lunes, 27 de octubre de 2014

Culpabilidad



El miedo a lo impuro, así como los ritos de purificación están detrás de la mayoría de los sentimientos y de la mayoría de los comportamientos relativos a la culpa. ¿Qué puede comprender el filósofo de estos afectos y de estas conductas? Lo más seguro es que la respuesta sea: nada. En la culpa se encuentran la mayoría de una especie de sentimientos que a su vez se relacionan con la mancilla (macella) oscuridad o marca en la vida que nace de una provocación. Y no son en absoluto de extrañar semejantes sentimientos cuando la conciencia avisa de la culpabilidad por algo, por una acción que ha sido a todas luces, deleznable.
En ello, entra a formar parte del juego el conocimiento absoluto de la persona que reconoce esa culpa, con ello nacería del interior de esa mancha que prisionera del miedo quiere salir fuera y purificarse. Pero ¿cómo saber cuando el hombre es culpable, cómo darse cuenta y estar cerca de una verdad universal? Entramos a pensar en una modalidad de pensamiento concreta que alberga los hechos que no están bien de una manera global, en categorías universales de maldad y con ello el individuo y su ética se convierten a la purificación primero por la verdad del reconocimiento de la culpa y después por la búsqueda de la salvación o del perdón por esa culpa. Esto, que en la tradición cristiana se refiere claramente al arrepentimiento de las malas acciones se vuelve ahora exclusiva de algunas almas, de aquellas cuyo estatus ético convierten el error en enmienda. 
De tal manera que el Hombre, en la búsqueda de si mismo, indaga en el hallazgo del reconocimiento, de la anagnórisis de la enmienda para actuar dinámicamente partiendo en su redención del análisis de conciencia cuyo límite final no quiere desencaminarse de la superación e invisibilidad de esa marca que ha creado él mismo y que en nada le permite avanzar. Solo las almas que están dispuestas a cambiar reconocen el error como algo indigno del hombre buscando la redención, pero no porque sea imperativo de ningún sacerdocio o rito religioso sino porque el hombre es consciente de su culpabilidad, ve el error por él mismo en ese repaso de acciones que se hace a si mismo y no lo quiere para sí.
En general, se convierte en algo intrínseco al hombre el hecho de que nuestra conciencia no reconoce nada de ello, pues ¿en qué mecanismo se encuentra para hacerlo? ¿Por qué reconocer algo de lo que estamos seguros que está bien, que no ha ofendido, que es correcto? No vemos los límites y mucho menos el inventario de motivaciones que podemos tener para negarnos a nosotros mismos el reconocimiento de la una verdad. ¿La verdad es única o la verdad se inventa según una verdad del hombre u otra verdad del hombre? ¿ Cada uno guarda su verdad y no quiere someterla al juicio de  un Todo? Porque a menudo estas acciones pasan a ser calificadas como voluntarias o involuntarias y ningún hombre quiere reconocer la mala acción inconsciente o no. Es una mala acción y lo es con independencia de la consciencia del ser humano cuando el resultado es una mala acción que mancha la integridad. 
Hay hechos flagrantes en la Historia que no tienen justificación y que difícilmente tienen enmienda aunque el causante de dichas acciones terribles termine sintiendo culpabilidad. Eso no lo exime de nada, siente la culpa porque es lo mínimo que podía sentir si calificarse como ser humano quiere, pero no es nada si aun "arrepentido" de ello  no encuentra el juicio y el castigo en la misma vida: el cambio de persona. En términos generales, el hombre culpable, encuentra la justicia en sus días, no hay que esperar eternidades ni otras vidas. La experiencia de la culpa otorga al hombre un poder indefinido de simbolización con otras categorías de acciones pero no debe quedarse solo ahí. Lo que nuestra conciencia no reconoce en definitiva es el repertorio de la mancilla, de la mala acción, un repertorio distinto que para la conciencia que vive bajo ese régimen, no le hace coincidir con lo que es el mal para otros, pero debe tenerlo en cuenta si quiere que reviva una solución a su pesar culpable. El desplazamiento de la motivación misma, surge porque ya no podemos distinguir en semejantes acciones impuras ninguna ofensa contra un dios ético, ni moral, ninguna lesión a la justicia que les debemos a los demás hombres, queremos traerlo, ninguna disminución de nuestra dignidad personal, por lo que de no cambiar no saldremos de aquello que está en la esfera del mal, y sin remedio, el hombre continuará en su destrucción, la destrucción de un yo ético, que no deja existir. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

