miércoles, 27 de enero de 2016

Volviendo por Madrid, una visión



Un individuo puede habitar multitud de años en este pozo que llamamos España, y acaso no llegue nunca a sentir el contraste y la perversión de ese mismo pozo donde vive. Pero se sueltan las amarras, sale nadando, flotando la nave del individuo, y entonces las cosas adquieren un color, un relieve, tan distintos, que verdaderamente queda uno pasmado.

He rondado por esos mares de Dios; he ido con las muchedumbres emigradoras; he sentido la emoción de los desembarcos en puertos o ciudades exóticas, he metido mi persona en el báratro de aquellas poblaciones americanas, orientales también, tan llenas de entusiasmo y de esperanza; la vida libre y amplia de los centros cosmopolitas ha rozado mi mente y la ha hecho vibrar. He conocido la agitación de esos países nuevos, en que todo habla del porvenir, en que no se advierte la tristeza colectiva, en que cada ciudadano presiente que su nación irá ascendiendo como por una escala milagrosa hasta llegar a los últimos peldaños de la grandeza. En que todo cambia, se renueva, se multiplica.

Ahora he vuelto a España, he vuelto a Madrid, y he creído que todo había sido un sueño. Nada ha cambiado. La gente sigue comentando la política, el teatro, la mujer, o los toros. La gente sigue perdiendo el tiempo en una serie de divagaciones intelectuales de fondo estúpido. Encuentro la misma tendencia semimística, casi metafísica, de ocuparse todas las horas del día de/en problemas abstractos, como son esa misma política, ese mismo teatro, esa misma mujer y esos mismos toros. Todos se duelen de vivir mal, de no tener suficiente dinero, nadie quiere poner la mente en el último y gran ideal del hombre, que es salir de la miseria y dignificarse varonilmente (ahora también hay que decir mujerilmente) por medio del poder del dinero. Hallo idéntica pereza del querer, de la voluntad vamos, puesto que esta vida ratonil, agria o quejumbrosa no es más que pereza. A ninguno se le ocurre hablar de negocios, de asuntos materiales. En las esferas políticas todo es abstracto, todo es idealismo; en la Prensa todo es también abstracto, todo es idealism perezoso, cambio y recambio de tópicos holgazanes; todos lo esperaron en un día, ahora ya no, alienados por una monarquía que solo gasta, pero algunos seguimos en realidad esperando, la llegada de una República, esperamos que venga alguien y que se vayan otros, que haya turnos. Lo que hay es pereza, apoltronamiento, hasta para hacer huelgas. Mucha pereza.

Y las calles de Madrid las encuentro abandonadas a los vendedores, al tráfico manipulador de las vidas humanas, que alborotan a los vagos, a los desocupados, a los pordioseros, los de toda la vida que están ahí de toda la vida, tan tranquilos. Los mendigos desarrollan todos su potencia sentimental, cantando o quejándose hasta llegar al último grado de lo trágico. Y esto lo siente, lo palpa, lo roza el público, y nadie se asombra. Madrid ofrece un tono trágico, doloroso diría yo, que tiene un valor literario y artístico inapreciable, pero que socialmente es un verdadero crimen.

Madrid, volviendo del mundo da la impresión de una ciudad de provincias, de un pueblo y yo siempre continuo practicando las mismas picias. Y leo los artículos, la literatura, los versos, cuanto se imprime en esas hojas y esos libros, todo me produce asombro, pena y cierta vergüenza. Se escribe por darle gusto a la pluma, por unir dos frases con arte, por hacer un poco de ingenio o dar una nota lacrimosa y decadente. La poesía y la emoción de la Naturaleza, de los campos, de los ríos, de los mares, de los puertos, de los almacenes, del comercio, de las multitudes, de las risas o de las muecas de la humanidad, todo eso permanece ausente de tanta letra como se imprime.

Falta de nervio, falta de vida, de realidad, de jugoso e ideal materialismo, de salud, de ilusión, de fe, de optimismo, de voluntad y de enérgico deseo: he ahí lo que encuentro al volver a la patria. Y pienso que esta nación está demasiado lejos del mundo, que Madrid se halla a mil leguas de Europa, que son necesarias ocho líneas férreas que vayan desde el corazón de España al seno del mundo para que esta nación pueda tomar un aire civilizado.

