miércoles, 28 de junio de 2017

Yo, personaje



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(sigo desde el otro día) Por otra parte, quiero ponerles en antecedentes de algunas pequeñas cosas a la hora de enfrentarse a mis textos; es que también yo, como personaje y profesional de la lengua, desde luego no escribo como Vargas Llosa, por poner un ejemplo, pero tengo mi corazoncito. (Ahora ya se me ve más cercana). No tengo ese dominio de los tiempos verbales, que cambia cuando le da la gana con una donosura espacial, con los que el lector se va transportando casi en avioneta, como en La ciudad y los perros, no. A diferencia de la del peruano, tienen que aguantar una prosa enormemente conceptista, aspirante a gongorina, inaguantable, cargada de conceptos, con frases a medio desarrollar en su idea equivocada de intentar confeccionar oraciones perfectamente construidas     —pero sin lograrlo que es peor—, porque yo, Laura, me he hecho realidad desde el punto de mi pasado y soy humana como ya se verá. Escribo desde mi humanidad y como tal, plena de defectos por corregir, cargada de elementos por aprender, ansiosa de recibir sus consejos y satisfecha por mi valentía, taciturna pero sincera, al atreverme a desvelar algunas verdades que todos conocemos, pero que en absoluto nos lanzamos a compartir o más bien a autoafirmar.
Así pues, desde mi realidad de recién llegada doy al lector —porque no tengo de momento otra cosa— una prosa soporífera, poco suelta, sustantivada, ausente del verbo, gustosa de romper las estructuras gramaticales y, en resumen, asquerosa, que vuelve loco a cualquier lector. Y he de advertir, como cosa importante antes de soportar cualquier tostón recíproco de lector-emisor, que desde luego esta novela la escribo desde dos puntos de vista, uno que es el de la primera persona, estilo que será utilizado cuando hablo para mí —como en las composiciones para teatro en las que el autor dice del personaje en las acotaciones: (hablando para sí); pues igual—. Aquí el lector creerá que aquello que lee es una redacción prácticamente biográfica, estará relajado como ahora y pensará que todo es normal, que es justo lo que hay que pensar, que todo es normal, que nada se rompe. ¡Muy bien!, ¡muy bien, hija mía!, dirá, Es como un diario. De otro lado cuando hablo de los sucesos o de las emociones que quiero ver desde fuera entonces hablaré de Ella, en lo que será un estilo muy parecido al del escritor omnisciente, aquel que estará fuera, está ahí sin estarlo; se describirán las acciones, los sucesos desde la mirada del espectador, como si se encontrara ante una composición de teatro. ¿Acaso el lector nunca ha hablado de sí mismo como de Él? Pues debería hacerlo porque libera muchísimo la mente y aún más el espíritu, porque nos vemos desde fuera, podemos ver el Todo también desde la butaca, como si fuéramos nuestros propios espectadores... Este tipo de forma no le va a gustar nada a nadie porque se van a hacer un lío, y, lo peor, van a pensar que me lo he hecho yo. El lector (ese mal llamado «gran público») no querrá que alguien que habla en primera persona pase en otro capítulo a hablar de sí mismo como si de otro se tratase; no es agradable, despista y parece que el de la pluma no sabe lo que hace. Además, criaré descontentos entre las huestes —esas imaginarias mías—, con lo que se quedará herida una vez más mi dignidad y mi chulería innata, y ¡santas pascuas!, ¡lo haré!, escribiré esta historia, «trozos de vida» se llamaría más bien (para seguir molestando), a dos bandas, en primera persona y en tercera, con el redactor de por medio.
En fin que quede esto bien aclarado para que luego no se produzcan malentendidos, que si utiliza varios estilos, que si no está clara la voz narradora, etc. Nada, nada, pondré un ejemplo absurdo: primero, yo, que nunca me había sentido así, encontré divertida la escena que ante mí tenía (es el narrador en primera persona); segundo, Laura, (Ella, pero que soy yo) no sabía a ciencia cierta qué posibilidades iba a tener, si bien desconocía la verdad del suceso. Ya he hablado de mí, pero desde fuera, que está muy bien y ayuda al progreso espiritual de cada quién, así es que no me critiquen. Lo explico, aunque sé que nadie es tonto.
 Con todo, quiero que sepan que aquí estoy, pretendiendo ser un personaje único, revelador, independiente, original, alguien que se ha destapado frente a todos y que pretende desde su ficción escribir su novela. ¡Eso es imposible!, dirán. Como si fuera tan fácil que un personaje se revelara contra su creador ¿Cómo, qué yo lo he conseguido? Pues sí, mis dedos escriben y yo misma he matado a mi creador, alcanzando de este modo mi independencia. De tal modo es así que en lugar de ser otra cosa —una periodista o una mujer divorciada o un tío que se busca entre la crisis de los treinta, los cuarenta, los cincuenta y todas las crisis, que es donde viven los tíos—, pues no, yo, Laura Méndez, de cincuenta y pico años, de padre español, madre chilena, divorciada, con dos hijos y profesora de lengua y literatura, me ratifico en la esencia de ser lo que soy, un personaje que vive y que ha traspasado la frontera de la realidad, porque aquí la invención ha dado lugar a la existencia. 