Robando de libros



Siguiendo con peripecias de observación, comentaría hoy aquí una verdad que a nadie se le ocurre pero que sucede: LA GENTE ROBA LIBROS EN LAS PRESENTACIONES. Aún recuerdo como si fuera ayer cuando en la presentación de la retaila de Isidora Ediciones en el Círculo de Lectores de Madrid, justo antes del acto vinieron tres hombres muy bien vestidos a pedirme que les regalase libros. ¡Ostrasss Pedrín! Esto suelen hacerlo mucho colegas entraditos en años que se ve se han vuelto de la virgen del puño a pesar de sus peculios. Me dije a mi misma y a continuación hablé:
-Bueno...ejem (tosecilla seca) ya veremos al final, pero al menos se quedarán al acto ¿no?. No se quedaron y en cuanto me enfrasqué sobre la mesa de presentación, pues choricearon lo suyo y se las llevaron, al menos dos ejemplares de cada, osea, a 22 euros, pues eso.
Lo más surrealista fue cuando tuve que contemplar a una señora que sentada justo detrás de mi colega francesa Claire Nicolle Robin, sacó de su bolso un bote de crema y se puso a untarse tranquilamente el susodicho ungüento por toda su faz. Le faltó –en mi opinión-ponerse una mascarilla o depilarse a la cera el bigote con tirón y grito incluido.
La susodicha al final del acto, robó libros, algunos de ellos la verdad me salieron muy caros. Quiero decir que los editores a veces tenemos libros de ediciones que han sido muy numerosas (tiradas de 5.000) y nos sobran o que tienen algún invisible -para la mayoría pequeñísimo defecto- que podemos regalar, pero por el contrario hay otros libros que si se regalan –en este caso mucho peor al ser robados- son pérdidas de 20 euros por libro, en mi caso. Digo peor, porque encima ni te das el gusto de quedar bien con alguien, o de recompensarle por algo, o simplemente porque yo soy imbécil y me gusta regalar, punto.
Ahora ya me he vuelto más radical en algunos aspectos de mi vida y creo que no hay que regalar libros. Punto.
Si alguien tiene interés, puedo explicar estas diferencias en las ediciones, impresiones (tradicional, impresión digital, tiradas minor, tiradas múltiple etc) para otro artículo y cómo uno se complica la vida en estas cosas que creo son genéticas o por vicio –se diría- pues el hacer y escribir libros es como una enfermedad, uno acaba más pallá que pacá.
No me apercibí del tema, -digo la del robo de la mamerta- a pesar de que esto me ha sucedido en muchas ocasiones, de hecho, durante el último Congreso de Galdós en Las Palmas, también fueron robados de la mesa de Isidora Ediciones una docena de libros, de los caros. Ediciones únicas que estaban de exposición y demás. ¡Jopetas! Por qué no van a Planeta a robar, ¡rediós!

                                                               

