domingo, 23 de abril de 2017

Filosofía y Dios


Resultado de imagen de conocimiento y dios

El conocimiento o identificación de un Ser Superior o de Dios viene directamente de la experiencia personal, aunque hay ciertos problemas para identificar el sentido o conocimiento de esta mismo proceso experiencial. Por ejemplo, para San Buenaventura el objetivo de la filosofía es Dios, el conocimiento imperfecto, pero seguro del mismo, y es motivada por el amor. Pero el hombre tiende a intentar comprender y por ello busca razones; la filosofía era para este pensador el camino de la mente hacia Dios. El conocimiento racional de Dios sigue un camino constituido por diversas fases: en primer lugar podemos percibir a Dios en las cosas que nos rodean, pues ellas conservan vestigios de E´l; lo expresan de alguna manera y reflejan la Trinidad. "Es fácil -dijo el pensador- percibir en todo lo que nos rodea la armonía, la belleza, el orden divino y al amar lo que nos rodea amamos también a Dios". En segundo lugar, en este camino racional de ascensión hacia el Creador, lo conocemos en nosotros mismos, en nuestra alma, que ya no es un mero reflejo de Dios sino Él mismo, una verdadera imagen del Ser Supremo. Por último la tercera etapa de conocimiento escapa ya a la filosofía y entra en el terreno de la mística: se contempla directamente al Creador cuando se alcanza el estado de unión mística.
De esta deducción se observa en consecuencia que la filosofía se detiene necesariamente en el conocimiento de Dios en el alma humana, que sobrevive al ser sustancia completa a la muerte corporal pero que posibilita en vida el conocimiento sensible de las cosas. El hombre es un paso intermedio entre las cosas sensibles y Dios: nuestro entendimiento precisa conocer el mundo de las cosas sensibles pero puede alcanzar un grado elevado de sabiduría si se dirige al alma y por tanto a Dios, que no son percibidos a través de los sentidos sino directamente. A través de la filosofía podemos conocer las cosas, pero este conocimiento será siempre parcial e incompleto por lo que si bien la filosofía supone un camino hacia Dios, quien se detenga en ella "caerá en la oscuridad" pues nunca proporcionará más que una certeza relativa. 

