lunes, 22 de junio de 2015

Filósofos cristianos: Santo Tomás de Aquino


Los filósofos cristianos, como ya hemos dicho, realizaron en la Edad Media una paulatina labor de integración y adaptación a los postulados de la fe del pensamiento de los grandes filósofos griegos; San Agustín unió cristianismo y filosofía platónica, Santo Tomás hizo lo propio con las ideas aristotélicas que acababan de llegar al mundo cristiano y se convirtió en el filósofo más relevante de la Edad Cristiana. El trabajo de su maestro Alberto Magno le abrió y preparó el camino para la asimilación del aristotelismo; su pensamiento destacó en especial por la originalidad del planteamiento que hizo respecto a las relaciones entre razón y fe, entre filosofía y teología, por su trabajo a la hora de demostrar la existencia de Dios y por sus postulados ético-políticos. 
Santo Tomás de Aquino fue un hombre eminentemente contemplativo, introvertido y profundamente religioso. Pero al mismo tiempo también fue un gran trabajador que escribió numerosos textos, realizó una ingente tarea en calidad de docente y desplegó una intensa actividad tanto en la corte pontificia como en la real francesa. Este dualismo vital fue un reflejo de su pensamiento; separó con claridad los campos de acción de filosofía y teología, destacando la importancia de cada una y estableciendo asimismo la jerarquía que debía existir entre ambas, conceptos que extendió a sus ideas éticas y a su visión del Estado y la Iglesia.
Entre sus obras de corte filosófico cabe destacar sus Comentarios a Aristóteles, en los que analizó el pensamiento del filósofo griego, diversos Opúsculos (breves tratados filosofícos o teológicos), numerosas Quaestiones y algunas Summae, entre ellas la Summa contra gentiles y sobre todo la Summa theologica, su obra principal, compuesta de diversas partes que tratan temas como el de la naturaleza divina, los actos humanos o las virtudes y los vicios. Estos textos se convirtieron ya en el siglo XIII en la base de la Escolástica y lo que siguió fueron en gran parte comentarios a su Summa theologica. 
Santo Tomás leyó y comentó con atención los escritos de Aristóteles, analizando a fondo sus textos metafísicos, lógicos, éticos, políticos, asó como su producción más científica, y adaptó sus conocimientos a la Escolástica cristiana. Ese fue su gran mérito.No hay que olvidar que los problemas que preocupaban a ambos filósofos, separados por 16 siglos, eran de índole muy diferente, en especial por lo que la irrupción del cristianismo había significado. Y Santo Tomás fue ante todo un cristiano convencido que y utilizó la filosofía aristotélica, los elementos de gran valor intelectual que ésta le proporcionaba, para plasmar el punto de vista cristiano sobre los problemas que preocupaban a los escolásticos: la relación entre razón y fe, la demostración racional de la existencia de Dios o la cuestión de los universales, entre otros.
Hasta aquel momento, según la perspectiva agustiniana, los sucesos naturales y el mundo sensitivo poco diferían del mundo extraterrenal y se regían por las leyes que en éste reinaban, mientras que la incorporación del pensamiento aristotélico, realista y empírico, permitió que el mundo sensible adquiriera una dimensión propia y que de él fuera posible para el hombre extraer conocimientos de validez universal. Tomás recogió la idea de ley eterna de san Agustín, entendida como  precepto divino procedente de la sabiduría del Ser supremo, que dirige toda acción y movimiento. Pero hablará también de la ley natural que rige el orden social que permite a los hombres distinguir el bien del mal sin necesidad de Revelación, y también de la ley humana promulgada por la comunidad. Santo Tomás, por tanto, rompió con el agustinismo dominante hasta aquel momento e incorporó al quehacer escolástico el pensamiento de Aristóteles, y lo hizo de una manera original y propia que dio un nuevo impulso al razonamiento occidental. 

lunes, 15 de junio de 2015

Adaptación de los postulados filosóficos griegos la cristianismo. Capítulo III: Alberto Magno




