jueves, 18 de febrero de 2016

Espíritu o alma



Hemos recurrido  a la filosofía clásica en numerables ocasiones para intentar definir el alma humana. Aristóteles en su libro De Anima, que es un libro de física intentó definir este concepto y sus teorías sirvieron de base para explicaciones posteriores. El alma –para el filósofo griego- es el principio de la vida; los entes vivos son animados, frente a los que no lo son, los inanimados como las piedras. Vida es para Aristóteles, el nutrirse, crecer y consumirse en si mismo. La vida es crecer sin duda alguna y aprovechar ese crecimiento sobre todo, que surge del lento paso del tiempo hasta que un día nos damos cuenta de que el tiempo, ya no es tan lento. El alma, en este sentido sería la forma o actualidad del cuerpo vivo, el alma informa la materia del viviente y le da su ser corporal, lo hace cuerpo vivo; es decir, no se trata de que el alma se superponga o agregue al cuerpo, sino que el cuerpo –como tal cuerpo viviente- lo es porque tiene alma. Según la definición aristotélica, el alma es la actualidad o entelequia primera de un cuerpo natural orgánico. Si el ojo fuese un viviente –dice Aristóteles- su alma sería la vista; el ojo es la materia de la vista, y si ésta falta, no hay ojo; y así como el ojo es, en rigor, la pupila unida a la vista, el alma y el cuerpo constituyen el viviente. Lo que define al ente animado es el vivir; pero el vivir se dice en muchos sentidos, y por esto hay diversas clases de almas; Aristóteles distingue tres: la vegetativa, única que poseen las plantas y que se da también en los animales y en los hombres; la sensitiva, de que carecen las plantas y la racional, privativa del hombre. Pero entiéndase que cada viviente solo posee un alma; el hombre, concretamente tiene un alma racional, que es forma de su cuerpo, y ese alma implica las otras funciones elementales. Frente a la concepción aristotélica del alma San Agustín recoge de la tradición platónica su concepción del hombre, donde el alma es una sustancia completa unida accidentalmente al cuerpo. La visión accidental del asunto carece de interés para mi, por que con ello contraviene las propias leyes del Universo y sobre todo las leyes divinas. Dios quiso que los hombres bajásemos a la Tierra para que tuviéramos un cuerpo, el Hijo también, es la forma de hacerse hombre: tener un cuerpo físico. Este accidente de San Agustín, puede ennoblecer la parte humana del alma del ser, sin lugar a dudas y es en ese lugar, en esa cabida, donde el ser engrandece como en ningún otro estadio por los que ha de pasar.

Una de las cosas más curiosas de comprender en unas y otras religiones por lo extraño que resulta, es el hecho de que tantas personas crean que en el hombre hay un espíritu y un cuerpo físico y que cuando el hombre muere, ese espíritu continúa viviendo como ente inmortal, y sin embargo no haya tenido existencia hasta el nacimiento del hombre en esta vida. Es posible aceptar que  el hecho de que antes de venir a este mundo, nuestros espíritus estaban ya creados, y es posible aceptar que en esta tierra los espíritus de los hombres ya existían antes de venir aquí y  que simplemente conservábamos otro estado diferente. Aceptamos en su momento venir aquí por medio de una serie de convenios o de tratos con Dios para poder progresar de una manera mucho más rápida, en ese sentido, la tierra, nuestro paso en la tierra, sería un estado de probación y no solo de probación sino de progreso. A pesar del hecho de que nuestro recuerdo de las cosas anteriores fue quitado, anulado, la índole de nuestra vida en el mundo espiritual (antes de venir me refiero) tiene mucho que ver con nuestra disposición, deseos y forma de pensar que tendremos en este mundo terrenal. El espíritu influye en sumo grado sobre el cuerpo, así como el cuerpo, con sus deseos y anhelos, tiene influencia sobre el espíritu.  ¿Pero el espíritu es lo mismo que el alma?
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