miércoles, 27 de septiembre de 2017

El efecto de Morgana (de soledades sin igual)



Resultado de imagen de mujer independienteEn el último episodio habíamos dicho que: No somos nada parecidos en nuestra vida y en cómo la vivimos, porque cada quién tiene la suya y por esa vida tiene que luchar y de esa vida se convertirá en un resultado o efecto. Bueno, no sé, es posible que podamos ser iguales en cuanto al hecho de sentir celos; sí, eso sí, puede que en las emociones la tendencia a la generalización sea enorme como seres humanos, pero nunca iguales a la hora de resolver ese tipo de conflictos, donde a Morgana le daba realmente igual. Morgana había preferido la maternidad en solitario antes que aguantar los ultrajes de un absurdo. Se divorció muy pronto, un divorcio eterno y para siempre de los de «no quiero volver a verte en mi vida, ni mis hijos ni yo queremos nada de ti jamás». Es decir, un adiós de los de verdad, no de los de me das la pasta y yo te manipulo. ¡Que alegrón! ¡Con lo que le cundía a Ella el tiempo y lo poco que ensuciaba la casa! Sería la gran gozada, volver a estar sola, aunque esa soledad tantas veces buscada te propine serios y eternos mordiscos. En fin, los celos eran otra de las grandes mentiras de la humanidad, la huida de uno mismo hacia un mundo abstracto y raro, cuando en realidad puede que estemos bastante más por encima de estas circunstancias; como los niños, ellos sí que manejan bien los abstractos y les va muy bien, mejor que a los adultos. 
 En esto de los celos, lo peor es asumir la mediocridad de los otros, se puede ser desgraciado, perdedor, ¡eso sí! Detrás de un perdedor siempre hay una historia, pero ser mediocre... ¡eso sí que es lamentable! Sobre todo porque llevan de la mano cuestiones como la mentira, el engaño, la falta de lealtad; en suma, el desajuste entre diferentes fuerzas y niveles, humano y espiritual, la no-coincidencia, el porque no, o simplemente el encontronazo de diversos planos éticos que tropiezan, y eso sí que es arduo, peligroso, lo más grave que a uno le puede pasar, porque en ese punto ya no existe el retorno.
"El héroe sale de casa en busca de aventuras" canon literario de tantas y tantas materias novelescas, se había repetido Morgana miles de veces; además hoy era de esos días de mal humor, en que no hay iguales, en que se sentía incomprendida lejos de la realidad del mundo que la rodeaba y sobre todo de los testigos presenciales del mundo que eran las personas que..., en fin. Eso es un trozo de soledad, saber que importas un bledo y que lo que haces importa bledo y medio; ni búsqueda de los iguales ni nada, porque «nadie es igual que tú», y menos cuando se es personaje y protagonista. De ahí la tendencia equivocada de muchos a buscar alter egos a mansalva, y a volverse sectarios, pero reconfortados, en sus quehaceres cotidianos o en sus creencias más profundas. No, la hermandad de almas es otra cosa. (Ahora viene a mi recuerdo un entierro y Carrión y muchos más, así que no estoy tan sola, pero es sólo un entierro o lo que es igual, una representación.)
Morgana, para quien hoy será un día crucial en su vida, había aprendido a amar todo aquello que en principio no amamos, pero que a fuerza de entrenar, de trabajar, terminamos por dominar hasta pasar con gran donosura a esa fase en que no podemos vivir sin ello. La vida es eso, un aprehender y aprender, estudiar y trabajar aquellas cosas que nos cuestan la misma vida, porque, en principio, el esfuerzo para hacerlas o conseguirlas supera muchas veces la razón. De ahí que Morgana se situara en la vida en una posición de élite, ese momento que pertenece a los que se han sobrepasado en su esfuerzo y brillan de autoconformidad; una situación clásica, mítica donde todos parecen opinar: ¡tiene mucha suerte! Pero, en realidad, lo que son no es más que el fruto de un enorme esfuerzo personal, el famoso trabajo propio o "curro personal" como he escuchado alguna vez. ¡Qué palabra más fea: curro! ¿Habrá quien tenga de nombre de pila comme ça?
Patrick también se parecía en esto a Morgana, pero superaba aun estas peculiaridades, era un elegido. Con todo, se reconocerían perfectamente en el momento en que se conocieran: las fuerzas paralelas tienden a la identificación, a la aproximación, dando paso a un confuso hermanamiento verdadero que surgiría con el tiempo. El esfuerzo sin medida es el que nos gratifica en lo inefable, en la búsqueda personal de un camino probablemente inexistente, porque el tal es el que nosotros nos creamos como resultado. En parte era como el amor. El éxito en semejante empresa desde luego que no viene dado por la casualidad; en general, las parejas que normalmente "llegan a algo" lo consiguen por el trabajo y nada más, por curtirse día a día y pensar que al final merece la pena; es como el tesón en el estudio de una carrera que no tiene fin. En esas parejas que todos vemos cuando son mayores y en las que fluye la armonía es por eso, porque un día decidieron amar la biblioteca, el esfuerzo, la paciencia, algo en principio odioso y solitario, pero que, con el tiempo, da sus frutos. Soledad engañosa para algunos.
 En los bares (y a qué viene esto) siempre sentimos que algo o alguien puede cambiar nuestra vida, y en verdad es así, muchos por desgracia cambian su vida por nada, por un soplo superfluo ausente de certeza y muy próximo a la ensoñación. ¡Hay que ir mucho a los bares! Sin embargo, Morgana no había ido nunca, pero una de las pocas veces que lo hizo conoció a Patrick. Un punto (el de los bares digo) donde es difícil mantenerse porque está muy cerca de lo ingenioso, de la fábula. Así que más vale enamorarse de todo aquello que te devuelve algo consistente más que hacerlo de lo superfluo, (esto lo digo yo, Morgana), la diferencia estriba sin duda en el esfuerzo y ese es el que a uno le hace elitista. Recordaré otra vez (a lo mejor lo he repetido en otra vida) que Morgana odia los bares. ¡Menos mal, si no, qué desgracia! Morgana siempre amaba aquello que era o que pudiese ser propiedad de unos pocos; era una elitista del arte y seguramente lo era de la vida también….
(continuará)
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