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Llamando a una amiga


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Llamar por teléfono a una amiga no es cualquier cosa. Yo recuerdo de pequeña –en mi casa somos muy aficionados a hablar por el teléfono- que me marchaba al colegio por la mañana y mi madre se quedaba hablando por ese aparato que en aquellos años era un tocho muy pesado, y cuando regresaba del colegio a comer cerca de la una pues mi madre seguía hablando con la misma persona. Bueno, yo pensaba para mis adentros, ¿qué cosas se tendrán que decir? Pasados los años he podido comprobar por mi misma que esto puede suceder casi sin proponérselo. Igualmente mi hermano que cuando yo era muy pequeña él ya tenía novia, se encerraba en su cuarto por cuya puerta salía un cable que conducía a la parte grande del teléfono, estaba horas también. Recuerdo de la misma manera en las reuniones que hacíamos cuando eramos estudiantes cómo si a alguien le llamaban por teléfono –ahora recuerdo el caso de Almudena y su novio Luis- cambiaba radicalmente la forma de hablar, el tono de la voz, la intención de la palabra. En las reuniones de estudio cuando alguna pasaba al habla las demás nos hacíamos las locas como si no fuera con uno, y no quitábamos la oreja del tema de nuestra compañera: -Hola mi bichito, -decía Almudena- a su novio con voz bajita para que no la oyésemos, lo cuál claro, era imposible y las carcajadas sonaban a diestro y siniestro por toda la casa aunque eso sí, de forma disimulada.
Había un anuncio de televisión por aquel entonces, supongo que sexista, donde se hacía un apología de hablar por teléfono y a la sujeta se le llamaba Matilde telefónicas. Ya ves tú, como si los hombres no hablasen, solo hay que verles móvil en mano. La fase peor y patética de ellos es cuando se ponen romanticones o incluso atrevidos. En esos momentos te dan ganas de matarlos. Sin embargo, culturalmente a la gente le ha quedado en su registro memorial que somos las mujeres las que más hablamos por teléfono y las que más criticamos. Cosa absolutamente falsa, los hombres son los más fanfarrones y cotillas del mundo como les des un poco de sitio y si es por hablar por teléfono...habría que ver estadística en mano. ¡Leche!
Ya mi madre de muy pequeñita soñaba –me ha contado muchas veces- con que la gente fuese por la calle llevando en su bolsillo un teléfono, en su sueño –decía- todas las personas respondían a sus comunicaciones según iban andando por la calle. A veces la ficción se convierte en realidad y mi madre ha podido comprobar por si misma efectivamente cómo la gente va por la calle, en el metro, en el bus, en el super...en cualquier lugar y circunstancia y le suena el teléfono y va y habla. ¡Alucinante! pero cierto. Esto como todos sabemos es para morirse pues en plena ciudad la gente va como hablando sola, sonriendo o dando gritos (con el piringanillo en la oreja) y en realidad no quiere decir que se hayan vuelto locos es que van hablando por teléfono, en esto, ganan como locos mundiales, los del piringanillo. ¡Flipante! Y si te paras a mirarlos el resultado es el siguiente: Estoy parada en la puerta de unos almacenes –sí ya sé que es un lugar horrible- esperando a una amiga y de repente uno que pasa: te lo juro te lo juro que yo no quería decirle nada, pero es que la verdad que me encanta no sólo él sino todo lo que le rodea. Y tú miras con cara de alucinada pensando en que quieres enterarte de todo lo que falta pero en ese momento pasa otra: María te he dicho que no, no te pongas tonta porque no quiero ir a esa fiesta. Y tú que estás esperando te preguntas ¿por qué no querrá ir a la fiesta? Y ya te han dejado con las ganas para todo el día. Una carcajada de otro que pasa con maletín en una mano y el teléfono en la otra: ¡Jajajajaja! desde luego es que se te ocurre cada cosa...vale luego nos vemos y no llegues tarde, sí donde siempre. Ya te han vuelto a dejar mal y cuando quieres reaccionar pasa otro: por favor, por favor, no me digas eso que no lo voy a soportar...Bueno, pues ya te han chafado el día. Así te puedes pasar horas hasta que llega tu amiga, tarde como de costumbre, mientras tú estás con los nervios de punta porque te han dejado a medias de un montón de conversaciones, decides hacer un puzzle de todo lo que has oído pero lógicamente el resultado es surrealista, te quedas con ansiedad de caballo.