De seguir así, cierro el chiringuito, o tendremos que contratar en lugar de músicos, y ponentes y escritores, una legión de policías secretas. Es triste y muy poco solidario, aunque entre nos, tengo que decir que si alguno de esos ladrones de verdad no tiene dinero, en realidad, lo comprendo y doy por bien servida la cosa del robo, porque son caros, todos los libros en general son muy caros y lo dice una editora. Eso sí, estos mangantes, al menos, se podían pagar unas cañas o algún abrazo extra cuando manguen algo. Yo, cuando tengo que poner el precio para el ISBN de un nuevo libro me lo pienso mucho, tanto, que siempre me pillo los dedos, luego entre las comisiones de unos y de otros no saco ni para pipas. Yo lo haría a la cubana pero superándoles, claro: ediciones y libros buenos –de buena presencia- para los locos del tocho y que cuesten relativamente poco al personal. Un lector que lea un texto por semana a 22 euros cada libro, pues es un presupuesto. Un lector medio, puede leer cuatro libros o cinco al mes. ¡Una pasta! Las novedades recientes no están asequibles en las Bibliotecas. De modo que a pesar de ser una servidora enormemente perjudicada cada vez que pongo una mesa con los libros de mi editorial, casi que lo comprendo perfectamente porque me pongo muy contenta cuando me regalan uno –aunque lo haya escrito yo misma para otra editorial- y no lo tengo que comprar, -ratilla la chica-. Cuando entro a visitar a algún librero y me obsequia con algún tochillo, ¡me ha arreglado el día!. De la misma manera, compro muchos libros, algunos luego no me sirven, pero por pura honestidad y orgullo torero, no lo devuelvo, por eso también conservo esos amigos libreros, porque no tengo el morrazo de irme a sus librerías –lo podría hacer perfectamente- a leerme los índices y demás y trillar y trillando, para al final no comprarles na.
Me suele encantar cuando voy a la imprenta y me regalan libros para que de mi opinión, ¡ mola mazo! Bueno suelen pagarnos por leer algo de otro, peor también me gusta leer cuando me piden opinión y son amigos. Voy recotenta a mi casa con esos libritos que me da Cristina de Safekat. 
A ellos también les roban y lo pasamos bomba hablando de lo que se vende y no se vende, de los buenos textos y de los malos...del perfil de robador, en fin, de los ladrones de libros poco se dice, algunos pasan los 70 años, que manda huevos, pero claro, uno no sabe las vueltas que da la vida y lo mismo me veo yo de anciana choriceando por ahí en presentaciones y congresos, libros por doquier y acabar presa en cualquier comisaría por choriza y gorrona, ¡pues bueno!. Con el tiempo, espero que se profesionalicen, y que no les vea yo, que es un palo identificar al robador porque casi siempre les pillo, y les dejo, incapaz yo de decirle a nadie que no me robe libros. De momento he visto que los libreros son ya una generación a extinguir, será en el futuro una distinción de clases, seguro, pero ya hablaremos de esto. Saludos.



miércoles, 15 de octubre de 2014

Unos malos muy tontos


El tiempo pasa para todos y llevo con los años comprobando cómo la gente cambia y cambia y terminas por no entender nada de lo que pasa a tu alrededor. En otras ocasiones es peor, eres tú la que sacas una distancia de leopardo y los otros están igual que siempre sin evolucionar nada en absoluto, diciendo las mismas paridas. Ahí es donde se te va la olla pensando si acaso no te has (no me he) vuelto majareta. No es grave. Ya he visto a muchos de mis colegas volverse malísimos y retorcíos para nada, pretendiendo hacer daño o molestar a los otros, en realidad, pa ná, quiero decir sin estilo ninguno, muy tontamente y sin llegar a ninguna parte. Solo se queda en hacer el ridículo. Todo comienza cuando estás en el cole, en general estás más pendiente de las notas del que tienes al lado que de procurar mejorar las tuyas propias. Triste. Eso es el maldito afán por competir que desde pequeños nos inculcan a todos, bueno, a mi, no. ¿Y a qué nos lleva tanto afán por competir? A fomentar la envidia, como primera medida. A olvidarnos de nosotros mismos y a pensar –mal pensado claro- en lo que hacen los otros y a criticar como si fuese este el deporte nacional –en esto me ahorro las comunidades y su padre- y la envidia como único asunto común de todo el territorio peninsular, se hable vasco, catalán, gallego, madrileño, valenciano, andalúz o suajili ¡releche!
Ahí viene el tema: ¿cómo practicar ese deporte nacional de la envidia cuando no se llega a nada en la vida? ¿y qué es llegar? Este es ya tema de un ensayo pero hay que tenerlo en cuenta. 
¿Qué sentido tiene? La vanidad, el poder y la lucha por ellos, debe ser defendida con estilo y se debe ser alguien porque si no, es muy triste, pero mucho y da mucha pena. No hay nada peor que la mediocridad en el ser humano, que es prima hermana de la ingratitud. A mi, me gustaría ver un malo de frente, un buen malo y que venga a por mi con todas las de la ley, consciente al menos de que yo le haya hecho algo, un auténtico malo, pero de los de verdad, ¡hombre pero qué dice esta tía! –se dirá. Que venga, por ejemplo, un rey harto de que sea republicana y de que quiera liarla con mis escritos bajo seudónimo...en fin, cosas así. Me estoy entrenando para ver si me topo o no me topo con alguien que dé la cara ¡sí señor! Los mediocres nunca la dan.

