martes, 1 de noviembre de 2016

El escritor y su público o los editores con sus críticos


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¿Escribimos para el lector amigo, para los lectores y el público? El público de un escritor, son evidentemente los lectores. Hasta ahora, un escritor no ha tenido público, en principio, de no ser que hablemos de los autores dramáticos. Ya se discutirán en otra ocasión las denominaciones, pero creo por hoy que el público del escritor es más bien anónimo, desconocido, aunque esto comienza a cambiar con las nuevas tectonologías y los feisbuques. ¿Escribimos para los editores, para que se venda nuestro libro, para esa masa de lectores que pueden estar esperando o simplemente escribimos porque necesitamos desarrollar ese ejercicio de creación? ¿Lo hacemos por obligación, por necesidad, por dinero, por fama, por imposición...por oficio? Cada escritor –no hablo para los intrusos ni para los que por azar escribieron alguna vez un libro- debe preguntarse en algún momento qué quiere hacer exactamente con su trabajo, con sus ideas, debe saber qué posición va a tomar en determinados momentos de su vida profesional, hasta dónde está dispuesto a llegar y qué haría por su obra. Es decir lo que en Historia de la Literatura se estudia como El compromiso del autor con su obra, bueno, es un buen título cuando se estudia a un autor que ya ha fallecido pero al mismo tiempo es un título molesto cuando se trata de un autor que vive y que debe posicionarse consigo mismo. Es decir lo que en Francia se estudia como autocrítica, que en este caso consistiría en preguntarnos a nosotros mismos qué somos, qué queremos hacer, cómo escribimos y hacia dónde va nuestra obra. A mi, en general, y ahora vuelvo con lo de los feisbuques, me parece bien que existan los blog, son interesantes, válidos, modernos y abren ventanas al recluído creador que es el escritor, pero al mismo tiempo abren la ventana también de la confusión, ¿cuál? La ventana de que nadie sabe quien es quién. Sufrimientos de la modernidad que tampoco extrañan tanto, si bien se piensa, cuando a Cervantes ya le salió un competidor en su momento, el tal Avellaneda, que si no llega a ser por aquel bicho malo, don Miguel no escribe la segunda parte de El Quijote, eso está claro. El libro electrónico funciona muy bien igualmente –mucho más en otros países como Holanda especialmente- pero dan pie igualmente a un mercado de desconocimiento y de dudosa profesionalidad. ¿Por qué los lectores no exigen del escritor profesionalidad como se exige de un músico o de un médico? No lo sé. Probablemente por que es muy dificil conseguir tener criterio o simplemente porque una obra gusta porque gusta y en muchas ocasiones no se sabe porqué. Si mi amiga lee historias mal traducidas sobre draculines, (Crepúsculos y demás) verbi gratia, pues yo hago lo mismo y no me cuestiono nada en absoluto, aunque haya pagado 25 euros por el librito. Para esto, para el invisible e imprevisible criterio de los lectores influye –de esto ya he hablado en otros lugares- el marketing jevimetal de las agencias publicitarias que lo hacen sin tener en cuenta el valor de la obra, cuando lo mejor seria que hiciera la publicidad con una obra muy buena, esto seria quizás lo ideal, solo es que algunos autores de obras muy buenas no les da la gana entrar en eso. Punto. Conocemos a algunos muy buenos y ahí quedarán para siempre, otros han quedado ya, en esto estarán todos conmigo, vamos que no digo ninguna tontería. (Lo digo porque últimamente desbarro mogollón y me meto con todo el mundo, estoy como esos abuelos barra abuelas que les da todo igual y arremeten con to Dios, con perdón).
El caso es que hay muchos libros, muchos tipos de escritura y muchas maneras de llegar al público. No se debe publicar todo, claro que no. Hay quien es perfeccionista y solo edita una gran novela en su vida como Alas Clarín, sin embargo, dedicó la literatura todo su ser, su vida literaria como periodista, escritor de cuentos, crítico y ensayista. Poca suerte sin embargo tuvo con el teatro. Yo decidí en su día ser profesional de la escritura e intento “vivir” de ello, así me va, durilla la cosa pero seguimos. En esto se incluyen claro está ensayos, traducciones, obra periodística y ahora ya voy directa a defender lo que escribo en materia novelesca, aunque todavía no es el momento. Escribo cosas de poesía, si se piensa bien, todo escritor con sensibilidad es poeta, pero no considero que sea sorprendente ni bueno lo que hago, he leído a otros que lo hacen divinamente, eso sí lo considero un pasatiempo, no una profesión, sería una intrusa publicando mis poemas. (Sin embargo alguien decidió publicar mis versos y por lo visto soy buena...) En fin, por ejemplo pasé siete años trabajando en el teatro de Pérez Galdós, ya editado en Cátedra-Anaya, un libro que se vende muy bien, por lo visto. Son trabajos de “profesión” donde unos gustan más y otros menos, algunos llevan desde luego muchas pero muchas horas, que no son pagadas como el que hago ahora transcribiendo manuscritos. Luego será una muy buena edición para la RAE. Todo el mundo cree que un escritor vive del éxito que tuvo con no se qué novela que le dio mucho dinero y fama, y no es así. Es verdad -y yo creo firmemente en este principio- que a fuerza de trabajar, trabajo y trabajo, un día suena la campana, quizás el día menos pensado. Borges, como Cortázar y tantos otros, tenían que hacer otros trabajos que a veces gustaban, muchas veces no, pero que te mantienen cerca de las letras, te relacionan con ellas, estás junto a la literatura y te dan pa comé. Cortázar ha hablado alguna vez de los felices ingresos que le dieron las traducciones. Entre esas preposiciones, verbos y conjunciones de otros que alomejor estás traduciendo del alemán, o entre medias de ese manuscrito del XIX que nadie conoce nada más que tú surge la ensoñación, la idea, dejas ese monstruo de lado y te pones con el tuyo (con tu monstruo) a escribir ese cuento que ya estabas intuyendo en tu mente, que de hecho estaba allí  y que tienes que hacer salir como sea. Te pones y del tirón escribes ese cuento fantástico. Entre medias de esos mundos literarios o explicando a tus alumnos una lección sobre la poesía de posguerra surge la continuación de ese capítulo que no sabías muy bien como salir de él. Estás ahí en lo literario, te gusta, lo necesitas. Te fijas en una mirada de una alumna, en la congoja de una clase al leer algo bueno en alto, en un comentario de un niño, en el sufrimiento de esos estudiantes que no se ve a simple vista: eso se hará literatura en algún momento para un verdadero escritor. Después poco importa lo que digan los demás, -aunque cuando eres profesional las críticas son mordaces e influyen mucho- pero creo que una vez que la obra está hecha poco importa lo que opinen los lectores, ¿por qué? Por que de todas formas esa obra una vez que salga de tu territorio y pase al terreno de una editorial dejará de ser tuya y pasará a ser de los demás.