Nada como inventar los hechos para que estos cobren realismo; pues eso, resulta que yo me he inventado a mí misma dando lugar a una existencia real. Ahora resulta que existo, que no pertenezco al mundo de lo onírico, ni a la frontera de los sueños borgianos: yo existo y reivindico ese derecho a existir como personaje, como un ente nuevo. Yo, Laura, quiero un estatuto, un economato, una república, quiero muchas cosas, porque acabo de crear un mundo nuevo que es el mundo existente, tangible de los personajes que existimos, esos que inspiran a los escritores realistas y naturalistas; algo inesperado y perplejo.

lunes, 19 de junio de 2017

AMNESIA DE UN PERSONAJE



Cap. I Tras tanto variar vida y destino
Todo aquello que acontece en el pasado humano no es sino un ejemplo de lo que acontece con todo pretérito humano, de donde puede llegar a resultar que esa postrera mirada hacia atrás  provoca una mirada hacia adelante, y si no podemos alojarnos en ese pasado histórico entonces no habrá más remedio que inventar y edificar otra realidad para poder instalarnos.
 Los pensamientos, como las ideas, se ligan unos con otros intentando a toda costa explicar la realidad, desmenuzar nuestra procedencia hasta llegar a ligar con gran evidencia los pensamientos unos con otros: un pensamiento llega a su realidad porque ha surgido de otro anterior llegando a ser la explicación de aquel, el cuerpo o realidad tangible. Así vamos construyendo nuestro marco real, por medio de un análisis progresivo de realidades, de pensamientos que creemos que han existido desde siempre, aunque esto no sea verdad. De tal forma construimos la realidad o lo que creemos que es: un destino inventado, desarrollado desde un espacio que creemos un pasado humano, pero que puede ser que no sea; aunque necesitemos hacer un nexo, un desarrollo de la realidad o identificación de ésta. 
Un día me di cuenta de que tenía pasado, de que recordaba cosas ajenas por completo a la invención de mi pensamiento. Los animales no lo tienen, ¡claro! Como tampoco lo tiene todo lo abstracto; los hombres, los humanos, sí conservan a diferencia de aquellos su pasado; estamos de hecho, fabricados de pasado, entendiendo esto como nuestra memoria. La ruptura de la memoria, de la reminiscencia de nuestro ayer, es el desencadenante de la anulación del yo, porque éste existe gracias al presente y, sobre todo, al pasado; y si tenemos en el presente el pasado, ésta será, por encima de todo, la raíz de la búsqueda de la eternidad. La creación del futuro es la que nos hace irremediablemente buscadores de lo eterno, partiendo de estos caracteres presentes y pasados.
Yo, llamada personaje, me di cuenta en su momento de que tenía pasado, de que existía en el presente y de que podía gozar de los beneplácitos de la inmortalidad al tener perfectamente controlado, pronosticado, mi futuro sin error. Como personaje soy inmortal. La sorpresa: tengo realidad y vivo en ella. Y ahora sistematizaré mi pensamiento, haciendo realidad mi vida desde el dominio de mi yo, solitario y de aparente ensoñación. Quiero partir, para poner así las cosas bien claras, de la premisa muy simple que dice que el ser humano es la creación de sí mismo (el personaje) dentro de unas circunstancias (el contexto), que hemos creado otra u otras personas que están en nosotros, y a quienes de forma habitual desarrollamos a lo largo de nuestra vida. (La historia, la anécdota, la temática, etc., como ustedes quieran, que a mí lo mismo me da.)
No querría yo que con ello que se pensara de forma frívola aquella frase, que a todas luces hay que desestimar, que dice: "es que es un personaje"; no, por favor, vamos a obviar este tipo de confusiones; no, por Dios, no es eso. Paulatinamente iremos viendo este proceso que se da en todos los seres humanos, todos de una o de otra manera somos arquetipos de personajes, porque todos los seres humanos conscientes o no, construyen su realidad o su personaje mediante su paso por la vida. Al mismo tiempo veremos cómo todos los seres humanos mantenemos unas constantes en nuestra personalidad muy parecida a las de otros personajes que ya han sido dados como válidos por otros personajes, al ser publicadas sus vidas o sus caracteres en forma de libro, sea cual sea el estilo para éste utilizado.
El lector podrá extraer como conclusión algo que ya le adelanto yo, y es que somos hombres y mujeres muy parecidos, pertenecientes a categorías, que sufrimos y disfrutamos a la vez —si bien unos mejor que otros, eso sí, pero, al fin, todos arquetipos—, y descubrirán por sí mismos, solitos, cuáles son los elementos en común que tenemos con otros personajes.

