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#MolinosQuijote.

No sé muy bien qué es lo que hago aquí. De un tiempo a otra parte me encuentro de bruces con el aislamiento característico del que es tan solo una imagen de si mismo. Continúo, por así decirlo,  sin existir o tal vez exista en las mentes de muchos hombres. No quiero moverme de este espacio, de esta línea en que me hallo y donde nadie me puede ver. Estoy entre los chiscones de mis sentimientos ¡Ja!. He renacido para ver las conciencias de este país de españoles que siguen a puñetazos y os digo que mientras que Sancho y yo no nos reconciliemos no habrá posible mediación para los que están aquí ¡pardiez!

Cuántas críticas habré recibido de estas palabras que con sangre escribo ahora y que han sustituido a esos molinos tan imaginativos que tanto que pensar han dado a generaciones. Sigo aquí, impalpable, sufridor, notario de este tiempo entre estas mis palabras que quieren convencer y no lo logran, mis escritos que nadie lee, mis textos que no son reconocidos, mi sufrimiento palpable como palmarios son mis dolores por todo el cuerpo de sufrir por no llegar, de asumir estas palabras que me han tergiversado, en suma mi invisibilidad. Qué otra cosa podría yo hacer más que inventar palabras y mundos de imaginación…esos mundos de ideas, molinos como ideas...y seguimos igual, porque sigo considerado como ese esquizofrénico loco, apartado de todo, confinado en mi mismo que es el único lugar, el lugar de la nada, el desierto de mis palabras donde puedo acaso existir.

El instinto de conservación es una consecuencia de una situación de angustia pero es al menos la única forma de perpetuarse en esta Historia de desencantos. Se parte el bacalao de aquella manera, mientras yo duermo con un ojo cerrado y el otro abierto aburrido como un hongo cuando me doy mi ración de vista sin pena ni gloria.  Hoy, donde el entretenimiento en su fuero interno juega al chito igual que con la imaginación. Mis molinos son las literaturas, las ideas que se reúnen en las palabras con que sueño superar a aquel que me creó con tan mala pata que vinieron otros también a decir yo no existo como Manso de Galdós o Unamuno con su Augusto de Nivola. Ellos no existen como tampoco existo yo y sin embargo escribo, lo hago una y otra vez y nada importa por no pueden entender que si no lo hago así, pongo en peligro mi autoconservación y con ello mi sacrificio.

El mundo espera con ansia encontrar nuevos Alonsos, sin darse cuenta de que están ahí, Yo que soy el que soy, estoy aquí, y hago metarealidad cada vez que presento una novela o poemas a concursos. De sobra sé que esos jurados son los jóvenes del patíbulo que no van a querer entender que un jubilado y loco pueda llegar a ser el protagonista de las letras universales y con ello su autor. A Sancho ahora es imposible convencerle de nada, cuando digo nada es nada, a un obtuso de ese tamaño sería una utopía hacerle escritor, sin embargo él es la idea con la que hoy lucho sin aspas que valgan, la idea del que no quiere ver es la más terrible. A todo dice que no, que no saldré adelante que no seré considerado, que no existiré en definitiva. No pienso moralizar, pero a los que lo suelen hacer en términos literarios les doy este consejo: ¡seguid así hijos míos con esa equidad que la historia vuelve a repetir!, reflexionad sobre el oportunismo malo que inunda las páginas de ahora y ponedlas en el escaparate de vuestra moral. Yo prefiero sobrevivir a la ignorancia. El mundo ahora deja de un lado al mismo loco que han exaltado por generaciones y que ahora es el escritor. 
Alonso Quijano.
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