viernes, 30 de septiembre de 2016

Fobia


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Al principio todo parecía ir bien lo que suele suceder cuando algo precede a una tragedia, que todo parece ir bien hasta que deja de ir. No me había apercibido del mamut que me encontré y que daba vueltas a su bolso cargado de chuches. Ese cernícalo también tenía miedo, quizás más que yo, pero lo disimulaba con mucha gallardía, esa que exhiben los que ya no tienen nada que decir al mundo. Desolé! Le expresé sin darme cuenta de que el mastodonte no hablaba francés.
Se persignó, y me pregunté en un instante: ¿será que me tengo que morir hoy al lado de este animal?
-No puedo verla, no puedo aguantar por un minuto más el desprecio con que mira mi libro, me desconcentra. Sin embargo ahí seguía.
Algo me soplaba y me hurtaba la respiración. ¿Cómo? Y este viento de ahora?
Había más y más monstruos, lo cual no era de extrañar pero a cuál más peligroso, más indeseable. Todos miraban mi libro, todos reían  mirándome como si nunca en mi vida fuese a leer más. ¡diantre! ¿Qué pasa hoy aquí? Pero si estoy sudando.
Pasaron unos segundos y pude ver que aquel mamut había llamado a otros y a otros más, miles de monstruos estaban ahí, mirándome sin más y yo no lo podía aguantar.
Mi cinturón se había atascado, no podía moverme. Una taquicardia muy fuerte, una angustia exacerbada se inauguró en mi cuerpo.
Con todo, pensé: voy a seguir… yo soy una persona valiente y recordé que ser valiente es superar una situación que en principio te aterroriza justamente como la situación que tengo ahora delante de mis narices. Mi nariz mana sangre. Eso es que me estoy muriendo…ahora lo veo claro, pero ¿ y ellos?
No dejan de mirarme, de rodearme, voces que se oyen en medio de las nubes, calor y una gota que cae por mi cerebro anunciando mi expiración. ¡Cielos, no! A pesar de la sangre siento el olor a carne patéticamente muerta…en la cabina, en el aseo, a mi lado, al lado de todos…y sin embargo no se aperciben de nada.
Pude ver, aquella mirada de los ojos degollados tras la intervención del mamut negro. Comenzaban a colgar andrajos, brazos y piernas…yo misma empecé a intentar aceptarme con el cuerpo partido.
Por favor…<>. Me abrazo a mi libro y parece que me tranquilizo, no me importa ya morir. Mi libro es lo único que tengo y todo lo que he aprendido en ellos es lo que soy.
Les digo a los demás: ¿vosotros dónde tenéis el miedo? Porque lo tenéis como yo, sin embargo, tan solo queréis aniquilarme.

El piloto aterrizó con su línea degradante mientras miraba a los pasajeros de su avión quienes había estado en situación de pánico, mientras él, había demostrado que no sabía aterrizar. 

sábado, 10 de septiembre de 2016

Socialmente social


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“No seas extremista” hemos escuchado en muchas ocasiones de la parte de alguien que en absoluto es extremista, ni apasionado, ni probablemente esté vivo. Hay personas que son, diríamos, templadas y no entienden a otras que defienden a ultranza cualquier cosa, con pasión y fanatismo. Pero, si no se tiene pasión y fanatismo no se puede “ser algo”  ni defendar nada, dicho de otro modo cuando tenemos una pasión o una profesión debemos defender o amarla con todas nuestra fuerzas, luchando y trabajando con toda nuestra alma. ¿Por qué? ¿Acaso nos dará dinero? Eso es una cuestión que debería de estar en un lugar posterior, no es pregunta que se deba de hacer uno en una primera instancia. El fanático, el amante de una profesión no se lo cuestiona, “si además me pagan, mejor”, -dirá en su fuero interno. El apasionado lo es con independencia del mundo materialista, es decir, es un romántico. No hay muchos, pero hay. Ya sé que esta no es la filosofía económica que se ha impuesto hoy en nuestras sociedades, por esa misma razón, no hay hoy prácticamente nadie que destaque de forma sorprendente y por si misma, se destaca por apoyo publicitario, nada más. El altruismo que debe ser hermano del amor a una profesión, se ha desterrado y las gentes estudian una u otra profesión en función de lo que les pueda dar económicamente, sin tener en cuenta que  luego pasas toda tu vida en algo que si no te gusta puede ser una tragedia terrible. Triste