Es que todo lo que veo últimamente no tiene nada de nivel, son personajes mediocres, sin personalidad, caracteres de poquita cosa, gentes muy envidiosas, pelusones y pelusonas (esta voz sí tiene femenino) que no tienen talento ninguno para ser malos ¡qué rabia! y van y se hacen mezquinos, trapisondas, capulletes, de esos que no miran de frente ni por recomendación del médico, pues de esos, y ¡así vamos! mal, muy mal. Conozco uno que es malo, malo, inteligente, académico que tiene poder, pero claro, es amigo. ¡Rediós! Y prefiero que lo siga siendo por si acaso.

Hombres y mujeres malgastan su tiempo en poner zancadillas al otro o a la otra sin ton ni son, en lugar de centrarse en lo que ellos mismos pueden llegar a ser o a hacer, centrarse en el potencial de su mente y claro como en realidad pierden más tiempo en ver lo que  hace otro y criticarle –por lo de la competitividad- su frustración crece cada día y con ello sus ganas de hacer faenas desagradables. El conjunto es muy triste: alguien A con un potencial como el de cualquiera pierde su tiempo en ver e impedir el potencial enorme del otro B sin poder parar lo que hace, con lo cuál el potencial del primero A queda inerte y frustrado sin poder evitar el desarrollo y potencia que adquiere el de su vecino B. Convencido B de que no hace ningún mal a nadie porque no para de trabajar se hace un poquillo orgulloso cosa lógica porque se lo curra, pero A sí hace daño a alguien aunque no lo hace directamente, el hombre es su propio verdugo y la pereza es su arma mortal. Una vez que A ha contemplado como el vecino B ha progresado y A no tiene cómo justificar su incapacidad e inutilidad supina ¿qué sucede? Pues le viene toda suerte de negatividad, A se vuelve negativo y al tiempo un negao de la vida, arrastrando desgana por doquier y desarrollando al máximo el mecanismo de la envidia, de la copia, de la crítica mordaz, comienza a negar todo, empezando por negarse a si mismo como si no fuera capaz de hacer lo mismo que B, simplemente no lo quiere hacer. 

Contempla el camino del éxito cada vez más lejano, en realidad el único problema es que no te da la real gana, no quieres trabajar, no quieres desarrollar tu voluntad y tienes que justificarte como sea, volviéndote destructivo con lo que te rodea y por ello te vuelves así, mezquino y mediocre, resultado, triste muy triste. El hombre no es consciente de su potencial, no sabe lo que es capaz de generar el desarrollo de su mente, y los tiempos de hoy con esta sociedad que nos han dado hecha y de la que nadie parece estar dispuesto a cambiar nada, de lo que se han encargado es de eliminar el conocimiento, la sapiencia o la idea de que tenemos una mente poderosa, que la podemos desarrollar y que ésta nos puede llevar a dónde queramos, porque el individuo no existe. La sociedad presente nos lleva a un mundo absurdo y procura que no pensemos nunca en nuestro interior, en esa mente bestial, capacidad mística, dominio del espíritu, sino que nos entretengamos con cualquier cosa que el tiempo pase por nosotros como si nada y que nos fijemos mucho en lo que hace nuestro vecino para desarrollar las pequeñas vanidades, esas que impiden sistemáticamente nuestro crecimiento.


