sábado, 5 de mayo de 2018

La visión de una madre (para todas las madres)


Antonio el del tercero, ha quedado con los amigos para salir pero según he podido constatar ha quedado para irse de verdad a pasarlo bien, es decir “a la española”. Queda claro también que Antonio tiene un horario de vuelta a casa donde probablemente esté esperando su madre con el hacha levantada y con actitud de búfala al contemplar cómo su hijo llegará bastante más tarde de la hora que le han marcado. Parece inherente a la capacidad humana que la juventud está para llevar la contraria, de hecho el que no lo hace termina por hacerlo pero a una edad muy adulta donde serán pocos los que se lo vayan a permitir, o sino, serás un caso clínico que ahora por cierto. está muy de moda. Es evidente que lo que hay que hacer en esos casos es disimular todo lo que se puede para hacer creer a los demás una cosa que en realidad no existe, no existe nada en absoluto y es que las juergas con los amigos son como son y nadie absolutamente nadie debe intervenir en ello. No se trata de llegar a casa midiendo las paredes. Eso ya no se lleva. Salir por ejemplo en Madrid es ir de cabeza a la jauría humana. Pero ¿y tu madre? A ella no la puedes engañar y seguramente estará preocupada por ti porque has decidido llegar unos doscientos minutos mas tarde. ¿qué te parece? Pues una atrocidad. Porqué? Porque tu madre no tiene la culpa y está la mujer toda preocupada pensando que eres un pintas. Estará la pobre sentada en una silla en mitad del pasillo para enterarse mejor de la hora a la que llegas. Antoñito se ha ido con su hermano el mayor,  el que tiene 23 años, Antonio tiene 18. Ya sé que son edades muy a considerar pero eso no tiene nada que ver porque cuando se convive en un mismo lugar los demás se preocupan, se preocupan los unos por los otros. Pablo que es el mayor dijo a su madre que a eso de las 3 de la mañana llegarían, claro son las 6 y todavía nadie ha dado señales de nada. Un horror completo.
Esa pobre mujer está pensando lo peor porque aunque se sea muy positivo tienes horror y pánico de pensar que les ha pasado algo, que les han puesto unas pastillas horribles en la bebida, que alguien se ha atravesado con ellos  y les han dado una paliza, les han quitado el móvil y no pueden llamar. Quizás estén en un hospital pero quieren esperar antes de llamar para que a ella no le de un infarto, o peor en realidad están en la Policía porque después del accidente y de la bronca como les han quitado la documentación pues están sin ella y como no se puede estar sin esa documentación, pues les han metido al trullo. Paranoia. El caso es que yendo bien vestidos...claro, pero si les han zurrado y al ir bebidos nadie se va a fijar en que son hijos de buena madre, y les meterán igualmente en el trullo tratándolos como a delincuentes...Oh Dios mío, piensa esa madre que como tal está temblando y lleva ya el quinto rosario de la noche. Pero ¿por qué saldrán por la noche? ¿Qué manía tienen qué encontrarán a las cinco de la mañana por ahí? ¡Oh! cielos con lo guapos que son...mis niños –piensa ella- qué habrán hecho con ellos, dónde estarán a estas horas? Se les habrá terminado el dinero, en qué lo habrán gastado en alcohol? En pastillas? ¡Oh cielos se drogan!...sí, se drogan se han convertido en drogadictos y no me he dado cuenta. Claro, tengo yo la culpa por irme a trabajar fuera, les he desatendido estos dos últimos años que son claves, yo y solo yo tengo la culpa porque vengo muy cansada y no me da la cabeza para más, ni la cabeza ni el corazón...¡Válgame el cielo! ¿dónde están mis niños? ¿Se habrán muerto? ¿Sabrán defenderse de la gente? Estarán tirados por la calle en cualquier rincón?
Todo eso pensaba su madre, Maruja a quien conozco perfectamente y puedo ratificar que en esos momentos está sufriendo como una condenada, sin merecerlo. Esa pobre mujer que ha consagrado su vida a la crianza de sus dos hijos, abandonada por su marido hace mucho tiempo y que sin embargo ha sabido sacar a sus hijos adelante a base de trabajar limpiando casas y no les ha faltado de nada. Ha removido todo lo que ha podido para conseguir las ayudas necesarias para que sus hijos lleguen a estudiar a la Universidad. Maruja, es una mujer ejemplar que después de llegar agotada a casa después de haber limpiado todo lo que nadie quería hacer, ha estado todas las tardes al lado de sus hijos y pasado las noches en blanco cosiendo para conseguir esos extras tan bien pagados. Una clásica madre española, trabajadora, amante de sus hijos, buena lectora, buena mujer y muy buena cocinera. A estas alturas y con 54 años está derrengada y muy preocupada porque sus hijos no le han avisado y algo pasa. Se está volviendo loca de pensar que algo no va bien. Llegada la situación al paroxismo de la imaginación, esa pobre madre está descaminada por completo y agotada de pensar y darle rienda suelta a la imaginación. En efecto, sus hijos han llegado a las 6 y media de la mañana, han estado primero preparando un examen de medicina Pablo y de economía el Antoñito que está becado en Empresariales y quiere ser el mejor, después han estado jugando al mus en la misma casa de Ricardo, luego han olvidado por completo el paso del tiempo cosa normal a esas edades y cuando han querido reaccionar eran las 6 de la mañana. En realidad podrían haber tomado drogas pero no les interesa, y beber mucho alcohol, pero con una copilla les ha valido. Después han estado preparando una fiesta sorpresa que le van a dar a su madre por sus 55 años, y calculando la isla donde se irán con ella para que descanse, han estado ahorrando y haciendo chapuzas en Telepizza para poder compensar un poco a su vieja, quien ahora está sola y comenzará a tener achaques. Una madre que ha dedicado su vida a sus hijos y ellos han sabido reconocerlo, por eso no se quieren ir de casa, porque están a gusto. Organizarlo todo es lo que más tiempo les ha llevado.  Cuando se ha abierto la puerta, Maruja ya no estaba histérica, estaba llorando y más se puso cuando vio entrar a sus hijos sanos y salvos de la jauría humana que es la noche. 
Este relato lo puedes encontrar en el libro El maletín de Gloria. Casa del libro.




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