viernes, 16 de junio de 2017

Reflexionando a cerca del poemario Tánger el silencio y las sombras



Con toda probabilidad  las personas que integran el mundo se han preguntado alguna vez por la razón de estar aquí, se han preguntado por el propósito de la vida, el propósito de la existencia en este mundo. Me preocupa y pienso en ese yo que va y vuelve a una ciudad, a un lugar, a una persona.
Cuando en la infancia se descubre el dónde querer vivir, el cómo pasear y descubrir la vida, experimentando todo un mundo nuevo al abrir una puerta en este caso, la de África, el alma queda marcada. Martin Heidegger (1889-1976) cuando analizó la esencia del existir se dirigió expresamente al concepto unívoco de estar en el mundo argüyendo en este sentido que las determinaciones del ser, del existir, tienen que verse y comprenderse sobre la base de lo que se llama el estar en el mundo que es un fenómeno unitario y, por tanto, no ha de tomarse como una composición de los conceptos mentados por su expresión. Uno de los modos posibles –decía- de tratar con las cosas es conocerlas; pero todos suponen esa previa y radical situación del existir, constituida de él, que es el estar desde luego en algo que se llama primariamente mundo.
Para el filósofo alemán “estar en el mundo” (In-der-Welt-sein) solo puede hacerse de forma plena y comprensiva desde un punto de vista fenomenológico del concepto del mundo. De momento, mundo, no son las cosas (árboles, hombres, montañas...) que hay dentro del mundo y que son intramundanas (innerweltlich). Desde ese punto de vista, la naturaleza, tampoco sería el mundo, sino un ente que encontramos dentro del mundo, como son también las emociones, los sentimientos, son entes en diversos grados y formas que pertenecen al mundo. Ni siquiera la interpretación ontológica del ser de estos entes se refiere al fenómeno mundo, que está ya supuesto en estas vías de acceso al ser objetivo.
Mundo por tanto para aquel amigo Heidegger, representa ontológicamente un carácter del existir mismo, aunque las sombras del ser siempre nos agitan con su inevitable presencia.
En las distintas etapas por las que atraviesa el individuo, muchas veces nos planteamos esta dicotomía y con ello a medida que pasa el tiempo y que alcanzamos una edad, con mayor motivo nos planteamos estas preguntas yo quiero ¿ser del mundo, estar en el mundo o vivir en el mundo? ¿Quiero volver al ayer? A las experiencias que otrora tuve? ¿pero las quiero con esta edad, con la de ahora…solo que aquellos no están. No es fácil dilucidar estas proposiciones, pues si bien la función verbal que las diferencias y que en otras lenguas sería intraducible, en español impone a estas frases un fuerte concepto filosófico y religioso. Probablemente la mayoría de los seres lo que queremos es vivir en el mundo, entendiendo este como un lugar de existir, es solo existencia porque relacionamos vivir y mundo, existir y mundo aunque por desgracia sabemos que esto no siempre es verdad. Hay muchos seres que están en el mundo pero no viven en él, hay muchos seres que son del mundo pero no viven en el mundo, por ello el concepto activo de vida, de vivir intrínsecamente relacionado con el de existir y mundo deberían de estar siempre unidos para que nadie se sienta en los otros dos rincones (ser y estar en el mundo) que tanta angustia y desolación producen en el ser humano.