sábado, 11 de octubre de 2014

Los libros no se regalan

Hablar de libros siendo escritor no es nada del otro mundo, y siendo editor menos todavía, es lo normal, es la conversación monotemática de todos los días, cansino diría yo ¿Qué cambia hoy? Nada, solo que he llegado a la conclusión de que esta obra de arte depreciada como la que más, no se debe regalar, me ha dado por ahí, vamos. Los libros no se deben regalar nunca jamás. ¿Por qué? Vayamos a analizar la razones y luego el paciente lector estará seguro, de mi lado. Se debe estar al lado del escritor por si acaso. Hoy también quisiera recordar una vez más lo peligrosos que podemos llegar a ser los escritores pluma o espada en ristre. Así es.
Ya desde la adolescencia mi afán por que la gente leyera se convirtió en algo intrínseco a mi condición de ser soñador e ideológico por lo tanto absurdo, porque ya ves tú, culturizar al mundo, pues que les den tila al mundo entero y cuanto más ignorantes, pues mehó. Pocos son los que tienen conciencia de que hay que formarse en la vida, vamos, estudiar, lo que viene a ser el derecho a la educación que el mundo moderno desprecia en pos de ser un cazurro
Pero lo cierto es que a una amiga que también estudiaba filología y que era de Casablanca, le presté un montón de libros de nuestra literatura más clásica (esto como queriendo sin duda reinvindicar nuestro teatro de siglo de oro y demás autores canónicos) y aún de la mejor nutrida crítica escrita por nuestros mejores y mas destacados filológos. Hay que decir que algunos de esos libros eran de la Editorial Taurus, magnífica editora que ahora están descatalogados y no se encuentran ni a tiros, solo en las bibliotecas. Bien, nuestra amiga no le devolvió jamás los libros a esta imbécil que escribe y que se dejó engañar porque probablemente era previsible que una vez huída de la Universidad de Granada a su tierra, pues no se molestara en enviarlos a España para que retornaran a su bibliófila dueña. ¡Calzoncillina, que es una!
Mi primera publicación seria fue en una editorial de Santander y cualquiera puede suponer la alegría que esto supone. En su momento ya cometí el error de enviar alguno de regalo a profesores o algún amigo que yo tenía considerado como intelectual, para que lo leyese. Los que uno considera intelectuales generalmente nunca lo son, claro. Ya sé que no era un libro de best-seller ni de chistes, eso da igual. Lo cierto es que la gente no lee de no ser que tenga un interés muy especial por alguna razón. Con los libros de crítica literaria y textual hay que tener mucho cuidado por lo de los copiotas, porque se los leen los colegas y copian aunque no lo admitan jamás y la cosa cambia. De esto ya he hablado en otra parte y ya me da igual si me copian las ideas –sé perfectamente quien lo hace y podría desenmascararlo perfectamente- o si siguen mis pasos como investigadora, eso es señal de que el trabajo no pasa desapercibido. Gané en un caso de plagio ¿eh? osea que, al loro.
Hace diez años eramos dos o tres seres mundiales que nos dedicábamos a escribir sobre Teatro de Galdós, más particularmente yo que escribí mi tesis doctoral de 2500 páginas sobre sus manuscritos. Ahora la cosa se ha animado y siguen empeñándose en editar libros de teatro –aun a sabiendas de que no saben lo que dicen la mayoría de las veces- y eso está muy bien, señal también de que las cosas, las formas, las ideas no caen en saco roto. No hay nada que temer. Otras veces regalando libros a alguna desagradecida, lo que me sirvió para comprobar que no dan ni las gracias, eso sí, luego los utilizan para sus trabajos, pero no te nombran, no dicen jamás que has sido tú quien ha pensado en eso en el libro tal, página tal de la editorial y año...pascual, no, nunca lo dirán pero tiene mucha gracia y algún día diré probablemente muchos nombres de estos eruditos copiotas y desagradecidos que además ni se molestan en reconocer la verdad. Bien, paso página porque en el fondo -lo saben los que me conocen- estas cosas me importan un cojón. 

