o choix, el "estar condenado a ser libre" (Ortega ha enseñado con decenios de anticipación que el hombre es forzosamente libre, es libre para todo, menos para dejar de serlo; pero a la vez ha tenido la evidencia de que, si bien el hombre elige siempre, o todo en su vida es objeto de elección, ni la circunstancia ni la vocación o proyecto originario).
Sartre profesa lo que llama "un ateísmo frecuente" que funda en razones sumamente endebles, poco creíbles y menos justificadas; para que él, el temple fundamental frente a la realidad es la evidencia de que todo está "de más" (de trop) y, por tanto, la náusea. El hombre es una pasión para fundar el ser y consitutuir el En -sí, el Ens causa sui, es decir, Dios. Pero la idea de Dios -concluye Sartre- es contradictoria y nos perdemos en vano; el hombre es una pasión inútil". En la Critique de la raison dialectique, Sartre dice que una antropología estructural e histórica "trouve sa place à l'interieur de laphilosophie marxiste parce que je considère le marxisme comme l'indépassable philosophie de notre temps et parce que je tiens l'idédologie de l'existencie et sa méthode compréhensive pour une enclave dans le marxisme lui-même qui l'engendre et la refuse tout à la fois". Para Sartre el marxismo es la filosofía irrebasable de nuestro tiempo, y la razón de ello es que apenas ha empezado a desarrollarse y que no se han rebasado todavía las circunstancias que lo engendraron: "Loin d'être épuisé, le marxisme, est tout jeune encore, presque en enfance: c'est à peine s'il a commencé de se développer. Il reste indépassable parce que les circonstances qui l'ont engendré ne sont pas encore dépassées".
Doy esta cita textual porque representa muy bien el modo habitual del razonamiento sartriano. En los últimos años, ha sido objeto de muchas críticas, y su prestigio e influjo han descendido mucho. Su influencia ha sido enorme sobre Simone de Beuvoir, novelista y autora de estudios filosóficos, y originalmente estuvo próximo a su pensamiento el gran escritor albert Camus (1913-1960) que después se separó enteramente del marxismo. 
                                                


Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...