lunes, 17 de abril de 2017

Otro poco sobre el alma



Resultado de imagen de alma humana
Hemos recurrido  a la filosofía clásica en numerables ocasiones para intentar definir el alma humana. Aristóteles en su libro De Anima, que es un libro de física intentó definir este concepto y sus teorías sirvieron de base para explicaciones posteriores. El alma –para el filósofo griego- es el principio de la vida; los entes vivos son animados, frente a los que no lo son, los inanimados como las piedras. Vida es para Aristóteles, el nutrirse, crecer y consumirse en si mismo. La vida es crecer sin duda alguna y aprovechar ese crecimiento, en esa cabida, donde el ser engrandece como en ningún otro estadío por los que ha de pasar. el tiempo,    sobre todo, que surge del lento paso del mismo hasta que un día nos damos cuenta de que el tiempo, ya no es tan lento. El alma, en este sentido sería la forma o actualidad del cuerpo vivo, el alma informa la materia del viviente y le da su ser corporal, lo hace       
cuerpo vivo; es decir, no se trata de que el alma se superponga o agregue al cuerpo, sino que el cuerpo –como tal cuerpo viviente- lo es porque tiene alma. Según la definición aristotélica, el alma es la actualidad o entelequia primera de un cuerpo natural orgánico. Si el ojo fuese un viviente –dice Aristóteles- su alma sería la vista; el ojo es la materia de la vista, y si ésta falta, no hay ojo; y así como el ojo es, en rigor, la pupila unida a la vista, el alma y el cuerpo constituyen el viviente. Lo que define al ente animado es el vivir; pero el vivir se dice en muchos sentidos, y por esto hay diversas clases de almas; Aristóteles distingue tres: la vegetativa, única que poseen las plantas y que se da también en los animales y en los hombres; la sensitiva, de que carecen las plantas y la racional, privativa del hombre. Pero entiéndase que cada viviente solo posee un alma; el hombre, concretamente tiene un alma racional, que es forma de su cuerpo, y ese alma implica las otras funciones elementales. Frente a la concepción aristotélica del alma San Agustín recoge de la tradición platónica su concepción del hombre, donde el alma es una sustancia completa unida accidentalmente al cuerpo. La visión accidental del asunto carece de interés para mi, por que con ello contraviene las propias leyes del Universo y sobre todo las leyes divinas. Dios quiso que los hombres bajásemos a la Tierra para que tuviéramos un cuerpo, el Hijo también, es la forma de hacerse hombre: tener un cuerpo físico. Este accidente de San Agustín, puede ennoblecer la parte humana del alma del ser, sin lugar a dudas y es en ese lugar.
Una de las cosas más curiosas de comprender en unas y otras religiones por lo extraño que resulta, es el hecho de que tantas personas crean que en el hombre hay un espíritu y un cuerpo físico y que cuando el hombre muere, ese espíritu continúa viviendo como ente inmortal, y sin embargo no haya tenido existencia hasta el nacimiento del hombre en esta vida. Es posible aceptar que  el hecho de que antes de venir a este mundo, nuestros espíritus estaban ya creados, y es posible aceptar que en esta tierra los espíritus de los hombres ya existían antes de venir aquí y  que simplemente conservábamos otro estado diferente. Aceptamos en su momento venir aquí por medio de una serie de convenios o de tratos con Dios para poder progresar de una manera mucho más rápida, en ese sentido, la tierra, nuestro paso en la tierra, sería un estado de probación y no solo de probación sino de progreso. A pesar del hecho de que nuestro recuerdo de las cosas anteriores fue quitado, anulado, la índole de nuestra vida en el mundo espiritual (antes de venir me refiero) tiene mucho que ver con nuestra disposición, deseos y forma de pensar que tendremos en este mundo terrenal. El espíritu influye en sumo grado sobre el cuerpo, así como el cuerpo, con sus deseos y anhelos, tiene influencia sobre el espíritu.  ¿Pero el espíritu es lo mismo que el alma?¿Qué sucede cuando por ejemplo presenciamos los horrores de una guerra, cuando por azar estamos delante de una masacre humana y sabemos y vemos todo de lo que es capaz de hacer el ser humano, de su capacidad de maldad?. ¿Dónde reside el dolor que tiene como consecuencia el haber presenciado semejante tragedia, en el cuerpo, en el espíritu, en la psique, en el alma? El dolor espiritual, la depresión (por dar un concepto actual) la tristeza, la amargura...el asco de vivir se genera en nuestro espíritu cuya altura o elevación dependerá de cómo lo hayamos nutrido y en función de eso también se hallarán nuestros niveles de sensibilidad. Cuando un soldado pierde a todos sus amigos en un asalto, no queda impune, y siempre se preguntará ¿por qué? Por qué a ellos y a él no, se preguntará porque Dios ha enviado esas tragedias a las vidas de esas personas, por qué permite que mueran soldados que tienen familias y niños pequeños. Siempre culpamos a Dios. El espíritu, también se nutre de nuestras elecciones en la vida, de las decisiones que tomamos, aunque a veces esto sea impuesto, es el hombre el único dueño de su vida. Si un hombre ha elegido ser soldado lo más probable es que pueda morir porque en algún momento de su vida será enviado a la guerra. Es difícil que un militar sea militar para no ejercer de militar en –por ejemplo-  ochenta años de vida y cuarenta y cinco de servicio al Ejército. No tiene tampoco razón de ser, un militar tiene que combatir como soldados que son en la defensa de ideales que probablemente no sean los suyos. Cuando elegimos ser funcionario, por ejemplo, porque esa haya sido la tradición en nuestra familia y no sepamos salir adelante de otra manera, encontraremos igualmente sus pro y sus contra, porque todo lo tiene y todo se sirve de los dos polos: el bueno y el malo. Equilibrio.