Normalmente cuando uno consigue publicar sin que te conozcan de nada en una editorial, es decir sin tener contactos en la política y demás –en este caso lo logré como estudiosa y filóloga en Anaya- pues es poner una pica en Flandes. Pocos he regalado de esta casa porque no me da la gana, quiero decir que la editorial te da muy pocos, uno tengo del último tocho de teatro, sin embargo, Anaya envía de cada título que publica ejemplares a personalidades destacadas del mundo de la literatura o a estudiosos que les pueda interesar. Puede ser que los envíen a doscientas o trescientas personalidades. Recibir, lo reciben, pero nunca dan las gracias ni dicen si les ha gustado o no, pues evidente es, que la lista de personas que los autores damos son nuestras, son nuestros compromisos por decirlo así, y ellos reciben su regalo pero debe ser que como es de regalo pues ni pajolero caso. Si se gastaran los machacantes entonces lo apreciarían mucho más, sin duda. La situación con los años se ha agravado considerablemente hasta el punto de plantearme muchas cosas, sí, como en un total crak de decisiones a tomar. Y es que desde que en el 2003 comencé además a ser editora, a tener una editorial, esto ya ha llegado al extremo. Muchas veces te piden con compasión los libros, otras veces te los piden con un interés que supongo que mi ego no lo puede resistir y accedo y regalo, otras pienso cuando es un libro de creación que así me conocerán un poco más, otras veces piensas que no lo encontrarán fácilmente en las librerías de al lado de su casa –esto es para los que viven lejos, en el extranjero-, otras crees que es bueno tener un detalle y...¡qué mejor que un libro de mi editorial!. Pues mal, muy mal. No se deben regalar los libros porque cuando la gente no se gasta el dinero, los putos peculios en comprarlo, no lo valora en absoluto. Lo menos que uno se espera, es que te den las gracias, que la vida es muy larga y nunca se sabe dónde y en qué circunstancias nos volveremos a ver, nunca se sabe si una firma de hoy no tiene un valor extremo mañana. El resultado es una pena, no hablaré de los robadores de libros por que también he escrito sobre ello y no viene al caso, pero ser maleducado con el arte de los demás, es un delito, tanto como el robar. Siempre hay que ser agradecido y al menos –aunque luego no lo leas porque estoy convencida de que nadie lee nada al menos en España- dar las gracias a la persona, autor o editorial que tiene la deferencia de enviártelo a tu casa con el consiguiente gasto. No voy a decir que cada ingrato recibidor de libro me envíe una reseña de cada título, pero sí, algo. Si son libros editados a otros vamos pasando el examen pero la cosa empeora cuando es el libro escrito por el autor que es amigo tuyo. Lo peor de tener un amigo escritor que te regala su libro y que le vas a ver más de una vez es que tienes que hacer los deberes ¡amiguito!

domingo, 5 de octubre de 2014

Ser o estar en el Mundo (del ensayo Con una palabra tuya)


