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Moral natural, maruja sabia al poder

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Hay mujeres y mujeres, esto siempre lo he dicho y lo mantengo. Me toca un pelín las narices la animadversión con las mujeres que deciden quedarse en su casa cuidando de sus hijos y de su casa. Esto parece -hoy en día- una ofensa, cuando yo creo que es otra hipocresía intolerante más de estos nuestros días. En el fondo muchas y muchos llegan a se maruja en cuanto la vida les brinda la oportunidad. Ahora también se castiga a las mujeres -generalmente por otras mujeres- llamando marujas a las que de forma libre eligen un sistema de vida que no es el de la ejecutiva maravillosa, trabajadora como nadie y mujer formadísima que lleva todo manga por hombro pero que trabaja fuera de su casa. Si queremos hablar del concepto de moral en estos días así como de la actuación del ser humano seguro que tenemos un bajón anímico considerable. Por lógica, la moral natural conduce la hombre hacia la felicidad dejando actuar en nosotros lo espontáneo, alcanzamos el pleno desarrollo de nosotros mismos. la razón ha de seguir a la naturaleza en la búsqueda de la felicidad. hay que destacar el hecho que, aunque la realidad política (por ejemplo de la Ilustración ahora me viene a la mente) desmentía el hecho real de llegar a ser feliz, muchos pensadores de este siglo (incluidos los ilustrados) parecían ser especialmente optimistas en lo referente a conseguir una fórmula para llegar a experimentar la felicidad de este mundo. según éstos -los ilustrados- la búsqueda de la felicidad personal también impulsaba al ser humano a la colaboración con los otros en la consecución de la felicidad de los demás, constituyendo así el fundamento de la moral social.
En la concepción natural de la moral surgen nuevas virtudes, entre las que destaca la idea de la tolerancia, sí, en efecto esa idea es de La Ilustración y muchos partidos o líderes se lo amagan como si fuera de ellos. Ya te digo que entre mujeres no hay tolerancia que valga. La tolerancia supone la capacidad para entablar el diálogo con otras personas que tienen opiniones y comportamientos diferentes a los propios. Esta tolerancia se fundamenta en la humanidad, en la consideración radical del valor personal de cada ser humano. también se pone de manifiesto la virtud de la beneficencia, de hacer el bien a los más necesitados. para Voltaire, por ejemplo, aquello que corroboraba la existencia y la bondad de Dios era la misma naturaleza moral de los hombres. la solidaridad entre ellos, la tolerancia y el saber perdonar consistía en las más grandes virtudes del género humano. esta fe en el ser inmutable y eterno de la moral humana la compartió con Diderot. tanto para uno como para otro, no era un mandato racional abstracto el que dominaba y determinaba las relaciones entre los seres humanos, sino un vínculo real asentado en una comunidad de inclinaciones, impulsos y necesidades sensibles. según estos autores, si se dejaba actuar libremente a la naturaleza, sin ningún tipo de trabas, se veía realizada la felicidad humana, tanto de forma individual como colectiva.
Podríamos reflexionar en cuanto a esta idea en nuestro país donde en el fondo no existe para nada tolerancia alguna, porque solamente tenemos que asistir a cualquier debate donde el tema llegue a tocar la fibra. Se convierte en un escándalo. Todo esto, claro está, se convierte en teatro en el momento que tenemos la televisión delante donde cualquier debate, ya sea de la índole que sea, se convierte en un circo de muy mal gusto. He podido comprobar en muchas ocasiones la "cachaza", clase, glamour o como se quiera llamar de nuestros vecinos franceses donde ya pueden escuchar lo que escuchen o ya pueden hablar de temas candentes que les toquen el alma, que jamás van a perder la compostura. En fin, aquí andamos de reflexión e reflexión...y cada vez peor. Lo que mal llevo y esto tengo que decirlo alto y claro, son los debates hechos por mujeres ¡madre mía! perdónenme pero a esta servidora que escribe no la representan y sí las llamo marujas pero en la connotación negativa que desde luego no tienen las marujas de verdad. Porque si entendemos por maruja -esa señora respetabilísima ama de su casa y de su familia- que tanto se le ha ninguneado con el maldito término, ya les digo yo que ya quisieran ser una maruja de verdad estas interlocutoras de pacotilla tener el honor de ser una maruja, éstas, las amas de casa debaten bastante mejor que ellas: niñas monas indocumentadas que van de académico parriba. Se han invertido los términos o las connotaciones por desgracia y Maruja chunga debería corresponder a periodista o interlocutora chunga y las amas de casa, sabias de la vida capaces de hablar de muchas cosas con menos humos y más sustancia. ¡releches!
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