elección y peor forma de pensar. Comercio humano extremadamente degradante. Los que adoran una profesión, aquellos que tienen pasión por algo y que han empezado desde pequeños, pondré el ejemplo de los sacrificados músicos o bailarines que tienen que empezar obligatoriamente en su tierna infancia, su vida es diferente de las de los demás. Es de suponer que en algún momento de su vida habrán pensado en una recompensa económica pero no con mucha frecuencia, seguro que no, aunque habrá quien piense que sí. Por encima de todo está “el hacer” la honestidad, el acto divino de ejecutar aquello que nos gusta y en ese anhelo la persona encuentra la dicha, aunque la mayoría de las veces estar ahí en esa determinada profesión nos de mucho sufrimiento y soledad. La soledad es muy necesaria para la consecución de algo grande. Sin soledad es imposible que la persona se encuentre con el ser humano que lleva en su interior y los talentos que tiene dentro, todo ser humano los tiene. La sociedad en la que vivimos precisamente lo que hace es esconder todo eso para que la persona no se encuentre a si misma, no sepa nunca lo que quiere porque no ha tenido el tiempo de sentirse solo, claro, disfrazado todo de una mentira social, cree que tiene un mundo, cree que está acompañado pero no lo está, tiene un mundo falso y cree que no tiene soledad. Como la ha rechazado no se encuentra a si mismo y la soledad es necesaria para conocerse y encauzar su vida. Bien, pues como digo, hay ciertas profesiones que se tienen que realizar obligatoriamente solos, esto es un virtuoso de un instrumento, un bailarín, un lector...un estudioso...cualquier cosa que se hace en la soledad nos da mucho a cambio, nos da sobre todo mucha seguridad y a ojos de los demás, somos peligrosos, muy peligrosos. No hay nada peor que alguien que se encierra solo a hacer algo que los demás no son capaces de hacer. El resultado es que los otros, esos mediocres a quienes les da miedo “ese que se encierra a trabajar solo” intuyen que algún día “ese ser” será superior a ellos porque sabrá hacer cosas que los demás no. Ahí viene la recompensa económica, ese es el momento en que se paga a alguien porque sabe hacer algo mejor que los otros, pero lo sabe hacer porque ha pasado tiempo, mucho tiempo intentándo hacerlo perfecto, trabajando mucho mientras que los otros no, los otros han preferido probablemente la vida social o el dolce farniente. Cuando se tiene una pasión, como todo en la vida se debe de llevar al extremo, en política, en ideología, en amor, en la profesión, en las pasiones, en los vicios...los poquitos...¿por qué beber un poco? Porque hay que ser comedido en la vida. Es una opción desde luego. Los hay que si beben, beben, si fuman, fuman. Hay quien es capaz de fumar dos cigarros por día...es una postura. Las pasiones como los vicios se deberían de llevar al extremo, pero esto no se debe imponer, son solo opciones de vida, de entrega, de darse. Creo yo que lo de tomar una copita de vino es algo tonto, yo no bebo alcohol pero si se terciase por alguna razón, creo que caerían veinte botellas de lo que fuera. Lo de ser templado, no lo entiendo, pero no hago apología de nada, son formas y como tales, distintas. La vida es compromiso a lo bestia, para eso se vive, para tomar partido continuamente por las cosas, aunque salga mal. En las cuestiones artísticas, la mayor batalla que hay que superar es el fracaso enorme que nos proporciona la relación con los otros, la incomprensión social con nuestro quehacer. Qué nos hace suponer que vamos a ser comprendidos cuando hemos pasado miles de horas para poder tocar determinado pasaje o para poder escribir esa página con esas ideas, ¿de dónde salen esas ideas? ¿Cuál es la respuesta a esa comunicación que se supone que es la respuesta del público o la de un lector? Casi siempre es trágica y con ello la relación del artista con su entorno, doblemente trágica. Es lógico. Todo esto es solo una imagen de lo que significa el compromiso con la vida, con el arte, con la amistad, con la libertad...con la vida. O lo hacemos o no no lo hacemos, o vamos a por todas o nos quedamos en la mediocridad del que nunca arriesga o del que culpa al que tiene a su lado para salir vencedor.
