lunes, 15 de junio de 2015

Adaptación de los postulados filosóficos griegos la cristianismo. Capítulo III: Alberto Magno




Como ya he mencionado en textos anteriores, fue el siglo XIII el entorno de la irrupción del aristotelismo en la filosofía cristiana, lo que sin duda supuso un indudable enriquecimiento de la misma pero que generó al mismo tiempo numerosos problemas y dificultades al tener que conciliar los pensadores un bagaje intelectual importantísimo y rico, elaborado en una época en que no existía el cristianismo, con los postulados de la fe. La filosofía de Aristóteles fue de una superioridad y riqueza inmensas pero su adaptación e integración supusieron un gran reto para los filósofos cristianos. San Buenaventura conocía a Aristóteles y lo acogió en sus obras, aunque de un modo absolutamente marginal. Fue el dominico Alberto Magno el primero en intentar asimilar e interpretar el pensamiento del griego a la luz de la tradición cristiana. 
Alberto Magno (1206-1280) canonizado en el siglo XX, fue un erudito y viajero incansable. Estudió en Padua, París y Bolonia, enseñó en diversas ciudades alemanas (Colonia, Hildesheim, Friburgo, Rastibona), en Estrasbursgo y en París, y posteriormente fue nombrado rector de la Universidad de Colonia. Fue maestro de Santo Tomás de Aquino en la capital francesa y posteriormente en Colonia, adonde su discípulo lo siguió. Escribió gran cantidad de obras, casi todas ellas amplias exposiciones e intentos de explicación de los postulados aristotélicos. A pesar de ser básicamente un teólogo, Alberto Magno escribió también algunas obras de carácter científico ( De vegetalibus et plantis, De animalibus y e natura locurum) basadas en parte en sus propias observaciones empíricas. 
La exposición de la filosofía aristotélica que hizo Alberto Magno fue básicamente una paráfrasis dela misma, muchas veces impregnada de postulados de la tradición neoplatónica-agustiniana, como su visión de la materia, que no se contempló como absoluta potencialidad sino dotada de un principio de actualidad. Diferenció el pensador la filosofía de la teología, y afirmó que en el campo de los misterios divinos y en el de la vida moral prevalecía la visión de San Agustín, pero en el mundo de la física o la medicina habría que seguir a Aristóteles, Razón y moral, filosofía y teología poseen sus propios campos de acción y no tiene sentido identificarlas o devaluar una respecto a la otra. Respecto a la eternidad o creación del mundo o la multiplicidad o unidad del intelecto. Alberto sostenía que ambas tesis resultaban indemostrables utilizando sólo la razón y que únicamente la fe podía hacer que nos decantáramos hacia una u otra.
El intento de Alberto de hacer más comprensibles las teorías aristotélicas se perdió a menudo en ingenuidades y errores importantes, pues no era aún totalmente consciente del problema y estaba aún demasiado condicionado por el saber platónico-agustiniano que había dominado hasta aquel momento la Escolástica. Sin embargo el teólogo, al sacar a la luz y poner ne circulación las ideas aristotélicas, había preparado el terreno para que la genial síntesis que realizó su discípulo. 

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