Vivimos aún en el tiempo de Felipe IV, el tiempo de la literatura conceptuosa, de la ciencia parásita, (me refiero a las instituciones no al trabajo de los científicos que se tienen que ir fuera para poder tener medios donde desarrollarse) de la filosofía nula, en esto no me duelen prendas: filosofía nula y mucha teología exclusivamente católica, claro. Encuentro que España entera tiene un gran valor literario artístico y literario, pero que socialmente es una aberración y en esto cito texto de 1910 donde Salaverria viene a decir lo mismo, que avanzamos a trompicones y en detrimento de una verdadera evolución social, damos un paso adelante y cuarenta atrás: “España en su sociedad es aberrante. Acaso por eso muchos literatos nacionales y extranjeros se han llenado últimamente de devoción por la España original, por la España antigua, por el Greco, por Goya y por las escenas “fuertes” trágicas, de esta España que ha venido a caer en un mero tópico literario, para escritores y pintores, en el fondo íntimamente reaccionarios. El reaccionarismo de España no está en los carlistas, sino en muchos que se llaman radicales. En una palabra: encuentro que España sigue en el mismo estado en que la dejaron los ministros civilizados de Carlos III”. (Extracto de Salaverria publicado en el ABC, de diciembre 1910).

lunes, 18 de enero de 2016

Angustia de (Con una palabra tuya)


El éxito en la vida –si partimos de que todos los humanos han sentido alguna vez o muchas veces el sentimiento trágico de la angustia- estriba en cómo y de qué maneras el hombre puede vencer lo trágico, en cómo lo canaliza en su vida, qué formas tiene de afrontar la propia vida no en los momentos de felicidad sino en lo contrario, en los momentos de angustia. Según cómo el hombre vence sus obstáculos habrá cumplido con uno de los propósitos de la vida que es -teniendo en cuenta que “venimos” con una serie de elementos preconcebidos- elevarse por encima de si mismo y crear otra persona que no está dominada por esos inconvenientes, por tanto, dicha persona, disfrutará de la vida en el sentido más amplio que esta tiene porque irá solventando sus dificultades, utilizando los mecanismos de esa nueva persona que ha creado, es decir su inteligencia. De esta manera parece que el ser humano se divide en dos, uno es el que vive con “los problemas que por herencia trae y por sus circunstancias en los primeros años de vida, por su entorno y el otro, su desdoblamiento que es el ser humano que creamos nosotros venciendo esa serie de dificultades que traemos a la vida y que logramos perfeccionar hasta el final de nuestras vidas”. Un yo escindido en dos el yo natural y el yo nuevo que elaboramos fruto de nuestro progreso en la tierra. El yo natural es el que está más cerca del hombre que traemos, de sus pasiones, de sus angustias, de la tragedia del vivir del oscurantismo del pensamiento y de las emociones nefastas que produce la imaginación. 
Vencer ese hombre natural que produce la mayoría de las veces felicidad ficticia a cambio de algo, alegrías momentáneas y cortos placeres es el que a menudo se encarga de destruir, somos nosotros mismos quienes nos autodestruimos, porque ese yo natural y primario es quien se encarga celosamente de envenenar nuestra mente, nuestro cuerpo –la imagen física que tenemos de nuestro yo- y se ocupa directamente de impedir que florezca el yo vencedor, ese que se cultiva que es capaz de generar bien, que es capaz de hacer cosas como rectificar, aprender, olvidar, perdonar, retener, memorizar, engrandecer...construir en definitiva. Si nuestro yo natural es destructor y no deja que el yo nuevo salga y crezca, entonces nos encontraremos en una existencia verdaderamente terrible en la que el yo natural puede llegar a hacer que odiemos el nuevo yo provocando su eliminación, es decir, invocándonos al suicidio. Por que ¿quién se suicidaría en el caso de un suicida? Parece obvio que es el yo natural quien ha vencido sobre el nuevo intentando eliminarlo, consiguiéndolo en definitiva. Pero también debería de ser evidente que de todo lo “que traemos” no todo es “negativo”, lo que quiero decir es que para algunos, se puede dar el caso de que en su persona sea más fuerte  el yo nuevo que el natural, solo que no ha puesto en funcionamiento correctamente su albedrío porque no llega a dejar espacio para la felicidad y el gozo. Para muchos su yo natural es excelente y con la vida, con el paso del tiempo y de su aprendizaje este ser, este yo que venía con unas condiciones de éxito asegurado se va retorciendo, volviéndose mezquino, en ocasiones verdaderamente un traidor de si mismo. Aquel que llega a entender esa situación tiene ganas de perder la vida por el no dominio de si mismo y por no aprovechar lo que su yo natural le había ofrecido gentilmente, obteniendo ese devenir de la angustia hasta que la elimina de si mismo dominando de nuevo –el que lo consigue- su yo nuevo, creciendo, en definitiva. 
El hombre lucha por tanto consigo mismo desde que viene al mundo o quizás desde antes. La victoria de esa lucha será la gloria eterna de haber creado o mejorado a través de su existencia, su persona. Si el hombre es verdad que viene a la tierra con una capacidad de elegir, choix libre o libre albedrío –aunque convengamos que en la vida no todo es elección pero casi todo- dependerá solo de él de las decisiones que elija hacer en su vida las que determinarán su engrandecimiento hacia algo grande o hacia todo lo contrario, hacia la deformación de si mismo. Esto sucede –y seguro que el lector tendrá donde acordarse en forma ejemplificadora de esto que decimos- cuando encontramos al hombre que no ha podido superar las pruebas o las elecciones que la vida le ha brindado, su carácter ha cambiado, su amargura es mayor, su soledad y aislamiento son enormes, su angustia por tanto ha crecido mucho más, quizás porque no ha tenido los medios de poder vencer en su lucha por la vida y por su existencia. La vida, pone zancadillas con frecuencia cuando menos lo esperamos, estos son los agentes externos que tanto influyen sobre la existencia. Existir, no es estar simplemente, existir es ser, siendo alguien activo, productivo con su propia vida y con la de los demás, con el tu. Querer vivir  no es simplemente estar en el mundo.
Pero la mayoría de las veces se siente angustia, no porque la traigamos del otro mundo, como digo eso es una atrocidad, no creo que un Padre envíe a su hijos predestinados a sufrir a ninguna parte. La angustia, la inseguridad, el miedo…y otros sentimientos negativos del ser humano con los que tiene que luchar, vienen la mayoría de las veces producidos por fuerzas externas. Sin ánimo de intentar explicar que son los otros los que producen estas situaciones a todas luces horribles para el ser humano, tiene su parte de verdad.