De la misma manera, si somos artistas tendremos que defendernos de otro tipo de guerra, la del ser humano en lucha competitiva por hacerse un hueco en la fama y en el éxito. Envidia y Competencia. Si somos deportistas, o bailarines...nuestro cuerpo evidentemente se verá maltrecho a una edad mucho más temprana que la de los demás. Deterioro. Si somos empresarios arriesgados tendremos que aceptar cuando va bien y cuando tenemos una catástrofe económica en nuestras empresas. Ruina, Traición. El trabajo en solitario (como el de escritor o cualquier otra cosa que se pueda hacer en casa) igualmente proporciona una buena cantidad de sentimientos de desconexión con la vida externa bastante considerables. Soledad. Aquel que se dedica a la medicina, tendrá asegurado más de un contagio de enfermedades que le traen sus pacientes gratuitamente, a cambio está de continuo con la salvación física del individuo, es un trabajo de dioses en el sentido más estricto de la palabra, al tener en sus manos la vida misma y el poder de actuar directamente sobre ella. Riesgo, Responsabilidad. Cuando decidimos ser madres, en esto tenemos la peor parte, nuestra vida va a cambiar definitivamente y solo si se está preparado se podrá conseguir un éxito personal en esa tarea. Entrega. Aunque para ser madre, o padre no se esté nunca preparado porque la propia vida se encargará de sorprendernos, sí que tendremos que tener asumida una gran capacidad de dedicación y de renuncia a cosas para consagrarnos a los demás en nuestro propio detrimento personal, ser padres hoy en día, es muy sacrificado y requiere una gran dosis de humildad y de servicio. En estas decisiones que tenemos que tomar con el transcurrir de la vida se aúna nuestra propia capacidad de saber cual es el propósito de la vida para nosotros. ¿Haciendo qué cosas? ¿Eligiendo qué profesiones? Vocación. En la medida que nuestra vida nos da satisfacción parece que reside la felicidad, aunque creo que eso no es así. La felicidad es un concepto completamente abstracto del que se habla de forma continuada y sin saber cómo definirla. ¿Quién define felicidad? Cuándo el hombre se siente feliz, o bien, o satisfecho? ¿Es lo mismo satisfacción personal que felicidad? Todo está ahí. La vida misma está ahí para que sepamos sobre todo y particularmente cómo y de qué manera enfrentarla porque los “problemas” , los desafíos, los tendrá todo ser humano, pero “salir” de ellos o enfrentarlos con gallardía es una empresa para la que a menudo no se está preparado, pudiendo decirse que es la vida la que nos va enseñando poco a poco hasta que llegamos a una edad bien adulta en la que tampoco dejará de sorprendernos, solo que ya sabremos mucho más de ella y nuestra actitud, nuestro coraje, habrá cambiado de forma destacada. Para la persona que practica la fe en Dios y en Jesucristo se pregunta una y otra vez –no obstante- sobre el sentido de esta vida y a menudo no tiene palabras con que contestar. Dios, el padre de todos los cristianos –incluyo toda la tarta de cristianismo con sus diferentes trozos de verdad- no puede querer que sus hijos vengan a sufrir, solo sufrir y no a ser felices y a tener mecanismos de defensa ante la adversidad. No, Dios no quiere la privación, no quiere que nos privemos de aquello que nos gusta y nos hace felices, en todo caso, lo que no quiere es que caigamos en todo aquello que da una felicidad superflua y que detrás de ello se esconde una adición o un perjuicio para nuestro extraordinario templo en la tierra que es nuestro cuerpo. Con todo, tenemos nuestro libre albedrío de poder elegir cómo queremos vivir aquí, al mismo tiempo que asumir las consecuencias de esas elecciones.