Pero y volviendo a la filosofía de Heidegger la muerte aparece como el otro vértice del estar en el mundo, el otro lado, es el otro punto importante del que evidentemente ya no hay retorno. El existir es siempre algo inacabado, por eso nos produce angustia, la angustia nos la produce la nada,  pero también nos produce horror y angustia precisamente el dejar de ser. Cabe, en cierto sentido, una experiencia de la muerte del prójimo. En este caso, la totalidad que el prójimo alcanza en la muerte es un ya no existo, en el sentido más absoluto de ya no estoy en el mundo. La muerte hace aparecer el cadáver; el fin del ente propio de cada cual. Los seres vivimos unos en otros, cuando un ser muy querido fallece y si ha sido muy amado, no muere, solo desaparece su cuerpo, su persona, su alma se queda con nosotros en multitud de acciones, de movimientos, de actos, de expresiones. El ser no se va, intuyo, sé, que los espíritus desde el otro lado trabajan para que no suframos los que nos quedamos aquí, trabajan para ayudar, y si hacemos lo correcto podemos sentir su influjo. Sabemos que siguen existiendo en nuestra alma, lo sabemos y lo sentimos si dejamos que esta corriente actúe y cada día podemos dejar actuar su acción absoluta sobre nuestra vida hasta que llegue el momento de volver a reencontrarse. La muerte es solo una separación temporal de un tiempo que tenemos, que corresponde aquí a la tierra y en la que debemos hacer el esfuerzo de entender la temporalidad global  de los diversos ciclos que tenemos que cumplir. La muerte deja que sigamos siendo para los demás aunque ya no estemos en el mundo.
Luego viene la nostalgia, sentimiento difícil de encarar (cuando uno arrastra imágenes y sensaciones) pues es nostálgico todo aquello que intuimos que ya no nunca va a volver a ser. Y vivimos de aquellas iconografías, de retratos del ayer, recordando en nuestra mente los olores, las sensaciones…la ilusiones. Cuando volvemos al lugar que nos produjo nostalgia encontramos probablemente en nosotros una persona que no es la misma que sintió en aquella ocasión, pero que ahora siente de otra forma. Aprovechamos la nostalgia de tiempos pasados ni mucho menos para sentir que fueron mejores, solo que ya no son, que nunca más serán pero abren la puerta a otros que vendrán, probablemente en ese momento que hemos ido a abrazar a nuestra nostalgia por el tiempo que pasó. Es lo que yo denomino la segunda oportunidad de la nostalgia que no es otra cosa que construir sobre la que ya está y que parece insustituible. Generalmente se consigue y con ello se consiguen varios mundos: aquel de la primera experiencia y el que descubrimos con lo que reinventamos. ¿cuál es mejor? El del ayer con lo que yo era ayer y las posibilidades que tenía siendo una niña o este que construyo ahora con lo que soy yo ahora?