Los hay que se mueven mucho para hablar, los hay que parece que están dando un discurso, unos miran al cielo, otros al suelo, la mayoría coge el teléfono con una mano y la otra la pone sobre el brazo del teléfono en actitud de corte de mangas, las hay que al mismo tiempo que hablan buscan algo en el bolso y parece que se les va a caer todo..., no se les cae y siguen controlando la conversación, ésta son las superguoman, pero lo mejor de todo es que los hablantes telefónicos parecen muy concentrados en lo que hacen y por supuesto todos fuera de la realidad. ¡Qué le vamos a hacer! Luego está el teléfono de casa, ese que solo suena cuatro veces y que cuando quieres llegar ya se ha cortado a pesar de haberte dejado la hernia discal en el intento, bajando las escaleras. Lo que es, llegar para nada, pero una vez que ya estás ahí pues se te ocurre que como tienes una tarifa muy apañada pues vas a llamar a alguien. Marcas el teléfono y como estás cual moto te has confundido y responde alguien que no es, una voz de persona mayor y enfadada: perdone, perdone creo que me he confundido, dices tímidamente y cuelgas. Vuelves a marcar esta vez clavando el dedo en los botones para que se marque bien, por inercia rara también te clavas el teléfono en el oído como si de esta manera estuvieses mas cerca de la persona...¡raro! Esta vez es tu madre que tiene el teléfono para sordos y te contesta con un volumen tal que te hace polvo la oreja para todo el día, pero eso sí, la has escuchado muy cercana.
Están las llamadas de la telefónica, sí las que hacen encuestas, de chorradas en cuyo caso lo mejor es decir que tú misma no estás que no sabes cuando vas a volver y que llamen más tarde. Siempre me funciona lo de: mi madre se ha ido a Argentina a buscar a la madre de Marco y a pasarlo bien. Un día se me ocurrió encargar por teléfono unos congelados y a partir de ese momento ya no sé qué hacer para que no te llame la chica de la empresa haciendo su trabajo –ya lo sé y me da pena- para saber si has mirado el catálogo y demandarte el inefable encargo. Hay ofertas estupendas –dice- y te sirven en seguida dos kilos de judías verdes, te regalan una bolsa de cebollas, y si compras veinte pizzas te regalan dos bandejas de canelones, más los helados y las tartas. Total, un descuadre de 75 euros que en realidad no tenías pensado gastar porque estás en tu casa pa ahorrá, pero como te han pillado de tonta y en el fondo te da pena la chica a la que les has dicho cuarenta veces que tú misma no estabas, que no te ha llegado el catálogo, que te lo ha enviado, que lo ha vuelto a enviar, que no lo has mirado, que espera a que lo mires, que no lo encuentro y que te lo cuenta ella por teléfono...encargas todo lo que te diga y punto. Declive de tu voluntad y por lo tanto de tu personalidad que la has perdido si es alguna vez la tuviste. Acaso algo de bien sí se le hace a la amiga telefonista que con ello se llevará gracias a ti una comisioncilla, nada del otro mundo, claro.