Capacidades o naturaleza del hombre

Resultado de imagen de bondad


¿Es el hombre bueno por naturaleza? ¿Debemos cargar los seres humanos con las faltas de otros? ¿Es esto justo de un padre? Parece que no. Cuando el hombre viene a la tierra y considerando que se encuentra en un estado caído  debe pagar o no debe pagar por otros, o venir sin capacidades espirituales por causa de aquellos (me refiero a Adán y Eva). Las diferentes corrientes religiosas explican este hecho de maneras muy distintas, lo que es tema de un trabajo mucho más largo. ¿No es acaso el hecho de haber querido ser como los dioses comiendo del árbol del bien y del mal (osea queriendo adquirir conocimiento) que los primeros padres infringieron el mandamiento que se les había dado? Pero...al adquirir el conocimiento del bien y del mal encontraba éste su desarrollo en la posibilidad de adquirir el albedrío en su forma más grande de libertad de elección. De modo que el hombre no está supeditado a una herencia pecadora sino más bien se queda supeditado a su propia autonomía, a sus responsabilidades, a su libertad, a la capacidad de poder tomar sus propias decisiones en la vida puesto que ya conoce el bien y el mal.
Para Rousseau el hombre es naturalmente bueno y es la civilización quien lo echa a perder. En el terreno literario hemos visto como Naturalismo y Realismo con Èmile Zola en el Siglo XIX a la cabeza, argumentaban continuamente en sus novelas que el hombre es fruto de la herencia genética (con los errores que esta trae) y del medio ambiente, de forma especial, negando lógicamente la existencia de un Ser Superior. Estas corrientes materialistas que como todas las corrientes tienen su punto de verdad también tiene su parte de vaciedad o de cosa incompleta. Parece que el hombre se deja llevar e influir en la vida sin que pueda él por si mismo decidir nada. El hombre no puede dirigir su vida, no puede tomar sus propias decisiones según estos principios.
Rousseau (fundado en sus ideas religiosas que arrancan de su calvinismo originario) proponía una vuelta del hombre a la naturaleza con la idea de poder regresar o contactar con su estado natural, que es de bondad. Rousseau propone la búsqueda del hombre y de su actos explicando ambos en  un encuentro casi místico con los poderes de creación que están ahí, en la naturaleza. Algo de esta filosofía ha quedado en Europa con la importancia que se le concede al medio ambiente. El hombre sin contacto con la naturaleza no es nada.
Pero ¿de verdad podemos creer que el hombre es capaz de perder de esa manera sus capacidades espirituales casi de forma inconsciente porque somos influidos por el entorno? Claro que las puede perder, pero de forma consciente. Cuando un niño se aproxima a la edad de ocho años (generalizo) puede en su pequeño mundo discernir el bien del mal, sabe cuando engaña a sus padres, cuando hace algo que no está bien. Sus padres deben dejar que comprenda esta posibilidad bien-mal así como las consecuencias que se desarrollan de esas elecciones o decisiones tomadas aun siendo pequeño.
Los personajes siempre atormentados y determinados socialmente de Zola, el mundo realista donde parece que el ser humano no tiene salidas como igualmente plantearon escritores como Galdós, Pardo Bazán o Blasco Ibáñez parecen olvidar que el hombre puede decidir por si mismo muchas cosas y correr con sus consecuencias, claro, formando esto parte esencial de su progreso. El hombre no es una marioneta en brazos del destino o de su entorno porque el hombre puede cambiar su vida e intentar dirigirla. La capacidad de disponer de nuestro libre albedrío es el regalo de libertad mas grande que un padre puede dar a sus hijos y en la medida que mejor se conocen Las leyes de Dios por las que uno debe guiarse, mayor y mejores serán los resultados en nuestra vida, porque los realizaremos bajo nuestra libertad de elegir, la nuestra y no la de otros.
Hasta la próxima que retomaré aquí.