            Los espacios físicos, las ciudades, configuran sin duda nuestra realidad. Cuando dese niña comencé cada verano a quedarme esos días estivales en Tánger y con ella sus alrededores maravillosos y ciudades vecinas, quedó mi corazón sellado para siempre con ese continente. He vuelto y vuelvo a reencontrarme conmigo misma, a saber un poco más de mi y a fusionarme con esa cultura por otro lado tan ajena a esta mi realidad. Sus gentes te dejarán una huella impalpable que buscarás en otros lugares, pero que en vano encontrarás. Vuelvo a Tánger una y otra vez, algún día lo harán también mis cenizas. RAO.

 https://www.casadellibro.com/libro-tanger-el-silencio-y-las-sombras/9788416250721/5274754

martes, 13 de junio de 2017

Proceso a Cristo. Discípulos!!!



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Resumiendo o enlazando otros textos que ya he subido en esta página, relacionamos esos conceptos (cortoplacismo, tradición religiosa, hipocresía) y damos forma a otro nuevo. ¿Qué significa ser un verdadero discípulo de Cristo? ¿Qué cosas debe evitar el hombre y qué debe hacer si es que verdaderamente va a seguir al Hijo de Dios? Jesucristo advierte a sus discípulos para que estén alertas ante el pecado de la hipocresía. También notamos que El requiere que los fieles elijan entre dos alternativas: el reino de dios o el mundo. Solamente prestando atención a las amonestaciones del salvador podemos responder verdaderamente al llamamiento que El dio con las palabras de: Ven y sígueme. Los verdaderos discípulos de Jesucristo están comprometidos por convenio con las normas que El ha revelado, pero enfrentan muchos obstáculos de parte del mundo temporal. Al considerar algunas de las barreras que se anteponen a la vida espiritual, tal vez se pueda meditar con mayor profundidad los sentimientos de Jesucristo en cuanto a estos aspectos. Quien se reconoce discípulo de Cristo tiene que asumir una ligadura a su ideología. Hoy comento este breve pero significativo pasaje.
Jesucristo advirtió a sus discípulos claramente que se cuidase de la levadura de los fariseos. ¿Qué quiso decir con eso? Cuando Él usó estas palabras, sus discípulos dedujeron que se trataba de una simple referencia al pan, una posible reprimenda porque habían olvidado traer alimento para el almuerzo. De acuerdo a Lucas, ¿qué tenía Jesús en la mente? La hipocresía –ya hemos dicho- se define como la pretensión de hacer o creer algo mientras que, de hecho, se practica algo diferente. (Se puede comparar con la declaración de Pablo concerniente a la levadura 1 Corintios 5:7) Jesús insistió en que nos librásemos de la vieja levadura. Estos ejemplos sirven para ilustrar el contagio de la maldad. En el ejemplo de la mujer que leuda la masa en la forma acostumbrada para hacer el pan, la levadura simboliza el extenso, penetrante y vital efecto de la verdad. Propiamente se puede usar la misma cosa en diversos aspectos para representar lo bueno en un caso y lo malo en otro.
El verdadero discípulo tiene fe en el Señor y en su vigilante providencia. El sabe que ni  aun un cabello de su cabeza cae al suelo sin ser notado. Los poderes del hombre –es obvio- que son limitados y finitos.
Jesucristo (vrg: la mujer hallada en adulterio) rehusaba intervenir en asuntos que tenían que ver con la administración legal. En cambió sí que advertía de ciertas normas como por ejemplo: “mirad, guardaos de toda avaricia”. Dijo que la vida del hombre (Lucas 12:15) consiste en algo más que la cantidad de bienes que posee. Para ilustrar este punto contó la historia de “cierto hombre rico” cuya tierra producía tan abundantemente que no tenía ya donde almacenar sus bienes. El hombre decidió echar abajo sus viejos graneros para edificar nuevos. Su riqueza creció hasta que al fin él pensó Lucas 12:19: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años, repósate, come, bebe, regocíjate” (cortoplacismo de nuevo) pero el hombre había olvidado algo importante: la naturaleza transitoria de su vida. Esa misma noche murió. ¿Y qué pasó con sus posesiones?
Sus planes para almacenar debidamente sus cosechas y bienes no eran malos en sí, aunque pudo haber considerado mejores maneras de distribuir su hacienda socorriendo a los necesitados. Fueron dos sus pecados: en primer lugar, veía su gran abundancia principalmente como el medio de lograr su comodidad personal y satisfacciones sensorias; en segundo, engreído con su prosperidad material no sólo había hecho caso omiso de reconocer la mano de Dios, sino que aun contaba los años como propios. En el momento de su holganza egoísta fue herido. No se nos informa si la voz de Dios le llegó en forma de un temible presentimiento de su muerte inminente, o si fue por conducto de un mensajero angélico o de alguna otra manera; como quiera que sea, la voz decretó su destino:: necio, esta noche vienen a pedirte tu alma. ¿Es posible compaginar que un hombre llegue a ser rico y pueda a su vez mantener unas normas elevadas de espiritualidad y generosidad? Generalmente dependerá de cómo ese hombre ha adquirido esa riqueza, creo yo. Ser rico, nacer rico o hacerse de repente.

