viernes, 14 de julio de 2017

EL PERSONAJE Y SU RESULTADO SE PLANTEA LOS CONCURSOS



Ya es hora de que suceda la rebelión de los personajes hacia la verdadera eternidad, y yo, Morgana, voy a ser su abanderada. Novel, novel, pero ¿qué es eso? Escritor novel, escritor fresco o escritor despreciable; aunque luego te mueras y tus tempranas obras noveles se conviertan en parangón de la literatura universal. En fin, ahora soy novel, aunque lo que sienta en mi interior corresponda a una mentalidad de 80 años. Eso es, soy en cierto modo un poco infantil, como ya se verá, y tengo por otro lado mucho de anciana; solo que tengo la suerte de que no se me nota, ¡a mis cincuenta y pico! Los alumnos de mis aburridas clases nunca aciertan en esto tampoco, digo en lo de la edad; y no es que me importe, en realidad, no me importa, les importa a los del contexto social, que son los que están de continuo con esas mandangas. Ser joven y ser viejo al mismo tiempo, viene a ser lo mismo que ser un resultado. Si lo prefieren, podemos emplear otros sinónimos, ser: efecto, secuela, desenlace, conclusión, producto, consecuencia, fruto... Todo eso, uno es todo eso: el fruto, el resultado de su vida. Con esa responsabilidad carga, y con semejante peso tiene que entendérselas cada día, cada persona en este devenir caótico de horas, días y años que uno tiene que aguantar. Como soy un resultado decido y quiero intervenir en sus elementos. Gracias y sigo.
Me he decidido a llevar mi resultado, y por tanto a mí misma, a un lugar en el que no creo; es decir, llevo mi escrito de personaje, o novela, a un certamen de esos donde eligen al mejor en función de no se sabe qué criterios, aun a sabiendas de que no hay que ganar ni debe hacerse. Pero es que aún nadie ha podido percibir que en verdad pocos son los que inventan, que en su mayoría todos repiten conceptos, ajustándose a patrones de moda. Y que nadie se llame a engaño, que los artistas de hoy redundan conceptos o escandalizan con chapuzas que provienen de una ausencia enorme de formación: el desconocimiento de la realidad, el no tener una buena técnica nos lleva hacia la investigación contemporánea de la arcada moderna (por decir algo). Ese es el nacimiento de gran parte del arte contemporáneo, entendiendo éste, claro está, con algunas honrosas excepciones,  pues en esto es muy fácil apalancarse al carro de una supuesta modernidad cuando se desconoce la tradición básica que nos proporciona el camino de la verdadera investigación. ¿De dónde parte el escritor? ¿Es el desierto su partida? Los artistas, hoy, son los grandes cenutrios de la ignorancia. Por esa razón, declaro mi espacio, Yo, que soy un personaje que ha inspirado a un novelista mediocre que quiere hacer de mí un pelele — y apenas si tiene la mitad de los conocimientos que tengo yo, conseguidos a lo largo de mi vidaun escritorcillo que ni siquiera conoce mi pasado como yo, y mucho menos mi presente, y que, encima, quiere beber de mí, tomarme como influencia, como inspiración, como un arquetipo, quizás con la intención de convertirme en otra cosa, quizás en algo que no soy. ¡Qué pánico! Eso es lo que hacen los seres humanos, convertirse unos a otros en algo que no son. ¡Se acabó! Ahora soy Yo quien de verdad toma las riendas de la Historia y se van a enterar. Soy Morgana Méndez y lo voy a ser para siempre, construyendo mi realidad para que pueda vivir la esencia de mi yo, demostrando a este escritorzuelo de poca monta, quien pretenciosamente pretende inspirarse en mí, que Yo le escribo la novela y que, además, le canto las cuarenta a ese Javier Marías a quien le parece mal que me presente a un concurso. ¡Ja! ¡Y qué quiere que haga su excelencia! Le advierto que he recogido el guante y aquí estoy, dispuesta a enfrentarme a cuantos se pongan en mi camino, para reivindicar lo que será una declaración de derechos del personaje, desde luego, de mi propio mundo.