domingo, 2 de abril de 2017

La angustia

El hombre es algo concreto, temporal, con un principio y un fin, en un devenir situado en ese modo de ser que llamamos existencia por un cruce de lo temporal y lo eterno pero sumergido en la angustia que produce el saber que tenemos un fin. Esta existencia es personal, individual e intrasferible donde evidentemente cada ser, cada individuo tiene su vivir y con una existencia que nunca será igual que la del otro aunque se relacionen por circunstancias. Cada realidad vital es de cada quién y no se puede sustituir en modo alguno por la de otro que a su vez tampoco sustituye a la de aquel. La angustia que produce la subsistencia nos acerca a poder conocer el ser de cada hombre que continua siendo original y diferente del ser del otro y de su subsistencia. Kierkegard –a través de su punto de vista de la teología protestante- relaciona la angustia del ser con el pecado original. La soledad del hombre y su propia angustia de vivir vendrían marcados por la herencia directa de lo que en su momento hicieron nuestros “primeros padres”. Lo cual no deja de ser insólito porque eso significaría que el hombre y su ser existencial vienen marcados a pasar una vida provocada de antemano hacia sensaciones negativas y dirigidas, es decir, el hombre no sería libre en nada de lo que tiene que hacer, al hallar en su fondo una clara agonía de vivir, una vida que le destruye su moral y su potencial de vida. Las últimas investigaciones científicas apuntan –grosso modo- sobre la idea de que gran parte de nuestra manera de ser, el sentimiento de angustia, o las tendencias depresivas del hombre, la energía o carencia de energía para vivir se relaciona directamente con la herencia genética, con los genes. Estaría en los genes esa capacidad de venir al mundo con una predisposición familiar distinta de la de otra persona en relación con sus antecedentes familiares. En realidad esta idea no es más que una prolongación hacia la ciencia de lo que fue la revolución literaria del XIX con sus apostolados que defendían la herencia genética y el medio ambiente como los determinantes directos de la formación y sobre todo de la configuración del ser humano en esta tierra, concretamente el individuo en la sociedad. Para los naturalistas –ideólogos de aquel siglo que tanta influencia ha causado sobre nuestros días- el hombre es tal por una serie de circunstancias que le determinan a ser así y no de otra manera, es el determinismo genético y social el que nos configura determinándonos a cada uno de una manera diferente. En este sentido cada ser es el fruto de un resultado concreto e individual, con sus características individuales y personales. En este sentido la literatura ha dado muchísimas creaciones donde sus personajes son individuos determinados tanto por sus circunstancias medioambientales como por la herencia que han recibido en sus distintas tendencias de personalidad y enfermedades. Hoy se está demostrando que son los genes los que influyen en la persona más incluso que la educación la que determina, por ejemplo, los diferentes comportamientos o reacciones de los hermanos de una familia. En la genética está la explicación a gran parte de los problemas del hombre. El espiritualismo o la espiritualidad del hombre no tiene cabida en estas teorías experimentales pues se niega la existencia de un Ser Superior, al menos tendría la misma cabida que tiene los grupos de emociones del hombre, como el estado de amor, el odio, la ira, la felicidad, la tristeza...pero nunca el espiritualismo regirá la vida del hombre, menos la filosofía de vida de la persona y su propia independencia. El experimentalismo no puede llegar a aceptar que sea el hombre el único dueño del destino del hombre. Según estas ideas el hombre vendría al mundo con una predisposición concreta hacia gran parte de las cosas que le sucederán en su vida que no es la vida de otro,  y es trabajo del hombre el ir modelándola en función de todo aquello que ya trae a la vida por genética. Pero entonces ¿dónde quedaría el sentido de la