martes, 26 de mayo de 2015

Adaptación de los postulados filosóficos griegos al cristianismo en la Edad Media Cap. I



El siglo XIII representó algo así como "el siglo de oro" de la filosofía occidental en la Edad Media. El aspecto decisivo de este auge fue la irrupción en el Occidente cristiano de los textos de Aristóteles; llegaron de la mano de los filósofos árabes y judíos y penetraron en la filosofía occidental gracias a los traductores y las escuelas de traducción (la de Toledo que sigue vigente hoy día) que vertieron el pensamiento del griego al latín directamente o al romance y de éste al latín. Hasta el momento, los pensadores cristianos habían elaborado su pensamiento con el conocimiento de textos platónicos o neoplatónicos; la llegada de los escritos aristotélicos cambió profundamente el quehacer filosófico, pues los pensadores sen encontrarán ante el mayor filósofo griego, cuyas ideas les obligaron a lidiar con aspectos no siempre fáciles de acoplar al razonamiento cristiano. 
El máximo exponente del siglo fue Tomás de Aquino, a quien preocupó entre otras cosas, incorporar a Aristóteles al pensamiento cristiano, armonizar la razón y la fe o buscar pruebas de la existencia de Dios (estos dos últimos aspectos característicos de la filosofía medieval). Tomás tuvo dos antecesores importante San Buenaventura o Alberto Magno que fue su profesor y maestro. Éste fu asimismo el siglo en que aparecieron las universidades, herederas y sustitutas de las escuelas monacales. Una de las más importantes fue la universidad de París, centro cultural de la época que se encontraba bajo el protectorado del rey de Francia y del Papa; en ella se impartían estudios de artes, filosofía y teología. Otra importante universidad de la época fue la de Oxford, que también integró a Aristóteles pero que se centró más en los aspectos científicos de su pensamiento así como en los conocimientos matemáticos y físicos que habían legado los árabes; con ello el camino para los materialistas de Occam, la ciencia del Renacimiento y para la escuela empirista inglesa del siglo XVIII. Las tesis aristotélicas relacionadas con la ciencia penetraron con fuerza en el saber occidental a pesar de las sucesivas prohibiciones, que pesaron sobre ellas; fueron superando todas las barreras asta que finalmente le papado incluyo su estudio en los currículos universitarios. Por su parte, la Universidad de Bolonia será famosa por sus estudios de jurisprudencia.
Fue éste también el siglo de las órdenes mendicantes, en especial de los franciscanos y dominicos, que llegaron a tener gran influencia, la primera fue fundada por Francisco de Asis y la segunda por Domingo de Guzmán con la misión de combatir la herejía cátara. Los monjes, aislados del mundo en sus monasterios, se convirtieron en frailes integrados en la sociedad, en especial en los ámbitos educativo y político. Ambas órdenes tuvieron gran influencia en la Universidad de París y algunos de los grandes filósofos de la época se adscribieron a una u otra orden: Alberto Magno y santo Tomas de Aquino fueron dominicos, San Buenaventura, Escoto, Roger Bacon u Occam, franciscanos. 
Este siglo fue además el siglo de las Summae, que eran unas antologías de los Padres de la Iglesia clasificadas por materias. Este tipo de textos se generalizaron entre los teólogos del siglo, convirtiéndose en el género utilizado. Por último, desde el punto de vista de la política asistimos a las Cruzadas, al nacimiento de las órdenes militares (como la de l Temple) al florecimiento de las ciudades estado italianas, al fin de las luchas entre el papado y el imperio y a la progresiva consolidación de las monarquías occidentales. 


                                                  