Como ya he mencionado en textos anteriores, fue el siglo XIII el entorno de la irrupción del aristotelismo en la filosofía cristiana, lo que sin duda supuso un indudable enriquecimiento de la misma pero que generó al mismo tiempo numerosos problemas y dificultades al tener que conciliar los pensadores un bagaje intelectual importantísimo y rico, elaborado en una época en que no existía el cristianismo, con los postulados de la fe. La filosofía de Aristóteles fue de una superioridad y riqueza inmensas pero su adaptación e integración supusieron un gran reto para los filósofos cristianos. San Buenaventura conocía a Aristóteles y lo acogió en sus obras, aunque de un modo absolutamente marginal. Fue el dominico Alberto Magno el primero en intentar asimilar e interpretar el pensamiento del griego a la luz de la tradición cristiana. 
Alberto Magno (1206-1280) canonizado en el siglo XX, fue un erudito y viajero incansable. Estudió en Padua, París y Bolonia, enseñó en diversas ciudades alemanas (Colonia, Hildesheim, Friburgo, Rastibona), en Estrasbursgo y en París, y posteriormente fue nombrado rector de la Universidad de Colonia. Fue maestro de Santo Tomás de Aquino en la capital francesa y posteriormente en Colonia, adonde su discípulo lo siguió. Escribió gran cantidad de obras, casi todas ellas amplias exposiciones e intentos de explicación de los postulados aristotélicos. A pesar de ser básicamente un teólogo, Alberto Magno escribió también algunas obras de carácter científico ( De vegetalibus et plantis, De animalibus y e natura locurum) basadas en parte en sus propias observaciones empíricas. 
La exposición de la filosofía aristotélica que hizo Alberto Magno fue básicamente una paráfrasis dela misma, muchas veces impregnada de postulados de la tradición neoplatónica-agustiniana, como su visión de la materia, que no se contempló como absoluta potencialidad sino dotada de un principio de actualidad. Diferenció el pensador la filosofía de la teología, y afirmó que en el campo de los misterios divinos y en el de la vida moral prevalecía la visión de San Agustín, pero en el mundo de la física o la medicina habría que seguir a Aristóteles, Razón y moral, filosofía y teología poseen sus propios campos de acción y no tiene sentido identificarlas o devaluar una respecto a la otra. Respecto a la eternidad o creación del mundo o la multiplicidad o unidad del intelecto. Alberto sostenía que ambas tesis resultaban indemostrables utilizando sólo la razón y que únicamente la fe podía hacer que nos decantáramos hacia una u otra.
El intento de Alberto de hacer más comprensibles las teorías aristotélicas se perdió a menudo en ingenuidades y errores importantes, pues no era aún totalmente consciente del problema y estaba aún demasiado condicionado por el saber platónico-agustiniano que había dominado hasta aquel momento la Escolástica. Sin embargo el teólogo, al sacar a la luz y poner ne circulación las ideas aristotélicas, había preparado el terreno para que la genial síntesis que realizó su discípulo. 

jueves, 4 de junio de 2015

Adaptación de los postulados filosóficos griegos al cristianismo: Capítulo II San Buenaventura



Hoy recordaremos a San Buenaventura (Juan de Fidanza) quien nació en Bagnorea di Toscana en 1221. San Buenaventura siguió la línea de pensamiento de San Agustín o San Bernardo, una corriente mística que alcanzó ne él su máximo explendor y desarrollo y que de alguna manera también murió con él al irrumpir la filosofía de Santo Tomás de Aquino. Representó el espíritu franciscano a la perfección y encarnó al pensador místico y conservador inscrito en la línea de la Escolástica clásica. Recogió la filosofía tradicional, sin negarse a incorporar nuevas teorías pero siempre desde la perspectiva de que éstas sirvieran de complemento a la tradición ya establecida.


Para San Buenaventura el objetivo de la filosofía es Dios, el conocimiento de Dios; la fe proporciona un conocimiento imperfecto, pero seguro del mismo, y es motivada por el amor. Pero el hombre tiende a intentar comprender y por ello busca razones; la filosofía era para este pensador el camino constituido por diversas fases: en primer lugar podemos percibir a Dios en las cosas que nos rodean, pues ellas conservan vestigios de Él; Lo expresan de alguna manera y reflejan la Trinidad. "Es fácil -dijo el pensador- percibir en todo lo que nos rodea la armonía, la belleza, el orden divino, y al amor lo que nos rodea amamos también a Dios". En segundo lugar, en este camino racional de ascensión hacia el Creador, lo conocemos en nosotros mismos, en nuestra alma, que ya no es un mero reflejo de Dios sino Él mismo, una verdadera imagen del ser supremo. Por último la tercera etapa de conocimiento escapa ya a al filosofía y entra en el terreno de la mística: se contempla directamente al Creador cuando se alcanza el estado de unión mística.

Se observa en consecuencia que la filosofía se detiene necesariamente en el conocimiento de Dios en el alma humana, que sobrevive al ser sustancia completa a la muerte corporal pero que posibilita en vida el conocimiento sensible de las cosas. El hombre es un paso intermedio entre las cosas sensibles y Dios: nuestro entendimiento precisa conocer el mundo de las cosas sensibles pero puede alcanzar un grado elevado de sabiduría si se dirige al alma y por tanto a Dios, que no son percibidos a través de los sentidos sino directamente. A través de la filosofía podemos conocer las cosas, pero este conocimiento será siempre parcial e incompleto por lo que si bien la filosofía supone un camino hacia Dios, quien se detenga ne ella "caerá en la obscuridad" pues nunca proporcionará más que una certeza relativa.
Por otra parte San Buenaventura afirmó que el mundo había sido creado en el tiempo, en contra de la Eternidad del universo sostenida por Aristóteles y Averroes; afirmó así que si el cosmos no tuvo un principio no podría haber alcanzado el estado actual porque el camino por recorrer hubiera sido igualmente infinito. Santo Tomás, pro el contrario, consideró posible la creación de un mundo eterno, sin principio.
De alguna manera los postulados de san Buenaventura representaron una corriente filosófica de la Edad Media que fue abandonada en gran medida cuando irrumpió la filosofía tomista, que dominó la Escolástica. 
                                                    
**Ingresó muy joven en la orden franciscana adoptando el nombre de hermano Buenaventura. Estudió en la universidad de París donde fue discípulo de Juan de Sales, quien escribió una conocida Summa Theolóica. Dio clases en la misma universidad y conoció a santo Tomás de Aquino. En 1256 se convirtió en Ministro General de la orden y abandonó la enseñanza. Murió en 1274. Entre sus obras cabe destacar Breviloquium, escrito durante sus años de docencia, Itinerarium mentis in Deum (1249) o Collationes in Hexaëmeron (1273). 

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...