libertad que debe el hombre tener? El hombre es libre y en esa libertad reside –como decía Ortega y Gasset- el proyecto, la elección o choix, el hombre es libre –decía- para todo menos para dejar de serlo, aunque tenía la evidencia de que, si bien el hombre elige siempre, no todo en su vida es objeto de elección, ni la circunstancia ni la vocación o proyecto originario. En realidad todo esto no contesta a la pregunta de porqué la vida produce angustia en el ser humano. Aunque estemos de acuerdo, por ejemplo, en que hay un factor genético que nos produce esas sensaciones, ¿acaso esas sensaciones o sentimientos profundos han sido iguales para todos esos miembros de la familia en su configuración generacional? ¿Mi abuelo sentía la angustia por la vida igual que la sintió mi padre o yo mismo? En ese sentido –dejando a un lado las creencias religiosas posibles- la finalidad de la vida sería el vencer esas predisposiciones cambiando todo lo negativo por voluntad de poder, como decía Nietzsche, para quien el bien máximo era la propia vida que culmina en la voluntad de poder. El hombre para él debe superarse, dominar la vida y terminar en algo mucho más superior que él, en algo que esté por encima de él, como el hombre está por encima del mono o de un perro. El hombre, por muchos condicionantes que “traiga” a este mundo debe vencerlos y dominarlos concretamente en la idea de magnificar el poder que tiene el hombre sobre su persona. Si ese poder está verdaderamente desarrollado podremos dominar cualquier cosa y aunque no seremos todos lideres, en cambio sí que podemos serlo del dominio de nuestra vida, venciendo esa angustia por vivir. Estoy en completo acuerdo con la idea de dominar la voluntad para conseguir la excelencia en el ser humano, sin embargo, discrepo en la idea de poder dominar el componente orgánico de cada ser humano, ¿cómo se puede hacer eso? Todo lo orgánico viene de dentro y como tal, cada persona  debe canalizarlo por medio de la voluntad y de algún modo acostumbrarse a vivir con todo eso, sin querer ser como aquel otro, teniendo respeto por lo que somos, aceptándonos en definitiva. Claro que el problema se plantea cuando no se puede de ninguna manera dominar lo orgánico precisamente porque lo es. Y si los genes, la genética tiene algo que ver de verdad, entonces una posible solución no está precisamente en el control de la persona, sino en lo científico y ahondando más, ¿en la religión? ¿en lo farmacológico? ¿en el poder del medio ambiente? Qué hacer entonces con los impulsos de la naturaleza, y sobre todo cómo vencer la agonía y la angustia que la vida en si misma impone en el ser humano?
 El éxito en la vida –si partimos de que todos los humanos han sentido alguna vez o muchas veces el sentimiengo trágico de la angustia- estriba en cómo y de qué maneras el hombre puede vencer lo trágico, en cómo lo canaliza en su vida, qué formas tiene de afrontar la propia vida no en los momentos de felicidad sino en lo contrario, en los momentos de angustia. Según cómo el hombre vence sus obstáculos habrá cumplido con uno de los propósitos de la vida que es -teniendo en cuenta que “venimos” con una serie de elementos preconcebidos- elevarse por encima de si mismo y crear otra persona que no está dominada por esos inconvenientes, por tanto, dicha persona, disfrutará de la vida en el sentido más amplio que esta tiene porque irá solventando sus dificultades utilizando los mecanismos de esa nueva persona que ha creado, es decir su inteligencia. De esta manera parece que el ser humano se divide en dos, uno es el que vive con “los problemas que por herencia trae y por sus circunstancias en los primeros años de vida, por su entorno y el otro, su desdoblamiento que es el ser humano que creamos nosotros venciendo esa serie de dificultades que traemos a la vida y que logramos perfeccionar hasta el final de nuestras vidas”. Un yo escindido en dos el yo natural y el yo nuevo que elaboramos fruto de nuestro progreso en la tierra. El yo natural es el que está más cerca del hombre que traemos, de sus