Todas estas opciones sobre nuestro quehacer son respetables, el que quiere trabajar, el que no quiere, el que ha encontrado su pasión ayudada por un talento natural, el que ha conseguido algo por trabajo pero sin talento, el que lo consigue por talento pero sin trabajo, el que quiere trabajar pero poquito, el que quiere llegar muy lejos...todas las opciones del ser humano y sus elecciones son respetables, y ese es el punto de no retorno, todas las elecciones son eminentes. Yo prefiero el compromiso aunque haya perdido en la vida muchas cosas a ojos del mundo. ¿Para qué vive la gente? Yo vivo con pasión y compromiso todo lo que puedo. Hay dos puntos importantes que se derivan de este planteamiento sencillo de las opciones del hombre en su vida y el sentido de estar en la tierra. Una de ellas se relaciona con el sentido que se da Hoy a esto materialmente y la otra es la reacción que tienen los otros como fruto de tal  conflicto establecido. Claramente ¿por qué una persona que no quiere pasar desde los 4 años toda su vida, por ejemplo, cinco horas cada día tocando un violín tiene envidia del que sí lo hace? El tiempo pasa y se convierte en alguien muy especial por lo que tiene de trabajo personal, con una vida completa no hablo de fama, esto hoy en día no dependerá de él, ni de dinero, que tampoco dependerá de él, hablo  de orgullo y satisfacción de haber llegado a la excelencia de si mismo, con independencia de lo que opinen los demás y sabiendo que a la otra vida se lleva un conocimiento que nadie le podrá arrebatar. ¿Por qué existen esas personas que tienen siempre envidia y que no quieren reconocer a los que han trabajado más  y que además tienen un talento especial para esta u otra cosa? Por qué si alguien tiene esas cualidades magníficas para la danza que es capaz de volar por las aires habrá alguien capaz de desacreditarle por pura envidia? De otro lado, si tenemos a alguien que nos impide nuestro desarrollo, por qué no sacar fuerzas y cambiar nuestra vida, lo que nos llevamos al otro mundo, es lo que únicamente nosotros haremos por nosotros, no lo que haga el de al lado, probablemente lo que hagamos nosotros por los demás y por uno mismo. Si alguien nos impide esto es que no estamos en absoluto en el buen camino, y no importa la edad para que esto sea transformado de forma radical. No importa la edad para ponerse a trabajar por aquello que nos apasiona, nunca, nunca es tarde para luchar por lo que consideramos que es el centro de nuestra vida, nuestra razón de ser. Por eso mismo, una profesión, una pasión es lo que hace a la persona y probablemente marcará el acontecer de su vida, porque según lo que haga, según haya escuchado su talento, sus fuerzas y su voluntad de acción y de trabajo, así será su vida, así serán los elementos de su vida. Poco importa lo que se haga mientras sea con pasión y amor.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Llamando a una amiga


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Llamar por teléfono a una amiga no es cualquier cosa. Yo recuerdo de pequeña –en mi casa somos muy aficionados a hablar por el teléfono- que me marchaba al colegio por la mañana y mi madre se quedaba hablando por ese aparato que en aquellos años era un tocho muy pesado, y cuando regresaba del colegio a comer cerca de la una pues mi madre seguía hablando con la misma persona. Bueno, yo pensaba para mis adentros, ¿qué cosas se tendrán que decir? Pasados los años he podido comprobar por mi misma que esto puede suceder casi sin proponérselo. Igualmente mi hermano que cuando yo era muy pequeña él ya tenía novia, se encerraba en su cuarto por cuya puerta salía un cable que conducía a la parte grande del teléfono, estaba horas también. Recuerdo de la misma manera en las reuniones que hacíamos cuando eramos estudiantes cómo si a alguien le llamaban por teléfono –ahora recuerdo el caso de Almudena y su novio Luis- cambiaba radicalmente la forma de hablar, el tono de la voz, la intención de la palabra. En las reuniones de estudio cuando alguna pasaba al habla las demás nos hacíamos las locas como si no fuera con uno, y no quitábamos la oreja del tema de nuestra compañera: -Hola mi bichito, -decía Almudena- a su novio con voz bajita para que no la oyésemos, lo cuál claro, era imposible y las carcajadas sonaban a diestro y siniestro por toda la casa aunque eso sí, de forma disimulada.
Había un anuncio de televisión por aquel entonces, supongo que sexista, donde se hacía un apología de hablar por teléfono y a la sujeta se le llamaba Matilde telefónicas. Ya ves tú, como si los hombres no hablasen, solo hay que verles móvil en mano. La fase peor y patética de ellos es cuando se ponen romanticones o incluso atrevidos. En esos momentos te dan ganas de matarlos. Sin embargo, culturalmente a la gente le ha quedado en su registro memorial que somos las mujeres las que más hablamos por teléfono y las que más criticamos. Cosa absolutamente falsa, los hombres son los más fanfarrones y cotillas del mundo como les des un poco de sitio y si es por hablar por teléfono...habría que ver estadística en mano. ¡Leche!
