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Amicitia quae desinere potest, vera nunquam fuit ( La amistad puede dejar de ser, porque nunca fue verdadera)



El título del texto de hoy de las Cartas de San Gerónimo me viene al pelo para hablar de la amistad, de la hipocresía...En la cultura helénica no existía el perdón en cuanto tal. Reconocían, en cambio, la indulgencia, la compasión o la simpatía. Lo cual no quita para que, si alguien actuaba contra los dioses, por ejemplo, sufriera su castigo correspondiente de forma ejemplar. El mismo Sócrates pensaba que sus falsos acusadores se hacían a sí mismos (en esto coincido con él bastante) un daño mayor que el que le infligen a él; por eso más que desear vengarse, les compadece, ya que piensa que es preferible sufrir una injusticia a cometerla. Sin duda para mi, aplico este principio hoy mismo que hablo un poco sobre la forma de entender la amistad de algunos. 

Robert Louis Stevenson escribió acerca de una lucha constante entre el bien y el mal en la novela clásica acerca del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde. La historia relata que al principio, "el Dr. Jekyll es un médico londinense sumamente respetado, un hombre bueno y bondadoso que en su juventud demostró una inclinación hacia el mal pero logró suprimirla. Interesado en las drogas, ahora, por casualidad, el doctor encuentra una que le permite cambiar su forma exterior a la de un enano repulsivo, la encarnación misma de la maldad, al que llama Sr. Hyde. Una dosis similar le permite regresar a la forma y a la personalidad del doctor benevolente. El doctor se convierte muchas veces en el Sr. Hyde, dando así más y más poder a ese aspecto de su naturaleza. Cada vez es más difícil para el Dr. Jekyll recuperar su entidad virtuosa, y en ocasiones también se convierte en el Sr. Hyde sin usar la droga"  . En su carácter del Sr. Hyde comete asesinato y, cuando la droga deja de surtir efecto y ya no puede volver a ser el bondadoso Dr. Jekyll, se descubre la verdad y el Sr. Hyde se quita la vida. 

Hoy, parece clave el hecho de no convertirse en un Sr. Hyde malvado e inicuo para ser una "persona decente" es tomar la decisión de no ceder ante las tentaciones destructivas. Uno de los engaños del Sr. Hyde es lo que algunos erróneamente llaman el arrepentimiento premeditado. Puede sonar sutilmente atractivo, pero, de hecho, es un concepto pernicioso y falso. Su objetivo es persuadirnos a transgredir consciente y deliberadamente con la idea preconcebida de que un arrepentimiento rápido nos permitirá disfrutar de todo ahora y después de esta vida. Eso no existe. El verdadero arrepentimiento puede ser un proceso largo y doloroso que a menudo se "purga" en esta vida. Como detalle comentaré que no sé por qué razón (a mi abuelo le sucedía lo mismo) no he tenido nunca necesidad de vengarme de nadie, de devolver al que no se ha portado bien conmigo flagelaciones. Se han flagelado ellos solos y con mirar su vida, ya veo que la justicia poética que tanto hablamos los profes en teatro, pues que se da en esta vida y con creces. Solo hay que mirar a nuestros enemigos.
A fin de cuentas se descubrirá la verdad acerca de quiénes somos y lo que hacemos. Creo que se nos ha recordado que ". . .porque se pregonarán sus iniquidades desde los techos de las casas, y sus hechos secretos serán revelados" . Ya que vivimos en un entorno moralmente insensibilizado, es difícil decirnos a nosotros mismos y a los demás que nuestros hechos no son correctos.
Algunas personas llevan máscaras de decencia y de rectitud externa, pero viven vidas de engaño, creyendo que, al igual que el Dr. Jekyll, pueden llevar una vida doble y nunca ser descubiertas. Santiago dijo: "El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos". Bueno, he conocido mucha, mucha gente así, sorprenden por su variedad de conciencia y sobre todo por sus actos que yo identifico claramente y que después nos lleva a llamarlos "amigos" porque de alguna manera hay que "llamarlos" pero que en realidad no lo son. Los amigos son otra cosa y no sufren de envidia o de recelo. 

Los hipócritas (y últimamente no veo otra cosa) son las personas que llevan máscaras externas que representan una cosa que les interesa aparentar pero que en el interior practican el mal y el engaño. Así eran los escribas y los fariseos que acudieron al Salvador fingiendo estar preocupados y buscar Su sabio consejo. "Maestro", le dijeron en tono adulador, "sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres".
Con esas artimañas tenían la esperanza de tomarlo desprevenido y le preguntaron: "Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?"
Su pregunta iba cargada de intenciones inicuas, porque una de las leyes romanas más ofensivas era la del tributo. Si hubiera contestado "Sí", los fariseos habrían dicho que no era leal a los judíos. Si hubiera contestado "No", lo habrían denunciado por traición. "Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?"
Les pidió que le mostraran una moneda y les preguntó: "¿De quién es esta imagen, y la inscripción?" Le contestaron: "De César", y él calló a los fariseos hipócritas con la respuesta clásica: "Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios". Estamos en el mundo, pero no debemos dejar que se apoderen de nosotros la hipocresía y el engaño que hay en él. Estamos en el mundo pero no somos del mundo. Esta es una premisa que siempre he llevado en mi vida y creo que mis hijos, también, y nos va muy bien. No, no quiero ser como la mayoría que se vende al más postor, ni la mayoría que solo busca sus intereses en la tierra sin darse cuenta que eso no es en lo que uno piensa cuando te vas a morir. ¿Acaso no recuerda uno si tiene un poco de conciencia sus buenas obras, sus buenos hechos, aquella mano que ha prestado a su amigo? pues no señor, la gente sigue erre que erre hasta el final de sus días, compitiendo, traicionando. ¡Puf!
¿Y qué horror descubrir que un amigo no lo es cuando hubieras dado la vida por él? ¿Y qué horror descubrir la traición? Yo, me quedo con Séneca, quien veía en el hecho de apiadarse el motivo fundamental para perdonar: "Perdona al más débil que tú por piedad hacia él; y al más fuerte que tú por piedad hacia ti", aunque no deje uno de ver siempre los mismos errores. Vale.

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