Recuerdo que en un artículo de los suyos, uno llamado La literatura como jabón y lavado, al señor le parece mal esto de los galardones literarios, pues nada tienen que ver con la literatura, y desde luego estoy de acuerdo. ¿Pero qué podemos hacer los desechos de la literatura que queremos hacernos un hueco en el cementerio del tres más dos? Naturalmente que nunca gana quien lo merece, y que la mayoría de las veces en esto de los concursos los finalistas son más bien merecedores de un castigo que de otra cosa, o que están amañados, pero me gustaría que me dijera el señor Marías: ¿qué hago yo, siendo un personaje con novela en mano, completamente desconocida e invisible para los demás? ¿Le mando a su casa mi novela con un guante para que la lea? Pues a lo mejor eso es lo que tenía que hacer y no presentarme a estos desatinados concursos que en nada estimulan a los verdaderos creadores nada más que a tirarse por un puente o a enemistarse de por vida con toda la caterva de inútiles que pululan por nuestro país. En cuanto a lo de las cifras que se dan en los premios, debería usted alegrarse, hombre de Dios, que ya es hora que empiecen a pagar de verdad a los que escriben, ¡hombre! Aunque sea literatura de tercera y ganen premios y concursos. También se presentaron a concursos Modigliani, Picasso..., muchos artistas lo han hecho con mejor o peor suerte. Los que convocan estos certámenes dicen que es para estimular a los creadores... ¡Habrá que ver!
De cualquier modo, estará usted conmigo en que ya está bien, que los catedráticos vayan a conferencias por cincuenta mil pesetas, o que vayan a congresos por nada, porque te invitan y te pagan el hotel o la cena..., mientras que los del fútbol... El ser filósofo, o filólogo o historiador, en definitiva un escritor serio en nuestros días es morirse de asco, pero si hay entidades que pagan, por qué no entrar en esa rueda, a fin de cuentas el dinero ha llamado a la creación a miles de autores que ahora no le voy a mencionar, porque seguro que usted los conoce mejor que yo, que soy una absurda. En fin, don Javier Marías, le admiro, pero también dice usted cada chorrada de no te menees compadre; bueno, ¿que qué me creo? Ya nos veremos las caras, ahora a todos los escritores conocidos y que son ya académicos les encanta meterse en líos dialectales, para llamar la atención y crear polémica...estar ahí. Como los dioses. ¿Qué me creo? ¿Acaso los personajes no somos dioses, no somos un cosmos a lo largo de la Historia de la literatura, creando vida para vosotros lectores, para vosotros estudiantes o para vosotros eruditos? ¿Por qué no puedo reivindicar esa posibilidad, sí, la de querer un estado aparte?
Y es que es una eterna verdad que cuando un personaje nace o se le transcribe desde su mundo supuestamente ficticio, ya no se quiere ir; por eso mismo nacen los arquetipos, los tipos o las conocidas caracterizaciones de los personajes que no son otra cosa que variantes de una misma personalidad. Algunos incluso han conseguido tener auténticos caracteres, verdaderos tipos, verdaderos mundos que todos llegamos a conocer y que se repiten en los escritos, en novelas y dramas, como verdaderos dioses con sus verdaderos mundos. ¿Quién no reconoce a los donjuanes, a los pícaros, a las adúlteras, por poner leves y primarios ejemplos de esta construcción de mundos y caracteres paralelos a la supuesta realidad en la que vivimos? Si uno es un donjuán, me pregunto: ¿a qué mundo nos referimos al mencionarle así? ¿Al de mi vecino? ¿No pertenece a un supuesto mundo de ficción o literario? Pues no, porque en realidad no se sabe con exactitud cuál es la procedencia, si de la realidad vamos a la ficción o viceversa. Si de la realidad vamos a la ficción, entonces cualquier mundo ficticio existe, y en verdad no conozco a ningún personaje supuestamente literario que no exista en la realidad, pues ésta generalmente supera con creces la invención. (Cuidadito, que no me lío.)

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