viernes, 15 de mayo de 2015

El asesino, políticos y reyes en decadencia



En nuestro país el asesinato a cargos públicos -otrora reyes- se ha dado con mucha frecuencia, en otros países también, ahora comienza a desencadenarse en otros lugares con bastante profusión el desbancamiento de dirigentes y gobernantes explotadores aunque al menos no se les asesina que ya es bastante. Las personas que gobiernan a los pueblos, o las que siguen la carrera de la política tienen que contar cotidianamente con un elemento intruso, pavoroso y muchas veces irremediable: el asesino. En todos los tiempos desde que existen gobernantes, hubo atentados a la persona; pero eran aquellos atentados fruto de una confabulación, movimientos colectivos que tenían carácter de conciencia y de responsabilidad. A César no le mató Bruto; le mataron todos los enemigos del cesarismo. Después y ya entrados en el XIX y XX, surgió la figura del hombre individual, que mata espontáneamente, a requerimientos personales. Este hombre de ahora tiene un sabor nuevo, más terrible y desconcertante que los conspiradores antiguos; tiene un sabor de fatalidad y de inconsciencia considerable, y esta inconsciencia y fatalidad le convierte en un ser tan pavoroso como irremediable.
¿Que cómo surgió esa figura del asesino aislado? la sociedad europea, también fue europea nuestra sociedad incluso a principios del XX y hasta el fin de la República, vio que los vínculos internos y asociados se rompían, dando paso a una forma de nihilismo o de independencia personal importante. El individuo que antes se sentía en las tupidas mallas sociales, y que dependía de la colectividad por una serie de jerarquías y sumisiones cesararias, hoy se encuentra aislado, libre de trabas, aéreo y móvil como una cosa al viento. La instrucción fundamentalmente enciclopédica le liberta de la dependencia cultural: tiene nociones de todas las cosas, y los libros baratos, los periódicos fácilmente adquiribles le nutre de numerosos y universales conocimientos, hoy el uso de internet le proporciona esa ventana a un mundo enorme y mágico que le nutren de universales conocimientos. Estos mismos periódicos y noticiarios que imagino que después son los que elaboran el notición, le aleccionan en los asuntos públicos y poniéndose humildemente a su servicio le hacen a él, anónimo lector, punto central de la vida política. Este hombre de ahora se siente halagado, y convertido, por consiguiente, en sancionador y juez de las cosas públicas. Añádase, además, el espíritu cosmopolita que va adquiriendo la vida civilizada, la dignificación del individuo por las huelgas y concesiones sociales y tendremos un ejemplar de hombre moderno que sigue, instintivamente, las lecciones de Marx Stirner: el uso del arbitrio individual ante todas las contingencias, morales o sensorias.

Los que se aventuran hoy en la carrera pública están obligados a contar con este hombre moderno, aislado, individualista, obediente a sus impulsos personales y arrastrado por el arbitrio de sus pasiones. Este hombre fatal es mucho más temible en los pueblos latinos o meridionales, por existir en tales pueblos una mayor propensión al homicidio y al asesinato. Y entre los pueblos latinos, el que más debe temer a esa clase de seres es el pueblo español, por haber sufrido una triste condición de raza inexperta, ignorante y poco batida en los azares de la civilización. El pueblo italiano ha pasado lo suyo, todavía más propenso al homicidio que el español ha dado hasta ahora la mayor parte de los asesinos políticos; pero, pasado el tiempo vemos como pasó a ese género de actividad el pueblo español, y de su inexperiencia, de su amorfismo rudo, se deben esperan grandes desdichas.

El desprecio por la vida es ahora mucho mayor que antes. Cohibían el alma de nuestros antepasados múltiples terrores de índole religiosa y material; apartados los elementos airados, como eran los militares, los pícaros y aventureros, el resto de los hombres vivía en un cierto estado de infantilismo. Hoy la vida se la desprecia más, acaso porque vivimos en un régimen sensual; siendo el fin de la vida la consecución del placer, quien no alcance ese placer se sentirá fácilmente dispuesto a dejar una vida que no da lo que se pide. Los que ahora se inmolan y matan que lean la letra gorda, porque probablemente sean ejemplares típicos del hombre que renuncia a todo, porque carece de todo; rodando de taller en taller, disgustado del mundo y de sí mismo, se abandona por último a la fatalidad de su destino como una alga; las últimas monedas las emplea en adquirir la pistola (un decir de una bomba) y cuando se lanza a la catástrofe está previamente roto, muerto, perdido para toda reacción de la voluntad. Más que un acto consciente, es una cosa que se desploma y que se rinde...
Decía Maquiavelo, al adiestrar a los príncipes en la escuela de la tiranía, que un príncipe debe apretar hasta el último extremo los resortes del poder y de la fuerza. Para esto aconseja que se prevalga el príncipe de un buen ejército y de unos inteligentes capitanes, y escudado en ellos, puede desafiar los agravios del enemigo exterior y del populacho. Y añade después, para sosegar los temores del príncipe, que éste no ha de temer el ataque individual, porque los hombres aman mucho su vida y nadie se expone al riesgo inminente de perderla. Pero esto podía escribirse en el siglo de Maquiavelo. Hoy todos podemos comprobar que no bastan ejércitos y los capitanes y que toda la fuerza imaginable deja siempre un resquicio por donde se cuela el asesino individual. Maquiavelo no conocía para los príncipes la posibilidad de consolar alienando al populacho casando a éstos con una de los de aquellos. En tiempos de Maquiavelo le era más fácil a un príncipe resguardarse de los ataques y asechanzas; pero hoy el enemigo -felizmente para algunos dirán- tiene armas de fuego certeras, bombas terribles y asoladoras. Quizás el remedio principal consistiera en proponer a los hombres que dirigen las conciencias una mayor responsabilidad; convencer a los que hablan y escriben de que el atentado personal es una regresión a la barbarie y de que una vez puesta al alcance de los inconscientes el arma ejecutiva y justiciera, los mismos inductores de hoy pueden ser los agredidos de mañana. Que el sistema de tomarse la justicia por la propia mano es un sistema incalificable, estéril, desconcertador, que debe poner miedo en todas las conciencias medianamente responsables, de acuerdo, pero que no se puede abusar de un pueblo al que se le humilla, se le deja en el paro, mientras otros se pasean por exposiciones, por países, asisten a cenas maravillosas con toda su jeta, porque por fin han conseguido alienar a los otros con sus astucias. Eso es provocar al individuo...y luego, pasa lo que siempre ha pasado, que despiertan al asesino individual.