lunes, 5 de junio de 2017

Fiesta de la Dedicación (Proceso a Cristo)




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Casi doscientos años antes del ministerio de Jesucristo, Antíoco Epifanes, un rey de Seleucia que controlaba a Palestina, intentó destruir al judaísmo compeliendo a sus súbditos a aceptar la cultura griega. En una demostración de sumo desprecio por la fe judía. Antioco sacrificó un cerdo (el más inmundo de los animales, de acuerdo a los judíos) sobre un pequeño altar griego levantado para la ocasión dentro de los confines del levantado para la ocasión dentro de los confines del templo. Luego de esto, Antíoco prohibió toda ordenanza religiosa prescrita por la ley de Moisés y ordenó la quema de todas las copias conocidas de la ley judía. Finalmente ordenó que en toda Palestina se construyesen altares paganos y que los judíos adorasen a los dioses paganos y o fuesen ejecutados. Esta supresión de la religión judía precipitó lo que fue conocido como la rebelión de los Macabeos.
Judas Macabeo, junto con sus cuatro hermanos, reunió a su alrededor a cierto número de judíos devotos que se rehusaban a honrar y obedecer las demandas de Antioco. Formaron un ejército de guerrillas y desataron una guerra incansable contra las tropas empleadas por Antico para poner en vigencia sus normas religiosas. Finalmente los Macabeos tomaron el control de Jerusalén. Judas entonces procedió a purificar el templo (el cual durante tres años había sido usado para hacer ofrendas a Zeus) y procedió a restaurar la adoración de Jehová. La Fiesta de la Dedicación, a veces llamada La Fiesta de las Luces o Hanukkah,[1] fue inaugurada para celebrar la recuperación y la nueva dedicación del templo judío. La fiesta ocurre en el mes de Chislev, correspondiente a parte de nuestros meses de noviembre y diciembre y dura ocho días. Es notoria por las comidas bien preparadas, por los servicios especiales en la sinagoga y por la iluminación excepcional de todos los hogares. Creo que esta es una de las herencias del judaísmo cuando nosotros por la fechas de navidad y en otras ocasiones más paganas iluminamos todo, calles, hogares.
La Fiesta de la Dedicación, ocurrida unos dos meses después de la Fiesta de los Tabernáculos, dio a Cristo otra oportunidad de proclamar abiertamente su condición de Mesías. Jesús visitó el templo para la fiesta de la dedicación durante el último invierno de su ministerio, en el año 32 E.C. El relato dice: “Por entonces se celebraba la fiesta de la dedicación en Jerusalén. Era invierno, y Jesús estaba andando por el templo, en la columnata de Salomón”. (Juan 10:22) Los judíos, altaneros en sus desafíos, estaban ansiosos de que Él declarase claramente que era el Cristo. Jesucristo respondió a sus instancias: Os lo he dicho y no lo creéis, (Juan 10:25). Él le dijo a los judíos que la razón por la cual ellos no aceptaban sus palabras era que ellos no eran sus ovejas. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Juan 10:27.
Cristo entonces terminó su declaración de su calidad de Mesías refiriéndose a su poder de dar a los hombres la vida eterna y anunciando su relación con su Padre. Yo y el Padre uno somos. Juan 10:30.
Como en una ocasión similar (Juan 8:59) la declaración sencilla de Cristo en cuanto a su identificación con Dios, enojó a los judíos. Y tomaron piedras para arrojárselas, pero El respondió: Muchas obras os he mostrado de mi padre ¿Por cual de ellas me apedreáis? Respondieron que no lo apedreaban por las obras buenas sino porque, como dijeron…tu siendo hombre, te haces Dios. (Juan10:33) Claramente los judíos entendieron quién reclamaba ser Cristo.