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Con suerte, lograrás que cada lector la haga suya y esboce algo de agradecimiento por haberle conmovido, o haberle hecho reflexionar o gritar, o unirse a una revolución -que nunca se sabe-, con mala suerte, tu colega que además es crítico, publicará una mala reseña o lo peor no escribirá nada de tu libro, ninguneándote como si tu trabajo no hubiera sido nada: quiere que seas invisible. Vilezas que han existido siempre y que ahora tampoco nos van a extrañar. Por tanto, no es grave cuando es por afición, pero cuando es tu profesión molesta y mucho. Tanto como cuando los colegas dejan de hablarte por que has publicado otro libro y cosas así. Claro, a los intrusos esto no les pasa, como a los que caen en la literatura por azar, tampoco, no les va la vida en ello. Yo cuando toco el violín, pues lo hago con mucha pasión, pero claro tocar tocar pues realmente lo hago muy mal, aburro a las ovejas que ya es decir, distinto es de mi amigo José Fraguas que es un profesional del violín y que desde luego pasa muchas horas en ello haciendo que la Humanidad entera toque el tan-tan de felicidad al escucharle. Lo hace muy bien.
Ante el público -se diría- que no hay que hacer nada, ante el público hay que esperar a que lean los trabajos que uno ha elaborado con el gusto de escribirlos y pensando que uno ha hecho lo que tenia que hacer, sin pensar en escribir para complacer a determinado sector o al otro. Y poco a poco tendrán un criterio tuyo. Entelequias me dirán. Probablemente lo sean. Lo mismo que yo soy profesional de los ensayos literarios y alguno filosófico, también hay colegas que son profesionales de los relatos de ficción o de adolescentes o de qué sé yo. Vale. Sin embargo, todo escritor quiere ser conocido. Si la gente supiera lo mal que lo pasan los escritores conocidos, no lo querrían ser, te lo digo yo. Cuando no eres conocido, eres libre y puedes hacer, opinar y escribir lo que te de la real gana ¿y luego? Me dirán, luego igual. Pues no señor. Luego donde las dan las toman y a rey muerto rey puesto con el aro. Y que no paso por el aro y que sí paso por el aro. ¿Qué hay cuando un escritor "conocido" no vende ni un froncio? Qué horror ¿no? Los editores encima del pobrecillo acomplejado y malo escritor que a esas alturas piensa que  ya no tiene ideas y que no sabe escribir. Le vemos en tontas entrevistas donde es tratado sin respeto o interrogado por ese único libro que parece que gustó y del que lógicamente nadie se acuerda ya. Pues eso, que la creación es otra cosa, cuando uno se imagina un escritor, cree una cosa y a veces es otra. Y a mi me siguen dando ganas de ir a abrazar a aquellos que leen mis cosas y que les gusta, y de momento no pienso nada más que en trabajar y en un posible lector, que con que haya uno, me vale, la anagnórisis ya vendrá sola si  es que ha de venir. Venir, venir no viene tan fácilmente como muchos piensan porque eso es volátil y solo se queda uno para hablar por la radio –cosa a todas luces más fácil que ser escritor y que da mas dinero aunque yo sea incapaz de hacerlo- perdiendo en prestigio y ubicación tu escritura. El tiempo, como digo coloca a cada uno en su lugar y sino, pues al menos hacemos lo que nos gusta y necesitamos hacer para vivir. Seguiré.


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