pasiones, de sus angustias, de la tragedia del vivir del oscurantismo del pensamiento y de las emociones nefastas que produce la imaginación. Vencer ese hombre natural que produce la mayoría de las veces felicidad ficticia a cambio de algo, alegrías momentáneas y cortos placeres es el que a menudo se encarga de destruir, somos nosotros mismos quienes nos autodestruimos, porque ese yo natural y primario es quien se encarga celosamente de envenenar nuestra mente, nuestro cuerpo –la imagen fisica que tenemos de nuestro yo- y se ocupa directamente de impedir que florezca el yo vencedor, ese que se cultiva que es capaz de generar bien, que es capaz de hacer cosas como rectificar, aprender, olvidar, perdonar, retener, memorizar, engrandecer...construir en definitiva. Si nuestro yo natural es destructor y no deja que el yo nuevo salga y crezca, entonces nos encontraremos en una existencia verdaderamente terrible en la que el yo natural puede llegar a hacer que odiemos el nuevo yo provocando su eliminación, es decir, invocándonos al suicidio. Por que ¿quién se suicidaría en el caso de un suicida? Parece obvio que es el yo natural quien ha vencido sobre el nuevo intentando eliminarlo, consiguiéndolo en definitiva. Pero también debería de ser evidente que de todo lo “que traemos” no todo es “negativo”, lo que quiero decir es que para algunos, se puede dar el caso de que en su persona sea más fuerte  el yo nuevo que el natural, solo que no ha puesto en funcionamiento correctamente su albedrío porque no llega a dejar espacio para la felicidad y el gozo. Para muchos su yo natural es excelente y con la vida, con el paso del tiempo y de su aprendizaje este ser, este yo que venía con unas condiciones de éxito asegurado se va retorciendo, volviéndose mezquino, en ocasiones verdaderamente un traidor de si mismo. Aquel que llega a entender esa situación tiene ganas de perder la vida por el no dominio de si mismo y por no aprovechar lo que su yo natural le había ofrecido gentilmente, obteniendo ese devenir de la angustia hasta que la elimina de si mismo dominando de nuevo –el que lo consigue- su yo nuevo, creciendo, en definitiva. El hombre lucha por tanto consigo mismo desde que viene al mundo o quizás desde antes. La victoria de esa lucha será la gloria eterna de haber creado o mejorado a través de su existencia, su persona. Si el hombre es verdad que viene a la tierra con una capacidad de elegir, choix libre o libre albedrío –aunque convengamos que en la vida no todo es elección pero casi todo- dependerá solo de él de las decisiones que elija hacer en su vida las que determinarán su engrandecimiento hacia algo grande o hacia todo lo contrario, hacia la deformación de si mismo. Esto sucede –y seguro que el lector tendrá donde acordarse en forma ejemplificadora de esto que decimos- cuando encontramos al hombre que no ha podido superar las pruebas o las elecciones que la vida le ha brindado, su carácter ha cambiado, su amargura es mayor, su soledad y aislamiento son enormes, su angustia por tanto ha crecido mucho más, quizás porque no ha tenido los medios de poder vencer en su lucha por la vida y por su existencia. La vida, pone zancadillas con frecuencia cuando menos lo esperamos, estos son los agentes externos que tanto influyen sobre la existencia. Existir, no es estar simplemente, existir es ser, siendo alguien activo, productivo con su propia vida y con la de los demás, con el tu. Querer vivir  no es simplemente estar en el mundo.
Pero la mayoría de las veces se siente angustia, no porque la traigamos del otro mundo, como digo eso es una atrocidad, no creo que un Padre envíe a su hijos predestinados a sufrir a ninguna parte. La angustia, la inseguridad, el miedo…y otros sentimientos negativos del ser humano con los que tiene que luchar, vienen la mayoría de las veces producidos por fuerzas externas. Sin ánimo de intentar explicar que son los otros los que producen estas situaciones a todas luces horribles para el ser humano, tiene su parte de verdad.



Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...