Existe igualmente ese momento en el que suena el teléfono y son ellos los que se han confundido preguntando por María que no eres tú. A partir de ahí se te hace más difícil vivir por la sencilla razón de que te preguntas como en una interiorización del ser ¿por qué no seré yo María? Ya tienes ahí la consiguiente crisis de autoestima y personalidad. Ahora hemos caído en el totum maximus, en el desideratum único como es el hecho de tener teléfono en casa pero un teléfono portátil. Es un teléfono inalámbrico que te permite trasladarte por tu casa mientras hablas con alguien. De esa manera puedes hacer cualquier cosa y cuando digo cualquier cosa es que es cualquier cosa. Tiene el fallo de que si no se ha cargado hace unos ruidos horribles, pero bueno, superada esa cuestión el portátil inalámbrico y con altavoz es toda una novedad sensorial, sin dudas. Llamar a una amiga en esas circunstancias supone entrar en otro mundo acústico y como tal, imaginativo.
Cuando has conseguido comunicar con tu amiga –mi amiga Ángela en este caso- que de hecho tenía ocupado su teléfono desde hace una hora, la llamas justo en el momento en que ésta trabaja para hacer la comida, ya que por la tarde no está en casa. Tú ese día estás hecha polvo pero no va a importar ¿por qué? Porque las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez. Mi amiga también tiene un teléfono inalámbrico y con altavoz, osea el tow mach. –Ay, me has cogido en el baño, perdona, pero no, sigue, sigue hablando si yo te escucho igualmente es que ya no podía más Uff!! Suena la cisterna del water. ¿qué tal? Esperas a que termine el ruido de la cisterna. Pues bien, nada, aquí estoy que no sé qué hacer con el pelo. ¡Vaya! Pero si así estás muy bien. ¿te has cansado? Sí, yo creo que sí, es que me veo fatal...además con los kilitos que he cogido últimamente...¡que estoy de buen año! Bueno, si te sirve de consuelo no he bajado los veinte kilos de más desde el 2008, pero me da igual...Ay, espera, espera un segundo. Ruido de batidora. Ya, ya está, es que tenía que batir esos huevos, pero sigue...espera que pongo el manos libres. ¡Oye! ¿Pero me oyes? Si, sí es que de paso aprovecho para lavar estos platos que si no se me acumula. –Ah, ya.
-Pues te decía –intentas seguir- que he tenido problemas en el trabajo y que estoy fatal además con lo del pelo. –Ya, ya lo comprendo...pero espera, espera un momentito que me llaman a la puerta...Esperas, ya, ya estoy contigo otra vez. Nada te decía que estoy muy desanimada que pienso mucho en el suicidio. ¡Pero mujer! Estás mal, eso no puede ser, ¿qué te pasa además de haber perdido el bolígrafo? Pues ya te he dicho que tengo problemas en el trabajo y que no aguanto mi pelo. Ya..espera, espera un segundín...¡ya! es que no podía abrir el frasco de los espárragos. (Escuchas los golpes del tarro en tu mismo cerebelo). Bueno, te decía que me siento muy mal (ladridos de perro) ¡anda!, ahora es a mi que llaman a la puerta. Un segundito que ya llego, era el cartero que traía una carta certificada pero no es para mi. Bueno dime cariño –dice Ángela-, siento que estés fatal, lo del trabajo lo entiendo porque yo estoy igual. (Ahora enciende el extractor de humos) Oyeeeee, oyeeee, dice ella. Sí, sí te oigo, algo mal pero te oigo. Por favor, mira a ver si puedes quitar la extractora. Vaaaaale, la quito. Es que si no la pongo luego huelo a fritanga que no veas.
Ahora que lo pienso...¿cómo está Julio? Pero de qué Julio me hablas? Pues hija de tu marido, quién va a ser, veo que estás peor de lo que yo pensaba. Por cierto ¿me has enviado el libro de métrica? Pero qué estás hablando, perdona pero no entiendo nada. A ver tú no eres Ángela que vives en Madrid? No, claro que no, yo vivo en Asturias y me llamo Conchita. ¡Anda! Y tú no eres Rosa que vives en Bilbao? Pero tú no eres Rosa? No, que va yo soy María.  No, Pues para no conocernos de nada qué bien nos hemos entendido.
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