Ya mi madre de muy pequeñita soñaba –me ha contado muchas veces- con que la gente fuese por la calle llevando en su bolsillo un teléfono, en su sueño –decía- todas las personas respondían a sus comunicaciones según iban andando por la calle. A veces la ficción se convierte en realidad y mi madre ha podido comprobar por si misma efectivamente cómo la gente va por la calle, en el metro, en el bus, en el super...en cualquier lugar y circunstancia y le suena el teléfono y va y habla. ¡Alucinante! pero cierto. Esto como todos sabemos es para morirse pues en plena ciudad la gente va como hablando sola, sonriendo o dando gritos (con el piringanillo en la oreja) y en realidad no quiere decir que se hayan vuelto locos es que van hablando por teléfono, en esto, ganan como locos mundiales, los del piringanillo. ¡Flipante! Y si te paras a mirarlos el resultado es el siguiente: Estoy parada en la puerta de unos almacenes –sí ya sé que es un lugar horrible- esperando a una amiga y de repente uno que pasa: te lo juro te lo juro que yo no quería decirle nada, pero es que la verdad que me encanta no sólo él sino todo lo que le rodea. Y tú miras con cara de alucinada pensando en que quieres enterarte de todo lo que falta pero en ese momento pasa otra: María te he dicho que no, no te pongas tonta porque no quiero ir a esa fiesta. Y tú que estás esperando te preguntas ¿por qué no querrá ir a la fiesta? Y ya te han dejado con las ganas para todo el día. Una carcajada de otro que pasa con maletín en una mano y el teléfono en la otra: ¡Jajajajaja! desde luego es que se te ocurre cada cosa...vale luego nos vemos y no llegues tarde, sí donde siempre. Ya te han vuelto a dejar mal y cuando quieres reaccionar pasa otro: por favor, por favor, no me digas eso que no lo voy a soportar...Bueno, pues ya te han chafado el día. Así te puedes pasar horas hasta que llega tu amiga, tarde como de costumbre, mientras tú estás con los nervios de punta porque te han dejado a medias de un montón de conversaciones, decides hacer un puzzle de todo lo que has oído pero lógicamente el resultado es surrealista, te quedas con ansiedad de caballo.
Los hay que se mueven mucho para hablar, los hay que parece que están dando un discurso, unos miran al cielo, otros al suelo, la mayoría coge el teléfono con una mano y la otra la pone sobre el brazo del teléfono en actitud de corte de mangas, las hay que al mismo tiempo que hablan buscan algo en el bolso y parece que se les va a caer todo..., no se les cae y siguen controlando la conversación, ésta son las superguoman, pero lo mejor de todo es que los hablantes telefónicos parecen muy concentrados en lo que hacen y por supuesto todos fuera de la realidad. ¡Qué le vamos a hacer! Luego está el teléfono de casa, ese que solo suena cuatro veces y que cuando quieres llegar ya se ha cortado a pesar de haberte dejado la hernia discal en el intento, bajando las escaleras. Lo que es, llegar para nada, pero una vez que ya estás ahí pues se te ocurre que como tienes una tarifa muy apañada pues vas a llamar a alguien. Marcas el teléfono y como estás cual moto te has confundido y responde alguien que no es, una voz de persona mayor y enfadada: perdone, perdone creo que me he confundido, dices tímidamente y cuelgas. Vuelves a marcar esta vez clavando el dedo en los botones para que se marque bien, por inercia rara también te clavas el teléfono en el oído como si de esta manera estuvieses mas cerca de la persona...¡raro! Esta vez es tu madre que tiene el teléfono para sordos y te contesta con un volumen tal que te hace polvo la oreja para todo el día, pero eso sí, la has escuchado muy cercana.
Están las llamadas de la telefónica, sí las que hacen encuestas, de chorradas en cuyo caso lo mejor es decir que tú misma no estás que no sabes cuando vas a volver y que llamen más tarde. Siempre me funciona lo de: mi madre se ha ido a Argentina a buscar a la madre de Marco y a pasarlo bien. Un día se me ocurrió encargar por teléfono unos congelados y a partir de ese momento ya no sé qué hacer para que no te llame la chica de la empresa haciendo su trabajo –ya lo sé y me da pena- para saber si has mirado el catálogo y demandarte el inefable encargo. Hay ofertas estupendas –dice- y te sirven en seguida dos kilos de judías verdes, te regalan una bolsa de cebollas, y si compras veinte pizzas te regalan dos bandejas de canelones, más los helados y las tartas. Total, un descuadre de 75 euros que en realidad no tenías pensado gastar porque estás en tu casa pa ahorrá, pero como te han pillado de tonta y en el fondo te da pena la chica a la que les has dicho cuarenta veces que tú misma no estabas, que no te ha llegado el catálogo, que te lo ha enviado, que lo ha vuelto a enviar, que no lo has mirado, que espera a que lo mires, que no lo encuentro y que te lo cuenta ella por teléfono...encargas todo lo que te diga y punto. Declive de tu voluntad y por lo tanto de tu personalidad que la has perdido si es alguna vez la tuviste. Acaso algo de bien sí se le hace a la amiga telefonista que con ello se llevará gracias a ti una comisioncilla, nada del otro mundo, claro.