miércoles, 13 de mayo de 2015

El concepto Persona (πρόσωπο)





La Biblia no tiene término propio para la idea de persona, a no ser que se dé tal sentido a la palabra griega (πρόσωπο)  de Corintios 2, I, II. Los escritores sagrados suelen usar otra palabra, como rostro (Sam 2 17; 11 en Is 3, 15 panim, (cara) equivale a persona; y conceden tal importancia a la persona de Dios que la persona humana aparece en cierto modo como desvalorizada Jer 10:23; is 13:3. Sin embargo, cuando se examinan de cerca las relaciones entre las personas individualmente consideradas y la comunidad religiosa a la que esas persona pertenecen se comprende mejor el pensamiento bíblico en orden a la dignidad de la persona humana. entonces se ve, efectivamente, cómo el concepto de persona está en la base misma de las enseñanzas bíblicas sobre la retribución y la vida del más allá. 
Críticos del siglo XIX, fundándose en la hipótesis de la evolución religiosa de Israel, pretendieron que antiguamente los israelitas ignoraban en absoluto el carácter individual de la religión, por lo que las relaciones individuales entre Dios y la persona humana no aparecen formuladas sino después del destierro por Jeremías y Ezequiel. Wellhausen en su momento resumió así en forma lapidaria, esta hipótesis: "La persona humana se sentía aplastada por la rueda de la historia; no tenía otro remedio que someterse, sin esperanza de posible evasión. Su recompensa única era el mayor bienestar del pueblo". Pero aunque muchos aceptaran semejante tesis,pronto se dibujó una fuerte reacción contra esta idea demasiado unilateral. Contra el "dogma bien entendido" de que la importancia de la persona humana en la religión sólo era una adquisición reciente, se puede demostrar que las más antiguas tradiciones religiosas tenían realmente muy en cuenta la persona humana individual.
Sin embargo hay que reconocer  que la persona individual estaba estrechamente ligada a la colectividad del pueblo escogido. Pruebas de ello se encuentran en los castigos colectivos, inflingidos en virtud del principio inmutable de la retribución (Exodo 20:5, Núm 14:19, Dt 5:9, Lev 20:5) o en nombre de las leyes sobre la venganza de la sangre. También la recompensa es colectiva (Gén 7:1, Jueces 1:25) Esta solidaridad en el castigo y en el premio vale para todos los miembros de una familia, ara todos los que viven en una misma ciudad, para todos los habitantes de una región, y aun para todos los miembros de la nación. 
para determinar, por tanto, la relación entre le clan (entidad que en la época antigua tenía lazos morales en mayor grado de los de mera consanguinidad) y las personas individuales, algunos acuden, desde hace una veintena de años, a la idea de"personalidad colectiva". Según esta idea, todo un grupo o clan, con sus miembros ya difuntos y aun con los que están por nacer, puede actuar como una sola persona de forma que cualquiera de sus miembros puede considerarse como intérprete y representante del grupo. Realmente aunque esta idea de la "personalidad colectiva"contienen elementos aplicables al Antiguo Testamento, la presencia espiritual de algún antepasado, parece, sin embargo, demasiado primitiva para que pueda ser aplicada a este propósito. Y de odas formas, habría que insistir mucho más en el valor representativo de la persona y mucho menos en la pretendida absorción de las personas en la comunidad religiosa. 

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...