[1] Con la celebración de la fiesta de la dedicación (heb. januk·káh), aún se conmemora el recobro de la independencia judía al liberarse de la dominación sirohelénica y la nueva dedicación a Jehová del templo de Jerusalén, que había sido profanado por Antíoco IV Epífanes.

jueves, 1 de junio de 2017

Proceso a Cristo (una milésima parte de un todo)



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A medida que el ministerio de Jesucristo progresaba en poder y testimonio, el odio de los escribas y fariseos aumentaba. Que ¿quiénes era los escribas? Pues el escriba ha estado presente en Judea, Galilea, Babilonia y también en la dispersión, es el portavoz del pueblo; es el sabio; es el hombre de sabiduría, el rabí que recibió su ordenación por la imposición de manos. Su habilidad de indagar e investigar es reconocida. Dignificado e importantes, es un aristócrata entre el pueblo común que no tiene conocimiento de la ley. En relación a la fe y a la práctica religiosa, es la autoridad y la última palabra; y como maestro de la ley, como un juez en las cortes eclesiásticas, es el conocedor que tiene que ser respetado, cuyo juicio es infalible. Viaja en compañía de los fariseos, y sin embargo no es necesariamente miembro de este partido religioso. Ocupa un oficio y tiene una posición; su valor está más allá de todo ciudadano común y éste debe honrarlo, pues debe ser alabado por Dios y por los ángeles del cielo. De hecho, tan reverenciadas son sus palabras en relación a la ley y a la práctica que debe ser aceptado aunque sus declaraciones contradigan el sentido común, o aunque exprese que el sol no brilla al medio cuando es hecho es visible a simple vista.
Pues bien, en este punto de la vida de Jesús, este odio había crecido a tal grado que los judíos estaban tramando quitarle la vida. Frustrados en un intento de llevar a Jesucristo a Jerusalén para intentar atrapar al Señor en palabras o en hechos que les diera lugar para quitarle la vida. Cuando estos judíos vieron que algunos de los discípulos de Jesucristo comían sin primero lavarse las manos, acusaron a Cristo de no seguir la ley de Moisés. En su respuesta a la acusación, Él dijo: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” Mateo 15:11. Esta fue una respuesta punzante que ofendió y llenó de ira a estos escribas y fariseos (de estos hablaré otro día) ¿Por qué estas palabras hicieron tal efecto en ellos? 
Sirva de reflexión el hecho de que en efecto todo lo que sale de nuestra boca -según cómo hablamos- contaminamos y mucho, ofendemos y mucho, aniquilamos. Todo esto en un país donde el periodismo se basa justamente en eso, en hablar ofendidendo para tener audiencia. 

Lee y piensa: samaritano o fariseo ¿qué eres?

samaritanos, fariseos...

Los libros sagrados siempre me han interesado en grado extremo y es por ello que mis reflexiones sobre la vida alcanzan también a una de la...