sábado, 16 de enero de 2016

Temores






En las relaciones con los que nos rodean y la vida, actúa e interactúa de forma definitiva el componente más sustancial de la persona. Creer en la relación que existe entre el yo y en el tú, es fundamental para poder dar forma real al contacto con los otros individuos siendo a partir de ahí, que las relaciones existen no por la estructura que da la sociedad (padre-hijo-hermano-madre-tío de una familia) sino por los sentimientos que se establecen entre el tu y el yo, que pueden generar relaciones de amigos, que son como hermanos o de padre adoptivo etc. Es decir, que el hombre se relaciona con los demás porque tiene emociones, memoria, inteligencia...alma, decimos. Cierto es que los animales también se relacionan entre ellos y también con los hombres, no todos claro, pero sus relaciones son planas y ausentes de dialéctica emocional. Se mueven por estímulos intuitivos pero no por relaciones perfectamente formadas. A menudo, el ser humano se pregunta a cerca de qué pasará con las personas y seres queridos cuando nos vayamos a la otra vida y no es fácil de obtener una respuesta satisfactoria. Las relaciones con los que nos rodean son la sal de la vida, la manera que tiene el ser humano de poder comunicar sus sentimientos mas profundos, sus emociones, su desarrollo, la construcción de su carácter, sus pasiones, su personalidad. En la manera de relacionarnos encontramos muchas veces elementos muy curiosos, en ocasiones nos decimos por dentro “a esta persona yo la conozco de algo” y sin embargo no sabemos por qué. En esas relaciones no sabemos explicarnos qué ha pasado cuando alguien –un hombre- pasa de no significar nada para nosotros a serlo todo de un día para otro, se convierte en un enigma en nuestra mente y de repente nos interesa mucho hasta el punto de creernos alomejor “enamorados”. 
A menudo también establecemos relaciones con determinadas personas con las que consideramos haber tenido una relación en otro momento de nuestra vida que desconocemos, es decir, tenemos la certera sensación de que conocemos a esa persona desde hace mucho tiempo, lo sentimos en nuestro fuero interno y no podemos explicarlo, solo sabemos que tenemos la sensación de conocer a esa persona, que tenemos un claro presentimiento de haber estado junto a ella. Claro, si pensamos en que antes de venir a esta tierra ya éramos almas, entes, espíritus o inteligencias cabría –sin duda- la posibilidad de poder pensar que hubiéramos tenido algún tipo de relación o de vínculo con esa persona a quien decimos conocer, pero son solo especulaciones. 
Si es que hay una existencia previa a la terrenal este sería el lugar idóneo para haber conocido a ciertas personas con las que luego compartimos nuestra vida aquí en la Tierra. Lo cierto es que desde que nacemos nos vinculamos a las relaciones, al contacto con los demás con mucha fuerza y cada una de esas personas a las que conocemos van dejando un poso en nuestra vida, no tanto en nuestra memoria que a menudo selecciona lo que le interesa recordar, dejando de lado lo que no le gusta o no quiere. El ser humano, por tanto, y en cuanto a sus relaciones humanas lo que comienza a sufrir con el tiempo es la sensación terrible del temor. El temor, se apodera de la gente en los tiempos más difíciles y es el arma más fuerte para crear desdicha a la Humanidad. El que teme, pierde fortaleza para el combate de la vida en la lucha con el paso del tiempo. Para enfrentar el temor de la vida el ser humano busca consuelo en las religiones, en las filosofías y en intentar explicar su contexto, es decir, su propia existencia. 
De Con una palabra tuya, Madrid, Isidora Ediciones, 2013.

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...