Con toda probabilidad  las personas que integran el mundo se han preguntado alguna vez por la razón de estar aquí, se han preguntado por el propósito de la vida, el propósito de la existencia en este mundo.
Martin Heidegger (1889-1976) cuando analizó la esencia del existir se dirigió expresamente al concepto unívoco de estar en el mundo argüyendo en este sentido que las determinaciones del ser, del existir, tienen que verse y comprenderse sobre la base de lo que se llama el estar en el mundo que es un fenómeno unitario y, por tanto, no ha de tomarse como una composición de los conceptos mentados por su expresión. Uno de los modos posibles –decía- de tratar con las cosas es conocerlas; pero todos suponen esa previa y radical situación del existir, constitutiva de él, que es el estar desde luego en algo que se llama primariamente mundo. Para el filósofo alemán “estar en el mundo” (In-der-Welt-sein) solo puede hacerse de forma plena y comprensiva desde un punto de vista fenomenológico del concepto del mundo. De momento, mundo, no son las cosas (árboles, hombres, montañas...) que hay dentro del mundo y que son intramundanas (innerweltlich). Desde ese punto de vista, la naturaleza, tampoco sería el mundo, sino un ente que encontramos dentro del mundo, como son también las emociones, los sentimientos, son entes en diversos grados y formas que pertenecen al mundo. Ni siquiera la interpretación ontológica del ser de estos entes se refiere al fenómeno mundo, que está ya supuesto en estas vías de acceso al ser objetivo. Mundo por tanto para Heidegger representa ontológicamente un carácter del existir mismo. No podemos a penas resumir aqui todas las ideas del filósofo alemán, es obvio, pero sí al menos recordar algún concepto como este de la existencia en su relación con el mundo. La “esencia” del existir consistiría en su existencia, porque el existir implica siempre el pronombre personal, yo soy, tu eres, y de ahí desglosamos que el existir es esencialmente su posibilidad; por esto puede elegirse, ganarse o perderse y por esto le pertenecen dos modos claros y definitivos de ser: autenticidad o inautenticidad.
En las distintas etapas por las que atraviesa el ser, muchas veces nos planteamos esta dicotomía y con ello a medida que pasa el tiempo y que alcanzamos una edad, con mayor motivo nos planteamos estas preguntas yo quiero ¿ser del mundo, estar en el mundo o vivir en el mundo? No es fácil dilucidar estas proposiciones, pues si bien la función verbal que las diferencias y que en otras lenguas sería intraducible, en español impone a estas frases un fuerte concepto filosófico y religioso. Probablemente la mayoría de los seres lo que queremos es vivir en el mundo, entendiendo este como un lugar de existir, es solo existencia porque relacionamos vivir y mundo, existir y mundo aunque por desgracia sabemos que esto no siempre es verdad. Hay muchos seres que están en el mundo pero no viven en él, hay muchos seres que son del mundo pero no viven en el mundo, por ello el concepto activo de vida, de vivir intrínsecamente relacionado con el de existir y mundo deberían de estar siempre unidos para que nadie se sienta en los otros dos rincones (ser y estar en el mundo) que tanta angustia y desolación producen en el ser humano.
Pero y volviendo a la filosofía de Heidegger la muerte aparece como el otro vértice del estar en el mundo, el otro lado, es el otro punto importante del que evidentemente ya no hay retorno. El existir es siempre algo inacabado, por eso nos produce angustia, la angustia nos la produce la nada,  pero también nos produce horror y angustia precisamente el dejar de ser. Cabe, en cierto sentido, una experiencia de la muerte del prójimo. En este caso, la totalidad que el prójimo alcanza en la muerte es un ya no existo, en el sentido más absoluto de ya no estoy en el mundo. La muerte hace aparecer el cadáver; el fin del ente propio de cada cual. Los seres vivimos unos en otros, cuando un ser muy querido fallece y si ha sido muy amado, no muere, solo desaparece su cuerpo, su persona, su alma se queda con nosotros en multitud de acciones, de movimientos, de actos, de expresiones. El ser no se va, intuyo, sé, que los espíritus desde el otro lado trabajan para que no suframos los que nos quedamos aquí, trabajan para ayudar, y si hacemos lo correcto podemos sentir su influjo. Sabemos que siguen existiendo en nuestra alma, lo sabemos y lo sentimos si dejamos que esta corriente actúe y cada día podemos dejar actuar su acción absoluta sobre nuestra vida hasta que llegue el momento de volver a reencontrarse. La muerte es solo una separación temporal de un tiempo que tenemos, que corresponde aquí a la tierra y en la que debemos hacer el esfuerzo de entender la temporalidad global  de los diversos ciclos que tenemos que cumplir. La muerte deja que sigamos siendo para los demás aunque ya no estemos en el mundo.


jueves, 2 de octubre de 2014

Chaque homme est une humanité, une histoire universelle (Michelet)


