jueves, 2 de octubre de 2014

Chaque homme est une humanité, une histoire universelle (Michelet)


"Si cada uno nos quedáramos en la tierra que nos vio nacer, todo iría mejor" escuché el otro día a un amigo decir y me hizo reflexionar. En efecto, hoy no voy a hablar de la inmigración o emigración, pero sí que quería dar una idea sobre lo que significamos las razas fuera de nuestro país. Y es que la mayoría de la gente cuando se quejan de las costumbres que tenemos unos y otros no lo hacen por lo que hacen en sí, sino porque lo hacen fuera de su país y eso molesta. En general, con ello, nos referimos con más frecuencia a las costumbres que de la religión se desglosan, pero hay otras muchas costumbres más que pueden causar estupefacción, sin duda. Suele molestar la forma alta de hablar de españoles e italianos cuando no estamos en nuestro país porque somos muy ruidosos. En los países europeos no se habla alto, no gustan los niños ruidosos, ni siquiera les gusta que te rías, sin embargo cuando ellos vienen a Italia o España en busca de sol o de distensión alaban esa forma de vivir felices. En España y los países europeos tampoco gusta cómo se visten los musulmanes y de forma más concreta cómo se visten las mujeres musulmanas, no sé, les afecta, les importa...la gente opina, se escandaliza, como si les importara algo. Por el contrario cuando se viaja a sus países, sin ir más lejos aquí al lado a Marruecos, entonces, nos parece lo normal, nos parece exótico, nos encanta el ambiente, los olores. Es emocionante cuando el almuédano canta desde el minarete o alminar la llamada a la oración, nos parecen un pueblo de fe, de oración, gente buena, sin embargo aquí los discriminamos y cuanto más cerca se está de ellos geográficamente más odio o diferencia se quiere establecer. ¡Un horror! 


Ni te quiero contar cuando nos encontramos por la calle a un judío con sus costumbres alimenticias, el Mezuza, el Tsisit y Talit, el afeitado, el kipa, el matrimonio judío, el Brit milá...son algunas, pero hay muchas más. Parece salido del Antiguo Testamente y el ciudadano de a pie cree que están locos, como locos parecen los budistas o los samurais. En nuestro país lo que más molesta es lo de los musulmanes, sin que nadie recuerde ya que somos muy parecidos, por no decir, que la mayoría de nosotros venimos de ellos (Lo de los ocho siglos aquí que es un tiempecito). 
Lo de la bachata y demás ritmos tropicales entre los suramericanos es la pera, el deje argentino cargante, el "andele" mexicano de películas cantinfleras, no son del agrado. En Francia rápidamente se reconoce a los "afros" todos hablan igual sea francés, español... La manera de vestirse las mujeres suramericanas imponiendo el pantalón mientras se muestra la sensual barriguita, con grandes caderas y camisetas muy ceñidas es de ellas original, aunque sea para ir a Carrefour. Tacones a las 6 de la mañana inauguran las calles, manicura de los chinos o sus horarios que han dado al traste con la revolución del proletariado trabajando como esclavos...las mujeres de color quieren alisarse el pelo, las orientales se lo quieren rizar...con ello hay trabajo en las peluquerías. Cuando vamos a China no nos importa que trabajen de esa manera, pero cuando están aquí nos cambian toda nuestros derechos -conseguidos a base de dejarnos la vida- dejándose explotar de semejante manera.
Unos complementan a otros, pero a nadie le gusta ver en su país a otro que no hace lo mismo que él, he oído una y otra vez. Es así. Ya he hablado de ser emigrante en alguna ocasión, largo tema que ahora no voy a recordar. Hoy solo hago una llamada al poco sentido del ser humano cuando en realidad no nos importa en absoluto el hecho en sí mismo, sino dónde se realice este hecho. "Todo está bien, pero en su tierra", escuchamos con frecuencia.
Por esa razón, son pocos los que atienden a la idea de ser humano, como ser individual y atendemos al grupo con sus costumbres de raza, cuando el individuo sufre, ríe y padece de la misma manera. Y ahí estamos intentado impedir guerra por doquier.  
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