Existe igualmente ese momento en el que suena el teléfono y son ellos los que se han confundido preguntando por María que no eres tú. A partir de ahí se te hace más difícil vivir por la sencilla razón de que te preguntas como en una interiorización del ser ¿por qué no seré yo María? Ya tienes ahí la consiguiente crisis de autoestima y personalidad. Ahora hemos caído en el totum maximus, en el desideratum único como es el hecho de tener teléfono en casa pero un teléfono portátil. Es un teléfono inalámbrico que te permite trasladarte por tu casa mientras hablas con alguien. De esa manera puedes hacer cualquier cosa y cuando digo cualquier cosa es que es cualquier cosa. Tiene el fallo de que si no se ha cargado hace unos ruidos horribles, pero bueno, superada esa cuestión el portátil inalámbrico y con altavoz es toda una novedad sensorial, sin dudas. Llamar a una amiga en esas circunstancias supone entrar en otro mundo acústico y como tal, imaginativo.
Cuando has conseguido comunicar con tu amiga –mi amiga Ángela en este caso- que de hecho tenía ocupado su teléfono desde hace una hora, la llamas justo en el momento en que ésta trabaja para hacer la comida, ya que por la tarde no está en casa. Tú ese día estás hecha polvo pero no va a importar ¿por qué? Porque las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez. Mi amiga también tiene un teléfono inalámbrico y con altavoz, osea el tow mach. –Ay, me has cogido en el baño, perdona, pero no, sigue, sigue hablando si yo te escucho igualmente es que ya no podía más Uff!! Suena la cisterna del water. ¿qué tal? Esperas a que termine el ruido de la cisterna. Pues bien, nada, aquí estoy que no sé qué hacer con el pelo. ¡Vaya! Pero si así estás muy bien. ¿te has cansado? Sí, yo creo que sí, es que me veo fatal...además con los kilitos que he cogido últimamente...¡que estoy de buen año! Bueno, si te sirve de consuelo no he bajado los veinte kilos de más desde el 2008, pero me da igual...Ay, espera, espera un segundo. Ruido de batidora. Ya, ya está, es que tenía que batir esos huevos, pero sigue...espera que pongo el manos libres. ¡Oye! ¿Pero me oyes? Si, sí es que de paso aprovecho para lavar estos platos que si no se me acumula. –Ah, ya.
-Pues te decía –intentas seguir- que he tenido problemas en el trabajo y que estoy fatal además con lo del pelo. –Ya, ya lo comprendo...pero espera, espera un momentito que me llaman a la puerta...Esperas, ya, ya estoy contigo otra vez. Nada te decía que estoy muy desanimada que pienso mucho en el suicidio. ¡Pero mujer! Estás mal, eso no puede ser, ¿qué te pasa además de haber perdido el bolígrafo? Pues ya te he dicho que tengo problemas en el trabajo y que no aguanto mi pelo. Ya..espera, espera un segundín...¡ya! es que no podía abrir el frasco de los espárragos. (Escuchas los golpes del tarro en tu mismo cerebelo). Bueno, te decía que me siento muy mal (ladridos de perro) ¡anda!, ahora es a mi que llaman a la puerta. Un segundito que ya llego, era el cartero que traía una carta certificada pero no es para mi. Bueno dime cariño –dice Ángela-, siento que estés fatal, lo del trabajo lo entiendo porque yo estoy igual. (Ahora enciende el extractor de humos) Oyeeeee, oyeeee, dice ella. Sí, sí te oigo, algo mal pero te oigo. Por favor, mira a ver si puedes quitar la extractora. Vaaaaale, la quito. Es que si no la pongo luego huelo a fritanga que no veas.
Ahora que lo pienso...¿cómo está Julio? Pero de qué Julio me hablas? Pues hija de tu marido, quién va a ser, veo que estás peor de lo que yo pensaba. Por cierto ¿me has enviado el libro de métrica? Pero qué estás hablando, perdona pero no entiendo nada. A ver tú no eres Ángela que vives en Madrid? No, claro que no, yo vivo en Asturias y me llamo Conchita. ¡Anda! Y tú no eres Rosa que vives en Bilbao? Pero tú no eres Rosa? No, que va yo soy María.  No, Pues para no conocernos de nada qué bien nos hemos entendido.

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...