"Si cada uno nos quedáramos en la tierra que nos vio nacer, todo iría mejor" escuché el otro día a un amigo decir y me hizo reflexionar. En efecto, hoy no voy a hablar de la inmigración o emigración, pero sí que quería dar una idea sobre lo que significamos las razas fuera de nuestro país. Y es que la mayoría de la gente cuando se quejan de las costumbres que tenemos unos y otros no lo hacen por lo que hacen en sí, sino porque lo hacen fuera de su país y eso molesta. En general, con ello, nos referimos con más frecuencia a las costumbres que de la religión se desglosan, pero hay otras muchas costumbres más que pueden causar estupefacción, sin duda. Suele molestar la forma alta de hablar de españoles e italianos cuando no estamos en nuestro país porque somos muy ruidosos. En los países europeos no se habla alto, no gustan los niños ruidosos, ni siquiera les gusta que te rías, sin embargo cuando ellos vienen a Italia o España en busca de sol o de distensión alaban esa forma de vivir felices. En España y los países europeos tampoco gusta cómo se visten los musulmanes y de forma más concreta cómo se visten las mujeres musulmanas, no sé, les afecta, les importa...la gente opina, se escandaliza, como si les importara algo. Por el contrario cuando se viaja a sus países, sin ir más lejos aquí al lado a Marruecos, entonces, nos parece lo normal, nos parece exótico, nos encanta el ambiente, los olores. Es emocionante cuando el almuédano canta desde el minarete o alminar la llamada a la oración, nos parecen un pueblo de fe, de oración, gente buena, sin embargo aquí los discriminamos y cuanto más cerca se está de ellos geográficamente más odio o diferencia se quiere establecer. ¡Un horror! 


Ni te quiero contar cuando nos encontramos por la calle a un judío con sus costumbres alimenticias, el Mezuza, el Tsisit y Talit, el afeitado, el kipa, el matrimonio judío, el Brit milá...son algunas, pero hay muchas más. Parece salido del Antiguo Testamente y el ciudadano de a pie cree que están locos, como locos parecen los budistas o los samurais. En nuestro país lo que más molesta es lo de los musulmanes, sin que nadie recuerde ya que somos muy parecidos, por no decir, que la mayoría de nosotros venimos de ellos (Lo de los ocho siglos aquí que es un tiempecito). 
Lo de la bachata y demás ritmos tropicales entre los suramericanos es la pera, el deje argentino cargante, el "andele" mexicano de películas cantinfleras, no son del agrado. En Francia rápidamente se reconoce a los "afros" todos hablan igual sea francés, español... La manera de vestirse las mujeres suramericanas imponiendo el pantalón mientras se muestra la sensual barriguita, con grandes caderas y camisetas muy ceñidas es de ellas original, aunque sea para ir a Carrefour. Tacones a las 6 de la mañana inauguran las calles, manicura de los chinos o sus horarios que han dado al traste con la revolución del proletariado trabajando como esclavos...las mujeres de color quieren alisarse el pelo, las orientales se lo quieren rizar...con ello hay trabajo en las peluquerías. Cuando vamos a China no nos importa que trabajen de esa manera, pero cuando están aquí nos cambian toda nuestros derechos -conseguidos a base de dejarnos la vida- dejándose explotar de semejante manera.
Unos complementan a otros, pero a nadie le gusta ver en su país a otro que no hace lo mismo que él, he oído una y otra vez. Es así. Ya he hablado de ser emigrante en alguna ocasión, largo tema que ahora no voy a recordar. Hoy solo hago una llamada al poco sentido del ser humano cuando en realidad no nos importa en absoluto el hecho en sí mismo, sino dónde se realice este hecho. "Todo está bien, pero en su tierra", escuchamos con frecuencia.
Por esa razón, son pocos los que atienden a la idea de ser humano, como ser individual y atendemos al grupo con sus costumbres de raza, cuando el individuo sufre, ríe y padece de la misma manera. Y ahí estamos intentado impedir guerra por doquier.  

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...